7. Mar afuera
Luferni
En “Mar adentro” todo desemboca en el sorbo suicida,
en un mar afuera que excluye la trascendencia, cancela la esperanza y
presenta la huída como dignidad.
Cinematográficamente es valiosa.
La película tiene magnifico sonido, acercamientos de
cámara que captan las mínimas expresiones gesticulares de los actores. El
ambiente cultural y lingüístico de Galicia es captado en forma genial. La
naturalidad de la actuación produce personajes bien cuajados, con diálogos
de gran espontaneidad. La música se entreteje hábilmente poniendo en las
escenas acentos emocionales muy acertados.
El crimen de matarse se presenta como una hazaña
espectacular, como glorificación del libertinaje que quiere ser libertad.
El protagonista pide ser respetado y no juzgado, sólo ayudado. Todo
desemboca en el sorbo suicida, en un mar afuera que excluye la
trascendencia, cancela la esperanza y presenta la huída como dignidad.
Se pinta de amor una adhesión a la persona, en un
conformismo amoral que se queda con las emociones, marginando los valores
y degenerando en complicidad complaciente.
No se ve el infierno de vida del que se habla. Es sólo
una tozudez enfermiza que busca el escape y resulta explicable al tacharse
la fe. En el diálogo —que termina en monólogo— desde la silla de ruedas
hasta la cama de enfermo, a través de los peldaños de la escalera, se
filma una aparente justificación cuando el de abajo dice “una libertad no
es libertad cuando atenta contra la vida” y el de arriba responde:
“tampoco una vida que suprime la libertad es vida”.
Pero no hay vida que suprima la libertad interior con
la cual se respeta la misma vida como intocable y sagrada. Es cierto que
hay éticas insuficientes que no pueden darle sentido al dolor porque nada
se espera después de la muerte. El sufrimiento se ve como absurdo y sólo
se piensa en suprimirlo como un mal total.
“Mar adentro”, resulta mar afuera porque es una
película que no entra en el verdadero misterio de la vida humana, en el
océano de la inmortalidad y se queda en la playa en la que se filma una
derrota elegida y aceptada como irremediable fatalidad.
Merecería el nombre de “Mar adentro” una filmación que
no presentara como indigno el respeto a la propia vida, venciendo la
tentación de matar. Que no presentara como amor lo que facilita un crimen
de lesa humanidad. ¿Vendrá después otra que ponga “amorosa y
respetuosamente” el puñal en la mano del asesino que busca venganza?...
|