8. El dios dinero
Miguel Rivilla San Martín
La generalidad de los humanos centran sus ocupaciones
y preocupaciones alrededor del dinero. El vil metal, o “el estiércol del
diablo”, en frase de Papini, se ha erigido en un dios, casi omnipotente,
que esclaviza y tiraniza a medio mundo y solivianta al otro medio.
La generalidad de los humanos centran sus ocupaciones y
preocupaciones alrededor del dinero. El vil metal, o “el estiércol del
diablo”, en frase de Papini, se ha erigido en un dios, casi omnipotente,
que esclaviza y tiraniza a medio mundo y solivianta al otro medio. Donde
reina como valor absoluto, los demás valores se difuminan y desaparecen.
Millones de seres humanos cifran sus deseos e ilusiones
en el tener y acumular dinero. Piensan que en él encontrarán la única
felicidad posible y por él alcanzar cuanto les brinda la sociedad
consumista en que viven.
No venden su alma al diablo —ya muchos no creen en su
existencia— sino al dios dinero. Incontables son los que han hecho el fin
de sus vidas el dinero. Luchan, se agitan, se corrompen y matan por
conseguir más y más dinero, que les posibilite la realización de todos sus
sueños. Para estos tales, la única verdad que existe —no creen en nada ni
en nadie— es el dinero. Esta fiebre posesiva de dinero afecta por igual,
sin excepción, a los hombres y mujeres de todas las clases sociales,
razas, culturas, edades y condición, en todos los lugares del mundo. Pocos
son, en verdad, los humanos que escapan a su influjo y fascinación. Hasta
el mismo Salvador de los hombres, sufrió el acoso de la tentación
crematística, saliendo vencedor en la lid. Sus palabras de vida eterna,
siguen resonando todavía a lo largo y ancho de los siglos: “No podéis
servir a Dios y al dinero”.
Ante este panorama, un tanto desolador pero real ¿quién
puede decir con verdad que no ha sucumbido alguna vez al poder del dinero?
Se comprende la verdad del Libro Sagrado cuando dice: “Feliz el hombre que
no puso su confianza en el dinero, sino que su Dios es el Dios de Israel“.
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