9. De la experiencia
de Dios en los símbolos
Se duda a veces de que los pueblos indígenas en sus
creencias en Dios sean verdaderamente cristianas; pero, si Cristo se ha
encarnado; Cristo está en nuestras creencias, en nuestra vida, en nuestra
manera de encontrarnos con él, en nuestra manera de vivir con él.
Encontrarnos con las experiencias y vivencias de la
vida de nuestro pueblo, es encontrarse con un pensamiento muy especial que
está inmerso en nuestra cultura. El pensamiento indígena tiene como matiz
especial la unidad, la integración de todos y cada uno de los elementos
que van tejiendo y dando vida al pueblo.
La Gaudium et Spes en el N° 53 nos dice: “Es propio de
la persona humana, el no llegar a un nivel verdadera y plenamente humano
si no es mediante la cultura, es decir, cultivando los bienes y valores
naturales.” Y en el N° 58 afirma: “Dios, al revelarse a su pueblo, habló
según los tipos de cultura propios de su época.”
La Iglesia nos invita a que se cultive el espíritu, de
tal manera que se promueva la capacidad de admiración, de intuición, de
contemplación y de formación de un juicio personal, así como el poder de
cultivar el sentido religioso, moral y social (G.S. N° 59).
Los obispos en Puebla, N° 400, afirman que “La Iglesia,
Pueblo de Dios, cuando anuncia el Evangelio y los pueblos gozan de la fe,
se encarna en ellos y asume sus culturas.” “La Iglesia —continúan en el N°
403—, parte en su evangelización de aquellas semillas esparcidas por
Cristo y de estos valores, fruto de su propia evangelización”. Todo esto
implica que la Iglesia, se esmere en adaptarse al lenguaje antropológico y
a los símbolos de la cultura en que se inserte.
FUTEPIM N° 9 afirma: Cuando Dios se hace hombre, Jesús
se inserta en el Pueblo, en el pueblo judío. Así pues, cada pueblo y
también en la sierra norte de Puebla, viven sus símbolos con gran
responsabilidad y espiritualidad; aunque, en varias ocasiones no sabemos
el significado propio de cada uno de los símbolos, pero sabemos de su
importancia, ya que en los relatos, en los mitos de nuestros mayores
aparecen y están presentes; los indígenas hemos sabido así conservar
nuestra cultura, la sabiduría del pueblo se transmite de generación en
generación.
Nosotros tenemos la sabiduría de nuestros antepasados,
hemos aprendido en la vivencia de la vida comunitaria y en los servicios
al pueblo, la manera de ser personas sabias. Nos preocupa caminar,
peregrinar; es decir, hacer historia. Por eso, son importantes nuestras
creencias, nuestra fe y por eso, seguimos transmitiendo como los antiguos
por la tradición. Sabemos también y está claro, que la familia es la
tierra donde se siembra y crece el árbol que es el pueblo. Los miembros
del pueblo mantienen fuertemente su identidad y por eso son conscientes de
que son ellos, sus miembros, quienes van a dar vida al pueblo.
Tomemos como ejemplo el “rito de la entrega de la vara”
o "bastón de autoridad” según el uso totonaca, donde encontraremos muchos
símbolos que le darán sentido a este servicio y así, vida al pueblo: “La
continua comunión con Dios como Padre y Madre, la expresamos a través de
símbolos, de tal manera que en todo lo que realizamos encontramos la
presencia de Aquel por quien vivimos.” Por los varios símbolos que
encontramos, nos da un sentido más completo de esta costumbre: la “vara”
ya en sí, simboliza la “autoridad”, el servicio, el cargo, el respeto.
Son tres las varas y tres las personas que reciben este
símbolo, porque el tres simboliza el servicio ante Dios y con el pueblo.
De estas tres personas, una es el mayor (Puxku), el que está en medio; en
el lado derecho se pone al juez y en el izquierdo, al teniente. Y hay
otros dos que hacen uno de secretario y otro de tesorero, siendo así cinco
las personas que se ponen al frente de este compromiso.
Los tres que reciben la vara, tienen una cruz, porque
la cruz simboliza la totalidad, por lo tanto, su servicio debe ser
totalmente para Dios y totalmente para el pueblo.
La vara que reciben se adorna con flores y listones de
colores, regularmente son cuatro ó cinco los colores que sobresalen.
Las flores son también para dignificar a las personas
que reciben este compromiso, que se les debe de tener respeto y se les
debe obedecer, además de que su palabra debe ser siempre verdadera.
Los colores: el rojo representa la vida de Dios; el
verde, la vida de la naturaleza; el blanco, la muerte de la humanidad; el
amarillo, la vida femenina; el azul, la vida masculina.
Todo este simbolismo clarifica la plenitud que se
pretende en este servicio que se da al pueblo, por eso, al entregar la
vara se dicen estas palabras, entre quienes somos totonacas:
“Recibe esta vara, signo de compromiso y del trabajo
que vas a realizar, ojalá siempre lo hagas bien, no faltes. Y lo primero
que debes pensar es que es para servirle a Dios y al pueblo, que este modo
de trabajar por el pueblo no se pierda, para que los del futuro también
aprendan este estilo de vida y continúen esta costumbre del servicio.
“Que tú como Puxku (Mayor) sepas unir a tus compañeros,
que se integren en el trabajo, que todos se ayuden bien, que hagan las
cosas con gusto, con alegría, que no se cansen, que entre ellos se
respeten y se obedezcan.”
El que recibe dice: “Yo la recibo, también como señal
de compromiso que me dejas. Que primeramente Dios y la Virgen, yo también
pueda cumplir y llevar a cabo todo este trabajo que contiene para bien del
pueblo y que en verdad yo sé que es difícil, pero vamos a luchar por
unirnos, para apoyamos y así realizar bien este servicio que ahora nos
pide Dios” (EAPI 1995).
¡Cuánta sabiduría encierran estos símbolos! Cuando se
realiza el rito no se explica cada color o la cruz, sino que se dicen las
palabras y en ellas se expresa esta fuerza simbólica de los elementos y en
ellos se descubre la presencia de Dios actuante, no sólo está presente
sino que está actuando.
El problema que tenemos cuando vemos los símbolos es
que quisiéramos tener toda la explicación, esto no aparece en los símbolos
porque son expresión de una cultura, entonces hay que ir a la cultura y
descubrir el cómo está actuando Dios a través de ellos, porque ahí está el
sentido de la vida del pueblo.
Se duda a veces de que los pueblos indígenas en sus
creencias de Dios sean verdaderamente cristianas; pero, si Cristo se ha
encarnado; Cristo está en nuestras creencias, en nuestra vida, en nuestra
manera de encontrarnos con él, en nuestra manera de hablar con él, en
nuestra manera de vivir con él.
Reafirmamos que lo que hacían los abuelos se encuentra
plenamente en Jesús, pues les daban importancia a los cerros, a los
lugares sagrados para hablar con el Padre, con el Dios de la vida; también
en la cueva, la naturaleza de manera integral forma parte de la vida del
pueblo. Así, aparece el Dios cercano, protector, no encasillado ni cerrado
o apartado de la vida.
La base de la vida es lo masculino y lo femenino, el
encuentro de la vida y la muerte, el hombre y la mujer. En el mundo
indígena, lo femenino y lo masculino se encuentran íntimamente
relacionados, de ahí las expresiones “el Señor del cielo y la Señora del
cielo”. Así, vivido este misterio Ometeotl Dios-Diosa, la divinidad
masculina y femenina. De ahí las expresiones en nuestros ritos de dos
elementos siempre: dos velas, dos jícaras que simbolizan a ambos.
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