10. El hombre como
proyecto
Cuando te propones algo en el terreno de tus metas
profesionales, piensas en los medios y en los tiempos, en tus cualidades e
inclinaciones, en los apoyos familiares y externos y de vez en cuando,
revisas tus logros parciales para seguir impulsándote; en otras palabras,
hay una estrategia que se desdobla en tácticas cotidianas...
Las calendas eran el primer día del mes en el mundo
latino antiguo y las contabilidades giraban en torno a esta denominación.
Los calendarios son programaciones del tiempo y de la vida y se asientan
sobre la esencialidad proyectable y única del hombre. Estos reflejan sus
núcleos de interés, profesión laboral y sus propios sueños. La familia,
las empresas, los congresos, se planean y se escriben las fechas en las
respectivas agendas donde, por la fuerza de la misma noción verbal, se
anotan los bosquejos que se deben ejecutar, agere, agendum.
Los inicios del año civil son propicios para esta
memoranda que marcan el camino y los propósitos. Por los volúmenes de
compromisos y sus proporcionalidades descubrimos las verdades de nuestras
búsquedas y de nuestras realizaciones. La agenda es la pizarra del alma,
por ella quedan al descubierto nuestros corazones. Sin embargo, hay muchas
actividades no registrables, quedan márgenes muy amplios a la inventiva
diaria, porque la libertad exige aperturas y rompimientos que suponen
amplias flexibilidades de los timones directivos.
Cuando pensamos en la familia y en la empresa
concertamos calendas que obligan a todos los componentes a reunirse para
imaginar el éxito general de los grupos sociales. Pero hay una empresa
cuya importancia trasciende toda la telaraña grupal de nuestros
compromisos, es la empresa embrionaria y vital de la que nace y se
ramifican las otras, desde la cual encuentran sentido y nutrimento
espiritual y de cuyo vigor e higiene dependen las brújulas y los soportes
que las acompañan. Me refiero a tu persona, fuente de toda posibilidad,
silencio dialogante y convulsivo de tus cálculos, espejo diario de tus
preocupaciones. Pienso en ti como continuo proyecto según el aforismo
existencialista.
Llamo la atención a tu yo más profundo, al que nació a
la conciencia en los albores neutrales de la infancia, al que ha ido
desarrollando una visión cada día más amplia, al que encontró principios y
presupuestos como advertencias para el recorrido, al que ha ido
desmontando los pergaminos para ilustrarse en conjunción diaria de la
experiencia vivida. Me dirijo a ti que quieres vivir intensamente,
saboreando cada sílaba de tu existencia, para recordarte que es tiempo de
agendar los trayectos de tu propio crecimiento, reconformar la bitácora de
tus días, replanear para corto y largo plazo tus acciones, silencios y tus
fantasías más profundas.
Para trazar el futuro hay que partir de la verdad
desnuda, de los resultados que arrojen los análisis sinceros, las líneas
grandes de tus ingenierías espirituales, de tus logros hasta ahora
alcanzados. Cuando te propones algo en el terreno de tus metas
profesionales, piensas en los medios y en los tiempos, en tus cualidades e
inclinaciones, en los apoyos familiares y externos y de vez en cuando,
revisas tus logros parciales para seguir impulsándote; en otras palabras,
hay una estrategia que se desdobla en tácticas cotidianas.
Cuando planeamos para abultar los montos de la empresa
personal, para alcanzar reafirmaciones en las gradualidades del ser, es
decir, para obtener metas continuas en los terrenos del espíritu, debemos
también examinar puntos de partida y las logísticas adecuadas para
conquistar la cumbre.
Los cristianos partimos de un gran silencio, como
ámbito generador de reflexiones; partimos del análisis de los Textos
Sagrados porque creemos que en la palabra bíblica se expresa la voluntad
divina que describe sus esencias y las nuestras y nos muestra
palpablemente el camino. El éxito es la felicidad como exaltación gozosa
de las armonías conjuncionales entre creador y criatura. Intensificar y
ensanchar las relaciones con Dios y con el prójimo, son las metas de la
existencia humana, por lo tanto, remover los obstáculos que dificultan la
fluidez continua de la verdad relacional es la tarea de toda la vida, es
el propósito medular que sustenta todas las aspiraciones.
Esos silencios contextuales y gestantes, los cristianos
los buscamos milenariamente en las arenas del desierto, en las cumbres
frondosas de las montañas o en los programas sencillos de unos ejercicios
espirituales que nos alejan del mundanal ruido y facilitan la
contemplación y la plegaria.
Es tiempo de recordarte también que las virtudes son
actitudes frente a la vida que crecen, se intensifican y se convierten en
el gozo de existir, en vertientes epifánicas de tus convencimientos y
adhesiones, que los hábitos son la suma mecánica de los actos y que éstos
se generan en las explosiones afectivas de tus núcleos.
Hay a veces desencantos, abulias; es entonces cuando se
necesita reciedumbre, la determinación y fortaleza de ánimo sin los cuales
ningún ideal, ningún propósito, pueden sustentarse. Hay muchos soñadores
que se proponen alcanzar las cimas pero no calculan los metros de la
altura o los posibles resbalones, se rinden sin agotar posibilidades,
claudican sin esmero o no están dispuestos a arrostrarlo todo; la
penalidad y el sufrimiento no los viven como retos indispensables del
esfuerzo.
Compran agendas de cantos dorados, escriben mil deseos
cada año, pero les pesan mucho las vestiduras de los héroes, se borran las
ilusiones, se fracturan los anhelos y fácilmente caen frente a las
barreras cotidianas que, primero la mente califica de imposibles, y
después la débil voluntad las abandona.
Amar y orar, dos actitudes inseparables del hombre
proyecto, del que vino a este mundo a disfrutar todas las dimensiones de
la vida, a no ahogarse en la inconsciencia de los calendarios, a
trascender las exigencias de la Biología y a crecer en los bastos mundos
del espíritu.
Amar es orar y orar es amar; ambas acciones encarnadas
en las paralelas de la cotidianidad, pero perdiéndose en los azules
horizontes del infinito. Amar es un proceso íntimo y profundo que necesita
pedagogos que hablen con la experiencia y el testimonio, gente que te
lleve de la mano en tus primeros años y después sepa soltar las riendas a
tu propia reflexión para que aprendas a valorar tus múltiples tareas.
Amar es proyectarse afectivamente hacia los otros; es
una fuerza invisible que conjura toda egolatría y va disponiéndote
internamente al servicio. No es fácil, siendo Dios la fuente del amor, tu
plegaria tendría que ser constante. El Todopoderoso te va a empujar en la
medida de la humildad de tu súplica y de la veracidad e intensidad de la
misma.
¡Ánimo! El hombre es un continuo proyecto, dinámica
absoluta, inmerso sólo en la estabilidad del cambio.
|