1. El frío no existe
Mikel Agirregabiria Agirre
Estos días invernales son propicios para aprender una
enseñanza ética de la física moderna.
Una difundida historia apócrifa cuenta que un profesor
universitario retó a sus alumnos con una espinosa cuestión: “¿Dios creó
todo lo que existe?". Un audaz estudiante respondió: “Sí, todo lo hizo
Dios”. Entonces el profesor arguyó: "Si Dios todo creó, también hizo el
mal, y si nuestras obras son el reflejo de nosotros mismos, entonces Dios
debe ser malvado".
Los alumnos callaron ante
tan contundente respuesta, hasta que otro estudiante levantó tímidamente
su mano y repreguntó al docente, tras pedirle permiso para ello:
“¿Profesor, existe el frío?”. El profesor hubo de reconocer que, según las
leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia de
calor. Volvió a insistir el aprendiz: "¿Y existe la oscuridad?”.
Nuevamente el catedrático confesó: “Por supuesto que tampoco existe, dado
que la oscuridad sólo es ausencia de luz”. Finalmente, el joven concluyó
con una pregunta retórica: “¿Quizá tampoco exista el mal no, sino como
ausencia del bien?”. Cuenta la leyenda que aquel alumno era
Albert Einstein.
Quizá sea valiosa esta anécdota, aunque no sea verídica
y aunque muchos llamen a Dios con distintos nombres. Lo verdadero es que
en la Naturaleza sólo existen magnitudes positivas, que llamamos con
denominaciones como calor, que es energía molecular transferida de un
sistema de mayor temperatura a otro de menor, o luz, que es otra forma de
energía. De la misma forma tampoco en economía existe la pobreza, sino
como ausencia o mal reparto de la riqueza. Lo que existe y se puede sumar
para distribuir es calor, luz o riqueza; no se puede acumular frío,
oscuridad o pobreza.
Los seres humanos estamos plenamente capacitados para
percibir las diferencias de temperatura, de luz, de riqueza o de bondad.
Ojalá aprendamos pronto que sólo podremos disfrutar de los bienes que
pusieron a nuestra disposición, si los compartimos debidamente entre
todos.
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