Clamor de Dios, sufrimiento de los hermanos
Prisciliano Hernández Chávez
“El Señor dijo a Caín: ¿Dónde está Abel, tu hermano? Respondió:
no sé. ¿Soy yo el guardián de mi hermano?El Señor le replicó: ¿Qué
has hecho? La sangre de tu hermano está gritando desde la tierra”. (Gén
4, 9-10).
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- Nuestros tiempos y nuestros espacios historizan con lágrimas y
sangre la omnipresencia de la violencia. La tierra se ha profanado
porque lo más sagrado del universo y el destinatario del mismo, el
hombre, es asesinado en cada ser humano que muere: por aborto, por
hambre, por drogas, por robo, por etnia, por intereses aviesos de
poder. Horizonte en espiral creciente sin fin aparente.
- Nos abruma la sangre que se derrama dejando a su paso abismos de
dolor e impotencia. ¿Cómo construir una nación y edificar la aldea
global como una familia si se posee sólo mentiras y pretextos para
cerrar el paso al hermano porque cometió el pecado de lesa majestad
al reclamar una porción para subsistir? No a la vida, por sinrazones
de una responsabilidad no asumida; no al migrante porque acota el
imperio de la abundancia; no a la sobriedad porque el mundo se ha
convertido en el infierno del egoísmo y la inmediatez del paraíso se
encuentra a la distancia de un “pericazo” o de un simple “jeringazo”;
no al trabajo honesto por las injusticias laborales o las
administraciones discrecionales del agente “000”; no a las etnias
pues sus culturas primitivas ricas en valores comunitarios son un
atentado a nuestra individualidad egocentrista y sus rostros tristes
acusan la factura de antiguos señores de estas tierras que amaron
como a una madre amamantadora con la leche del sustento y la miel de
la felicidad; no a la democracia razonada y diferenciada acorde al
valor de la persona cuya dignidad estriba en ser imagen y semejanza de
Dios porque son preferibles los fetiches del poder y “es
insoportable en un mundo de dioses el no serlo” (Nietzche) también.
Razones más razones menos. Así se construye el fracaso de una
humanidad tecnológicamente fuerte, sin alma. Es el fracaso de la
historia contemporánea y de la Ciudad sin Dios.
- ¿Podremos ser el pobrecito y humilde “Nanahuatzin” de los mitos
mexicas quien se arrojó a la hoguera divina para iniciar como sol una
época nueva o el ángel-nanahuatzin del icono de Guadalupe para que
Santa María, hogar -hoguera del amor nos encienda de Dios en el “mamaluaztli”-entrecruzamiento
de sus brazos y así con Ella y Jesús seamos sostenedores de la
cultura universal o principios formales de la Civilización del amor,
de la aldea global de la familia humana porque tenemos por Padre a
Dios y por Madre a Santa María? He ahí el reto vivenciable de la
mirada de Santa María de Guadalupe, rostro materno de Dios, ante la
sangre y la angustia del hermano que clama al Cielo. “Allí, donde
nos abrimos o nos cerramos al hermano está el lugar mismo de nuestra
presencia ante Dios.” (Claude Flipo).
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