La alienación secuestra el propio señorío, el autocontrol y la
capacidad de libre decisión. Crea una adicción y altera la jerarquía de
valores, privilegiando lo efímero y haciendo del pasatiempo la ocupación
esencial.
Es sólo un poco de aire. Está metido a presión en una esfera de
cuero. La esfera al ser golpeada tiene elasticidad y vivacidad,
botadura y reacción. Se la golpea con el pie o con la cabeza.
Se enfrentan once jugadores con otros once en campo delimitado,
flanqueado por tres barrotes en cuadrángulo, que sostienen una red de
retención.
Dentro de reglas establecidas, exigidas por el árbitro, se trata de
avanzar hábilmente, evitando la defensa contraria y combinando a
jugadores del mismo uniforme, hasta hacer posible que un impacto
certero -pedestre o capital- sorprenda al defensor de la puerta y vaya
a sacudir la red de los adversarios.
Se hace el conteo de estas penetraciones a las porterías y se
reconoce la victoria del triunfador con una copa de grandes
dimensiones, como para la celebración de un gran brindis colectivo.
La fuerza de este balompié alienante subyuga la atención de
multitudes de televidentes, obsesionados por las competencias
internacionales, ahora transmitidas en horarios de sueño, por usarse
un horario de antípodas, en el país del Fujiyama.
La alienación es invasora y monopólica, con apasionamientos de
apuesta y orgullos de nacionalismo exacerbado, estimulado con
pronósticos premiados y concursos o sorteos que ofrecen transporte o
billetiza por aciertos azarosos.
La alienación secuestra el propio señorío, el autocontrol y la
capacidad de libre decisión. Crea una adicción y altera la
jerarquía de valores, privilegiando lo efímero y haciendo del
pasatiempo la ocupación esencial.
Se manejan fetichismos publicitarios y reiteraciones informativas
haciendo que palabra e imagen sobreactúen lo anecdótico y reseñen
un partido como si fuera una batalla de guerra mundial o
intergaláctica.
Pero el balompié alienante es sólo un poco de aire, metido a
presión en una esfera de cuero que se vuelve el vértice en que
convergen millones de miradas, evadidas de la realidad por la fuerza
cautivadora de las imágenes que se convierten en negocio lucrativo...