El Trabajo Silencioso de los Misioneros del Napo
Antonio Modernell Mateu
En esta misión se destacan especialmente 9 hombres que realizan su
tarea de llevar el mensaje de Cristo, en las riberas de los ríos
amazónicos Napo y Aguarico. Su vida es el río y sus gentes.
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- En la Amazonía ecuatoriana:
- El Trabajo Silencioso de los Misioneros del Napo
- QUITO, mayo 12 de 2002.- En 1954 nació la misión capuchina que se
dedica a evangelizar en el Vicariato Apostólico de Aguarico, en la
provincia del Napo, en la selva ecuatoriana.
- En esta misión se destacan especialmente 9 hombres que realizan su
tarea de llevar el mensaje de Cristo, en las riberas de los ríos
amazónicos Napo y Aguarico. Su vida es el río y sus gentes. Sus
batallas diarias tienen que ver con la salud, la educación, la
cultura y la organización del los habitantes de esos apartados
rincones.
- El P. Antonio González es hoy el misionero más antiguo del
Vicariato. Cuando terminó sus estudios y llegó al Ecuador estuvo
primero en la diócesis de Ibarra. En vacaciones se enrumbaba hacia la
selva hasta que llegó el día que lo destinaron al Napo: 10 de agosto
de 1966. Al poco tiempo los indígenas lo bautizaron como “cachishupai”
(espíritu de sal o ángel simpático).
- Lo primero que hizo al llegar a este lugar de la Amazonía fue
levantar un hospital. En principio eso fue un pequeño botiquín y un
cuarto oscuro.
- También se dedicó a la escritura y edición de trabajos de
investigación, crónicas y relatos de la Amazonía; su actividad de
misionero lo ha llevado a hacer las más variadas labores: párroco,
ingeniero, constructor, escritor, editor, motorista, traductor, buen
cocinero, ciclista, agricultor, mecánico, jardinero...
- “Hay momentos en los cuales uno se siente más solo que Cristo en
la Cruz, pero yo no me he sentido tan solo, han estado mis
compañeros, los vecinos, la gente del río”, nos confidencia el
padre Ángel.
- Ha pasado por peligros como cuando se hundió el deslizador en el
que iba junto a otro misionero. Su compañero se sujetó a una rama de
plátano y el P. Ángel fue arrastrado por las aguas. Ambos pasaron
hora y media al garete hasta que los rescataron.
- Recuerda un fuerte temblor, un abrazo cálido entre el par de
náufragos y luego una inmensa alegría: habían renacido.
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