A los habitantes del frío

Juan García Inza

Carta abierta a los miles de embriones humanos congelados en cualquier laboratorio.

 
¡Hola amigos! Estos días estamos en Reyes, Epifanía, la fiesta de los niños que un día nacieron, y hoy, como todos los años, se les obsequia con muchos regalos. Para vosotros no hay regalos porque no os dejaron nacer y vivir como los demás. Estáis condenados a la oscuridad del olvido. Por eso he decidido escribiros una carta:
¿Hace frío en vuestro nido? Cada vez que nos muestran en televisión vuestro humeante habitáculo congelado, me tirita el alma y se me retuerce el corazón de pena.
Sois como yo, pero muy pequeños. Vuestra masa corporal es diminuta, pero el alma es como la mía. Todo un ser espiritual agarrotado entre células humanas condenadas al raquitismo más cruel.
Sois hombres y mujeres atrapados en el hielo, esperando que un alma misericordiosa os deje ver la luz algún día, y podáis crecer, y pensar, y llorar, y reír, y disfrutar de un mundo hecho para todos. O tal vez estéis pidiendo a gritos que os dejen morir en paz, ¡que ya está bien tanto juego, tanta técnica, tanta experiencia despiadada, tanto comercio, tanto capricho...
Por si era poco ahora ya hablan de clonaros. Se veía venir. Como parece que les ha ido bien con la oveja, y la ternera, y el mono... Ahora ya con vosotros. Y mañana con nosotros. Y todo dicen que es para bien.
Bien, ¿para quién? Para vosotros no, desde luego. Sacrificar a seres humanos para salvar a seres humanos, parece una contradicción. Pero eso ya ha ocurrido en otras épocas que considerábamos superadas. ¡Cuantos seres humanos han tenido que sacrificar su vida para que vivieran unos pocos! Todos los exterminios, todas las guerras, todas las esclavitudes, todos los crímenes, todos los abusos, toda la hambruna que padecen millones de personas hoy, todos abortos para tapar pecados o amparar egoísmos, toda explotación, todo racismo, nacionalismo, xenofobia... ¡Para qué seguir!
Los que tenemos la dicha de vivir buscamos nerviosos parcelas de poder, de diversión, de placer, de dominio... Todo nos parece poco. El mundo se debate en una carrera desenfrenada hacia ningún sitio. Nos ensordece el ruido del progreso y el ocio.
Y mientras tanto vosotros estáis condenados al silencio del frío, con el cuerpo y el alma congelados de tristeza y decepción por quienes os privan de vivir la vida que tenéis. Y cuando destapan vuestra cárcel de hielo, me parece oír miles de voces que nos gritan: -¡dejadnos compartir el calor de la vida!
Esto puede parecer a muchos un cuento. Pero piensa, amigo lector, que un día tú y yo fuimos embriones que una buena madre nos dejó crecer al calor de su corazón. Si no evitamos que la ciencia se deshumanice, estaremos todos condenados a vivir en un mundo donde el corazón congelado ya no podrá amar, y padeceremos el eterno invierno de una muerte prematura.
¡Ojalá vosotros, los que vivís en el frío, podáis tomar alguna vez las riendas de la humanidad, y nos enseñéis a vivir como hijos de Dios, con el corazón caliente!
¡Que buena fiesta de Reyes habría entonces para todos! La EPIFANIA, la manifestación de Jesús Salvador sería completa. Habría menos frío en el mundo, al menos para vosotros.
Los Reyes de MERCABA os dejamos junto a vuestro congelador el calor de nuestro recuerdo, y la llama viva de nuestra esperanza en un mundo menos cruel para la vida. Un abrazo de todos los que tienen todavía vivo el corazón.

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