Imprimir

10. El hombre como proyecto

Pbro. Rogelio Montenegro Quiroz / www.koinonia.com.mx

Cuando te propones algo en el terreno de tus metas profesionales, piensas en los medios y en los tiempos, en tus cualidades e inclinaciones, en los apoyos familiares y externos y de vez en cuando, revisas tus logros parciales para seguir impulsándote; en otras palabras, hay una estrategia que se desdobla en tácticas cotidianas...

Las calendas eran el primer día del mes en el mundo latino antiguo y las contabilidades giraban en torno a esta denominación. Los calendarios son programaciones del tiempo y de la vida y se asientan sobre la esencialidad proyectable y única del hombre. Estos reflejan sus núcleos de interés, profesión laboral y sus propios sueños. La familia, las empresas, los congresos, se planean y se escriben las fechas en las respectivas agendas donde, por la fuerza de la misma noción verbal, se anotan los bosquejos que se deben ejecutar, agere, agendum.

Los inicios del año civil son propicios para esta memoranda que marcan el camino y los propósitos. Por los volúmenes de compromisos y sus proporcionalidades descubrimos las verdades de nuestras búsquedas y de nuestras realizaciones. La agenda es la pizarra del alma, por ella quedan al descubierto nuestros corazones. Sin embargo, hay muchas actividades no registrables, quedan márgenes muy amplios a la inventiva diaria, porque la libertad exige aperturas y rompimientos que suponen amplias flexibilidades de los timones directivos.

Cuando pensamos en la familia y en la empresa concertamos calendas que obligan a todos los componentes a reunirse para imaginar el éxito general de los grupos sociales. Pero hay una empresa cuya importancia trasciende toda la telaraña grupal de nuestros compromisos, es la empresa embrionaria y vital de la que nace y se ramifican las otras, desde la cual encuentran sentido y nutrimento espiritual y de cuyo vigor e higiene dependen las brújulas y los soportes que las acompañan. Me refiero a tu persona, fuente de toda posibilidad, silencio dialogante y convulsivo de tus cálculos, espejo diario de tus preocupaciones. Pienso en ti como continuo proyecto según el aforismo existencialista.

Llamo la atención a tu yo más profundo, al que nació a la conciencia en los albores neutrales de la infancia, al que ha ido desarrollando una visión cada día más amplia, al que encontró principios y presupuestos como advertencias para el recorrido, al que ha ido desmontando los pergaminos para ilustrarse en conjunción diaria de la experiencia vivida. Me dirijo a ti que quieres vivir intensamente, saboreando cada sílaba de tu existencia, para recordarte que es tiempo de agendar los trayectos de tu propio crecimiento, reconformar la bitácora de tus días, replanear para corto y largo plazo tus acciones, silencios y tus fantasías más profundas.

Para trazar el futuro hay que partir de la verdad desnuda, de los resultados que arrojen los análisis sinceros, las líneas grandes de tus ingenierías espirituales, de tus logros hasta ahora alcanzados. Cuando te propones algo en el terreno de tus metas profesionales, piensas en los medios y en los tiempos, en tus cualidades e inclinaciones, en los apoyos familiares y externos y de vez en cuando, revisas tus logros parciales para seguir impulsándote; en otras palabras, hay una estrategia que se desdobla en tácticas cotidianas.

Cuando planeamos para abultar los montos de la empresa personal, para alcanzar reafirmaciones en las gradualidades del ser, es decir, para obtener metas continuas en los terrenos del espíritu, debemos también examinar puntos de partida y las logísticas adecuadas para conquistar la cumbre.

Los cristianos partimos de un gran silencio, como ámbito generador de reflexiones; partimos del análisis de los Textos Sagrados porque creemos que en la palabra bíblica se expresa la voluntad divina que describe sus esencias y las nuestras y nos muestra palpablemente el camino. El éxito es la felicidad como exaltación gozosa de las armonías conjuncionales entre creador y criatura. Intensificar y ensanchar las relaciones con Dios y con el prójimo, son las metas de la existencia humana, por lo tanto, remover los obstáculos que dificultan la fluidez continua de la verdad relacional es la tarea de toda la vida, es el propósito medular que sustenta todas las aspiraciones.

Esos silencios contextuales y gestantes, los cristianos los buscamos milenariamente en las arenas del desierto, en las cumbres frondosas de las montañas o en los programas sencillos de unos ejercicios espirituales que nos alejan del mundanal ruido y facilitan la contemplación y la plegaria.

Es tiempo de recordarte también que las virtudes son actitudes frente a la vida que crecen, se intensifican y se convierten en el gozo de existir, en vertientes epifánicas de tus convencimientos y adhesiones, que los hábitos son la suma mecánica de los actos y que éstos se generan en las explosiones afectivas de tus núcleos.

Hay a veces desencantos, abulias; es entonces cuando se necesita reciedumbre, la determinación y fortaleza de ánimo sin los cuales ningún ideal, ningún propósito, pueden sustentarse. Hay muchos soñadores que se proponen alcanzar las cimas pero no calculan los metros de la altura o los posibles resbalones, se rinden sin agotar posibilidades, claudican sin esmero o no están dispuestos a arrostrarlo todo; la penalidad y el sufrimiento no los viven como retos indispensables del esfuerzo.

Compran agendas de cantos dorados, escriben mil deseos cada año, pero les pesan mucho las vestiduras de los héroes, se borran las ilusiones, se fracturan los anhelos y fácilmente caen frente a las barreras cotidianas que, primero la mente califica de imposibles, y después la débil voluntad las abandona.

Amar y orar, dos actitudes inseparables del hombre proyecto, del que vino a este mundo a disfrutar todas las dimensiones de la vida, a no ahogarse en la inconsciencia de los calendarios, a trascender las exigencias de la Biología y a crecer en los bastos mundos del espíritu.

Amar es orar y orar es amar; ambas acciones encarnadas en las paralelas de la cotidianidad, pero perdiéndose en los azules horizontes del infinito. Amar es un proceso íntimo y profundo que necesita pedagogos que hablen con la experiencia y el testimonio, gente que te lleve de la mano en tus primeros años y después sepa soltar las riendas a tu propia reflexión para que aprendas a valorar tus múltiples tareas.

Amar es proyectarse afectivamente hacia los otros; es una fuerza invisible que conjura toda egolatría y va disponiéndote internamente al servicio. No es fácil, siendo Dios la fuente del amor, tu plegaria tendría que ser constante. El Todopoderoso te va a empujar en la medida de la humildad de tu súplica y de la veracidad e intensidad de la misma.

¡Ánimo! El hombre es un continuo proyecto, dinámica absoluta, inmerso sólo en la estabilidad del cambio.

 
 

Inicio ] [ Atrás ]