Vox populi

Miguel Rivilla San Martín

La pastoral de los obispos vascos sigue trayendo cola. Sus comentarios, en los diversos medios, va a dar tema de conversación y controversia para rato.

La pastoral de los obispos vascos sigue trayendo cola. Sus comentarios, en los diversos medios, va a dar tema de conversación y controversia para rato. Es natural. En estas circunstancias sería buena cosa escuchar, no sólo a los conspicuos profesionales de los medios, a los políticos, a los hombres de Iglesia o a los oportunistas pescadores de río revuelto, sino escuchar también, con la máxima atención, la voz del hombre de la calle. Normalmente, en la voz del pueblo llano, desprovista casi siempre de sutilezas, florituras o complicados razonamientos, hallamos una veta impagable de sinceridad y veracidad.
Es este el caso de lo que, gran parte del pueblo, piensa y habla respecto al tratamiento que la más alta Jerarquía de la Iglesia debería tener con los obispos vascos.
En la mente de todos está la llamada al Vaticano de los obispos americanos, en el caso de los abusos a menores. El Papa, personalmente ,por el bien de toda la Iglesia americana, tomó cartas en el asunto, cortó por lo sano y zanjó la vidriosa situación.
El pueblo español ahora se pregunta: ¿No sería bueno que Juan Pablo II convocara a Roma a los 3 obispos de Vasconia, al nuncio y al presidente de la C.E.E., monseñor Rouco, para reconducir la delicada situación, antes de que degenere y se deteriore con el paso del tiempo para bien de la entera comunidad eclesial?.
Esta medida sería bien aceptada, sin agravios comparativos, produciría paz y sosiego en la Iglesia y en el pueblo español, mayoritariamente católico y disiparía toda duda de que dentro de la Iglesia hay quien en medio de sus achaques, sigue llevando con mano firme el timón de la misma con entera lucidez y entereza.

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