Del Dios que no recuerdo

Sergio Barrón

Vivir lleno de preocupaciones -sobre todo si son a un nivel material- es como estar aniquilando, la llamaré de esta manera, nuestra memoria espiritual.

Todos los días traemos miles de cosas en la cabeza sino es la preocupación por el pago del teléfono es la reunión de la tarde, la cita con el médico o el partido de futbol, el sillón descompuesto o la enfermedad del perro, la tenencia del auto o la dieta que está pesadísima, el hijo que no obedece o el abono del refrigerador etc. Todo el día transcurre lleno de estas cosas, algunas las solucionamos pero otras no. Gran porcentaje del día "se nos va" en cosas que son importantes pero, tal vez, no las más importantes. Por ejemplo, aquello del pago de teléfono. Primero, la presión porque la fecha de vencimiento está ya muy próxima y no se tiene la cantidad a pagar. Segundo, para reunir el dinero es necesario pedir un préstamo o tomar del pequeño ahorro que se ha hecho o sacrificar aquel regalo o lujo que se pretendía. Tercero, si se realiza el pago seguirá con el servicio pero se quedará sin otras cosas, entonces ahora la preocupación es la misma preocupación surgida por haber pagado el teléfono y no otra cosa... ¿se entiende? Es como un círculo vicioso, hago pero eso que hago me regresa a la misma preocupación -o tal vez mayor- Normalmente, y si analizamos con toda honestidad, la mayor parte de la vida "se nos va" en preocupaciones ("pre-" prefijo que significa antes o previo) y no en ocupaciones. A lo mejor si nos ocupamos de nuestras preocupaciones viviríamos más tranquilamente. Ocuparnos de estás cosas es importante pero, tal vez, no lo más importante. Vivir lleno de preocupaciones -sobre todo si son a un nivel material- es como estar aniquilando, la llamaré de esta manera, nuestra memoria espiritual. Resulta que en la memoria tenemos todo aquello que la conciencia a captado desde que empezamos a existir. Llamo memoria espiritual a todo aquello que tiene relación con la formación religiosa que a través del tiempo se haya adquirido. Por ejemplo el tiempo de catequesis, la primera comunión, la confirmación etc. Hechos que, de alguna manera, precisamente se almacenan en nuestra memoria espiritual. Si estos hechos fueron vividos, en su momento, de una manera intensa seguramente estarán en esta memoria y serán una buena fuente para el futuro.

En conclusión, creo que las preocupaciones -sobre todo materiales- actualmente tienen mayor incidencia en nosotros, y si es de esta manera corremos el riesgo de ser absorbidos por ellas... pero esforcémonos por revivir nuestra memoria espiritual, tengamos la seguridad de que ahí encontraremos un aliento que nos fortalecerá para seguir adelante y enfrentar la vida... encontraremos a ese Dios que no recordamos. ¿Cómo está tu memoria espiritual?


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