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Eran los años sesenta-setenta cuando la protesta
estaba de moda. Una forma de manifestarla era la canción.
Si se me permite, se trataba de una forma digna, al menos
eso creíamos muchos y al menos más que algunas de las
formas que se utilizan ahora, mucho más sofisticadas y
mucho más violentas. Y me temo que hasta mucho menos
efectivas. Los motivos de aquella juvenil y hasta
filosófica protesta no se diferencian de los de ahora.
Quizá algunos escenarios hayan cambiado, quizá también los
protagonistas, sin duda los atuendos, aunque menos de lo
que nos imaginamos.
Uno de los fenómenos de la protesta moderna es que
se ha diplomatizado. No digo politizado, pues se trata de
una expresión que suena mal o que suele ser mal
interpretada. Digo que se ha diplomatizado, y coloco como
ejemplo la reciente cumbre mundial y gubernamental cuyo
objetivo teórico es salvar al planeta tierra pero cuyo
objetivo práctico no se ve por ninguna parte.
En Johannesburgo, donde se han reunido expertos
ambientalistas, expertos economistas, expertos futuristas
y los líderes políticos del mundo, menos George Bus,
ocupado en salvar otras cosas más personales,
prácticamente no han llegado a acuerdos satisfactorios. Y
es que resulta muy difícil llegar a un entendimiento
cuando quienes imponen las condiciones para llegar a las
conclusiones suelen ser los líderes de los países que han
contribuido más al deterioro del planeta, tanto al
deterioro ecológico como al deterioro económico de las
grandes mayorías. No lo digo yo, lo dice, protestando,
Juan Pablo II.
Por eso la protesta persiste. Y por eso ya
comienzan los especialistas a enarbolarla. El periódico
The Star, de Johannesburgo, ha resumido así el fracaso de
la reunión: ¿La delegación norteamericana ha forzado el
texto del Plan de Acción de la Cubre a su favor con gran
énfasis en su guerra contra el terrorismo, sin ninguna
indicación de querer alcanzar un compromiso global con el
resto de las naciones?.
Aquella canción protesta entonada por el venezolano
Alí Primera, cuyo estribillo insistía en que ¿no basta
rezar, hacen falta muchas cosas para conseguir la paz?,
nunca fue escuchada por Bus. Por eso el presidente
norteamericano ha ordenado tres días de oración y recuerdo
por las víctimas de los ataques terroristas y ha pedido a
los estadounidenses asistir a Misas, celebraciones
litúrgicas y vigilias, invitando al resto del mundo a que
hagan lo mismo.
No es mala idea, pero no es suficiente. La tierra
sigue moribunda.
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