1. Especie
enamoradiza
Mikel Agirregabiria Agirre
El género humano, que es un poco poeta, tiende a
enamorarse todos los días del año. Polvo seremos, mas polvo enamorado.
Nos hallamos en una sociedad y en un tiempo
que dan facilidades crecientes para hacer el amor, pero no para vivir
enamorarnos. Pudiera parecer que sólo en la época de Goethe cupo aquello
de “¡Espectáculo digno de los dioses, la vista de dos enamorados!”,
o que apenas Schiller pudo apreciar que “En la más angosta
cabaña hay espacio para una pareja feliz y enamorada”.
Ahora el
enamoramiento es asunto de “El Corte Inglés”, pero no perdamos la
esperanza. Hay algo genético en el alma humana que busca el amor en toda
edad y lugar. Santiago Ramón y Cajal se pronunció sobre la festividad de
San Valentín, señalando que “Aún en el día del amor,
representamos meras delegaciones de la especie, que es, en fin de cuentas,
la gran enamorada”. El científico
navarro también recomendaba que “El arte de vivir mucho es
resignarse a vivir poco a poco”, pero
jamás renunciemos a la capacidad de enamorarnos.
Dicen que nadie sabe
qué es una mujer, si no ha visto una mujer enamorada. Eso reza para
cualquier persona, hombre o mujer. Oigamos la sabiduría de los proverbios
populares: Nunca desesperes, mientras puedas enamorarte, porque sólo
pueden ser dichosas las almas enamoradas. Recordemos que al enamorarnos
renacemos otra vez.
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