Tres apuestas por la familia
José Ignacio Munilla Aguirre
En el fondo, estas tres medidas de protección familiar que proponemos
parten de unos principios antropológicos, psicológicos y éticos
fundamentalmente realistas. No basta con invocar el principio de la
libertad: ésta tiene que ser preservada para poder luego ser ejercida.
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- ¡Quién lo hubiese dicho hace tan solo 10 años! En el momento
presente los partidos políticos rivalizan en sus propuestas de
promoción de política familiar. Es verdad que como en España
partimos de un nivel ínfimo en este terreno, estamos muy lejos de
equipararnos a la media europea. Pero, por lo menos, podemos
consolarnos pensando en que hemos empezado a caminar en la dirección
correcta.
- ¿Oportunismo político o interés verdadero? No será difícil
discernirlo: el oportunista está dispuesto a plantear medidas de
promoción y apoyo a la familia, pero sin generar ningún conflicto
para ello. Sin embargo, quien verdaderamente valora la familia, no
sólo se limitará a fomentar la política familiar "en
positivo", sino que estará dispuesto a oponerse a todo aquello
que resulte contrario a su "salud".
- Recientemente hemos vivido un episodio esperanzador. Lo sucedido con
la llamada "ley del botellón" debería hacernos reflexionar
a todos, y de forma especial a la clase política. ¡Las medidas
restrictivas pueden llegar a ser populares! ¡La defensa de lo valores
éticos no está reñida con la necesidad de captar votantes!
Partiendo del éxito de esta ley restrictiva del consumo de alcohol en
la calle, creo que ha llegado la hora de que sacudamos complejos y nos
atrevamos a pedir en público lo que mayoritariamente entendemos es de
sentido común. Proponemos en este artículo tres medidas
restrictivas, que no son sino una triple apuesta por la familia:
- Restricciones a los "906": A estas alturas, todos
conocemos hogares en los que se ha vivido la sorpresa de recibir una
desorbitada factura telefónica fruto de llamadas a líneas 906. No es
justo que la familia tenga que padecer ese drama. Los padres tienen
derecho a disponer de instrumentos técnicos que les permitan
controlar lo que luego ellos van a tener que pagar. Lo lógico sería
que el titular de la línea telefónica que desee utilizar los
"906", tuviese que darse de alta para poder acceder a estos
servicios.
- Pornografía en televisiones locales: En los últimos años han
proliferado los canales televisivos de ámbito local. Su objetivo de
partida era abrirse su propio campo; bien fuese haciéndose eco de la
vida municipal, llevando al vecindario como protagonista de la
pequeña pantalla, etc... Pero, por desgracia, el tiempo ha terminado
por demostrar que es muy difícil competir con las cadenas de ámbito
nacional o autonómico. Y claro, a falta de criterios éticos, era muy
tentador recurrir a cualquier medio para conseguir televidentes. La
consecuencia ha sido que muchos canales locales han incluido
programación pornográfica; cuando resulta que ningún canal nacional
se ha atrevido a ofrecer esos contenidos en sus emisiones "en
abierto".
- Se deberían prohibir dichas emisiones, por razones múltiples.
Bastaría invocar el derecho de la familia a que ese tipo de
contenidos estén más distantes de sus hijos que lo que implica un
simple zaping.
- Filtros de internet: La familia que en estos momentos decide
proteger técnicamente la conexión a internet desde su hogar, de
forma que no se pueda acceder desde ella a páginas de contenido
pornográfico, xenófobo, violento, u otros contenidos negativos, ha
de contratar e instalar lo que se conoce como un "filtro
informático". ¿Y, no sería más lógico lo contrario; es
decir, que quien quisiese acceder a esos contenidos, hubiese de
solicitar expresamente a su servidor la desconexión del filtro? La
propuesta es muy concreta: los servidores de internet habrían de
utilizar por defecto un filtro de páginas negativas, que funcionase
siempre que el usuario no haya solicitado su desconexión.
- En el fondo, estas tres medidas de protección familiar que
proponemos parten de unos principios antropológicos, psicológicos y
éticos fundamentalmente realistas. Bajo el espejismo de un modelo
social del bienestar, estamos siendo testigos de una gran
proliferación de comportamientos de carácter obsesivo y en gran
parte adictivo, aumentando la ansiedad y el desequilibrio personal y
social. No basta con invocar el principio de la libertad: ésta tiene
que ser preservada para poder luego ser ejercida.
- Volviendo al paradigma de "la ley del botellón"; es
cierto que por el hecho de que hayamos erradicado el consumo de
alcohol en la calle, no por ello hemos eliminado el problema. Pero,
cuando menos, estamos orientado el problema adecuadamente: no es lo
mismo tolerar que exhibir y promocionar. No es lógico que el que
quiera preservar a su familia de unos contenidos negativos tenga que
ser el que objete al sistema general; en vez de pedirle la iniciativa
a quien desee el acceso a esos contenidos. Lo que no puede ser es que
hagamos de la excepción la regla. Ya sabemos que estas medidas
técnicas no eximen a la familia de educar en valores, pero refuerzan
sus criterios éticos con coherencia.
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