La salud del Papa

Miguel Rivilla San Martín

Por más que en las altas esferas vaticanas se quiera dar al mundo católico la impresión de normalidad, el hecho es, que la televisión no engaña.

 Penosas, a más no poder, han sido la presencia y actuación de S.S. el Papa, Juan Pablo II, en la plaza de S. Pedro, el domingo 19/5/02, con ocasión de la misa y canonización del beato Orozco.
Por más que en las altas esferas vaticanas se quiera dar al mundo católico la impresión de normalidad, el hecho es, que la televisión no engaña. Se ha podido comprobar por las imágenes servidas, un Papa en claro declive de salud física. Encorvado, vacilante, con gesto exhausto, voz apagada e ininteligible y mirada casi perdida. Su deterioro físico es, a todas luces, imparable. La enfermedad de Parkison que soporta, amén de las secuelas del atentado sufrido con sus varias intervenciones quirúrgicas y el peso y paso de los años, que a nadie perdonan, han hecho fuerte mella en su salud física. Esto es evidente.
Lo que se viene comentando en voz baja y casi nadie da razón clara, es, si en estas condiciones físicas, no estará sufriendo merma también su salud mental. Allá los médicos, especialistas y responsables directos del cuidado de la persona del Papa.
Ante la proximidad de unos viajes papales ya programados y dispuestos para efectuarse, tanto los católicos y cristianos, como millones de personas en todo el mundo, se formulan unos interrogantes, cuya respuesta no aparece clara ni convincente. ¿Son estrictamente necesarios estos viajes para la salud del anciano Papa?. Simplemente por humanidad, los responsables directos de los mismos, ¿no deberían oponerse a estos desplazamientos del Pontífice que repercutirán, todavía más negativamente, en su salud?.¿Qué fines se pretenden con este zarandeamiento continuo de una persona mayor y enferma como el Papa?.¿Sería ejemplar, beneficiosa o conveniente la renuncia del Papa y poder él mismo influir, en vida, en la elección de su sucesor?.
En esta como en tantas cuestiones difíciles habrá que concluir, una vez más, con aquello de que “doctores tiene la santa Madre Iglesia que nos sabrán contestar”. Lo esperamos.
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