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9. Contra el patrimonio de la Iglesia

Pedro L. Iglesias Martínez

No se puede pretender acabar con la Iglesia por dejar que se arruine, que se caiga piedra a piedra lo que es patrimonio de todos los españoles.

Sr. Zapatero y compañía: pueden Vds. intentar coartar la libertad de muchos españoles católicos, pueden pretender reducir el hecho religioso a la mera privacidad, pueden hacer oídos sordos al clamor de tres millones de firmas que exigen el derecho a educar a nuestros hijos en la religión que nos de la gana, pueden intentar imponer su ideario masónico... todo esto pueden hacerlo, claro que sí, pero hay algo que no pueden hacer, y es el pretender acabar con la Iglesia por dejar que se arruine, que se caiga piedra a piedra lo que es patrimonio de todos los españoles.

El Grupo Parlamentario Socialista presentó el pasado 9 de febrero una proposición no de ley que excluye los bienes pertenecientes a la Iglesia Católica, y a otras instituciones no públicas, de los fondos del uno por ciento cultural. El texto se incluyó en el orden del día de la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados. No obstante, temiendo un escándalo, y dada la existencia de la campaña del referéndum sobre el Tratado Europeo, la iniciativa quedó aplazada.

Parece ser que algún “prócer” del Partido Socialista Español (partido gobernante en España), hace días, mientras se afeitaba o se rizaba la pestaña, tuvo la idea de excluir los bienes de la Iglesia de los fondos de restauración provenientes del denominado «uno por ciento cultural», una de las mayores partidas presupuestarias de que dispone el Ministerio de Cultura para financiar los trabajos de conservación del patrimonio español. En el caso de que el Gobierno siga las indicaciones de esa mente preclara, “fulminará” todos los programas de restauración de catedrales, monasterios e iglesias del románico, incluso de edificios declarados como Patrimonio de la Humanidad y principales referentes culturales tanto el plano religioso como turístico.

Tanto si es una determinación ya tomada por el Sr. Zapatero y sus “adláteres” como solo si se trata de “marear la perdiz” en vanas polémicas de desgaste, la noticia viene a engrosar la lista de “actuaciones talentosas” contra todo lo que huela a “católico”. Yo me pregunto si el Sr. Zapatero y Cia.... ¿han tenido en cuenta que a muchos ciudadanos, “pasotas” en temas religiosos, les gusta su terruño, con las espadañas de sus ermitas, o los claustros de sus monasterios? ¿Cuánto odio es necesario anidar contra la Iglesia católica para dejar desaparecer por ruina edificios históricos que en algunos casos son patrimonio de la humanidad? ¿Dónde se van a hacer la foto oficial los ministros de turno en el próximo jubileo compostelano? ¿a la sombra del faro de Finisterre? Quizás dentro de poco no podamos preguntar por quién doblan las campanas, porque se nos habrán caído... pero siempre nos preguntaremos hasta qué cotas puede alcanzar la estulticia progresista (o lo que es lo mismo la necedad de este Gobierno) en su afán de agredir a la Iglesia.

Sr. Zapatero y compañía, pueden Vds. intentar coartar la libertad de muchos españoles católicos, pueden pretender reducir el hecho religioso a la mera privacidad, pueden hacer oídos sordos al clamor de tres millones de firmas que exigen el derecho a educar a nuestros hijos en la religión que nos de la gana, pueden intentar imponer su ideario masónico... todo esto pueden hacerlo, claro que sí, pero hay algo que no pueden hacer, y es el pretender acabar con la Iglesia por dejar que se arruine, que se caiga piedra a piedra lo que es patrimonio de todos los españoles.

El patrimonio de la Iglesia está formado de otro “material” al que Vds. desde su soberbia no tienen acceso. Está formado por “piedras vivas”, hombres y mujeres humildes animados con la fe en Jesucristo —Aquel a quien la Iglesia predica—, que quizás en alguna ocasión les votaron y que en otras venideras, de seguir así, posiblemente les “botarán”.

Ya ha ocurrido anteriormente. Sr. Zapatero, sigan Vds. tocando piedras y otras cosas...

Pueblo que no recuerda su historia, está condenado a repetirla.

 
 

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