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Es una realidad innegable que todas las sociedades
están hoy inmersas en un gigantesco proceso universal de desarrollo que
se presenta profundamente desigual. Las que fueron metrópolis de los
imperios coloniales aparecen con un importante grado de desarrollo,
aprovechando su situación de primerizas en el acceso a la ciencia, la
técnica y a las riquezas naturales no importa donde estas estuvieran. Por
otro lado, las ex colonias constituyen hoy la mayor parte de lo que se
podría llamar " cinturón" de los países subdesarrollados.
Hay, sin duda, un lazo causal entre el desarrollo de
una parte y el subdesarrollo de la otra. Pobreza y riqueza jamás han
existido yuxtapuestas. Por su propia naturaleza histórica la una está
ligada a la otra y vive de ella. Es así que actualmente las relaciones
entre los países o mundo rico y los pobres, no se puede decir que sea de
interdependencia, sino de autentica dependencia económica, política,
ideológica y en algunos casos, incluso religiosa. Hay una constante en la
actitud de los países del norte: mantener los países pobres en el
subdesarrollo e intentar de mil formas convencerlos de que siempre habrá
pobres y que su salvación radica en su buen entendimiento y lealtad al
bloque de los países desarrollados. Basta leer los mensajes de"
ayuda " que el Fondo Monetario Internacional a través de sus altos
funcionarios hace presente ante pueblos y gobiernos de los países pobres
toda vez que aquellos realizan sus periódicas visitas programadas
monitoreando y verificando los planes ( casi siempre de ajuste ). Su
" ayuda " es imprescindible para sobrevivir en la pobreza.
Los beneficios del desarrollo, ¿ a quién pertenecen ?
Un análisis objetivo demuestra de forma convincente e
irrebatible que los beneficios del inmenso proceso de desarrollo es
apropiado por los países que ya son ricos, o dentro de los países pobres
por las clases sociales o grupos asociados a las clases dirigentes y
dominantes de los países ricos. Corporaciones, megacorporaciones y
holdings ligados siempre a personas o grupos en cada país pobre. Los
perjuicios o desventajas, por el contrario, se cargan en la cuenta de los
países pobres, cuando en realidad son tan acreedores como aquellos para
el goce de los beneficios y quizá en grado preferencial, soportando el
doloroso resultado los sectores de población más indefensos, más
débiles, y por lo tanto desprotegidos.
Este tipo de relación asimétrica e injusta produce en
los países del Tercer Mundo, entre los cuales América Latina es incluida
íntegramente, un creciente proceso de empobrecimiento de las grandes
mayorías de sus pueblos. La deuda externa de estos países es causa y
consecuencia de este estado de cosas. Pablo VI así lo denuncia en la
Populorum Progressio ya en 1967 y en la Evangeli Nunciandi ocho años más
tarde.
Los obispos latinoamericanos en su Documento de Puebla
realizaron la misma denuncia con palabras verdaderamente proféticas. Es
que la situación fue percibida en su magnitud por los pensadores con
compromiso social y quizá estemos asistiendo al comienzo del último
tiempo de esta relación de injusticia e inhumanidad. Simplemente porque
se ha tornado para muchos pueblos insostenible.
La pobreza no se reduce a su principal y más
dramático aspecto material, sino que adopta también las formas de
pobreza política, de pobreza cultural y de pobreza espiritual.
Por supuesto que la pobreza material produce la
afectación mas importante en tanto el hambre, la enfermedad y las
condiciones de vida lesionan cuando no truncan la vida misma, de niños
por nacer, de niños, ancianos y familias.
Esta situación humilla al hombre y desde la visión de
la fe, ofende gravemente a Dios. Los gritos de la pobreza, las blasfemias
y los desesperados lamentos de los oprimidos a lo largo y a lo ancho de
nuestra América latina, así como los de los otros países del Tercer
Mundo, son patéticas oraciones que Dios escucha hoy.
El empobrecimiento genera a su vez la masificación de
los seres humanos. En esta situación el pueblo deja de existir como
conjunto articulado de comunidades que elaboran su propia conciencia,
conservan y profundizan su identidad y trabajan en pro de un proyecto
común para pasar a ser un conglomerado de individuos desgarrados y
desarraigados, un ejército de mano de obra barata y manipulable conforme
al proyecto de acumulación ilimitado e inhumano.
¿ Democracias funcionales al modelo ?
El ideal capitalista de producción-consumo,
individualismo, competitividad en todo y materialismo práctico, destruye
los valores del alma popular dando origen a una subcultura de la pobreza
carente de identidad y de energía creadora. Esta situación da lugar a un
modelo altamente autoritario.
¿Cómo gobernar a una masa desestructurada ?
Únicamente con el puño bien cerrado puede sujetarse la arena entre los
dedos e impedir que se vaya de las manos. En otras palabras: solo mediante
formas de gobierno autoritarias y dictatoriales se puede mantener un
mínimo de cohesión y ahogar los gritos amenazadores que provienen de la
pobreza y los sectores marginados y excluidos.
Y es así como el empobrecimiento y la masificación
han dado origen en épocas no tan lejanas de la historia de nuestros
paises ( y latente en muchos aún) al Estado de Seguridad Nacional o a la
Teoría de la Seguridad Nacional o como se la quiera llamar, pero que
posee fundamentalmente , en todos los casos, dos funciones: la de
garantizar firmemente los intereses del capital expoliador y la de
mantener bajo el más férreo control la posible movilización de los
oprimidos que desean y piden cambios sociales ) hay ejemplos en nuestra
América ) Y aún en las llamadas democracias americanas, sin romper la
cáscara democrática se observan actitudes similares como política
usual.
En el Tercer Mundo es perfectamente constatable cuán
falsa es la creencia de que el desarrollo va acompañado de la democracia.
Lo que se verifica es un indiscutible crecimiento elitista, junto con la
eliminación precisamente de la democracia. Llega incluso a crearse el
convencimiento de que para garantizar el desarrollo es preciso suprimir la
democracia. La seguridad nacional del capital y de los intereses
gobernantes, prevalecen sobre los intereses colectivos. Hoy en Argentina
se vive indisimuladamente un proceso que orienta a la opinión pública a
suprimir instituciones, saltar por sobre el orden y desembocar en el caos
amorfo de la " anti democracia" más allá de las críticas
justificadas que puedan ser acreedores el gobierno y sus instituciones.
La Iglesia y la realidad
La iglesia es solidaria de la liberación de los
pobres. En el Tercer Mundo, y más precisamente en América Latina, en
algunos países más que en otros y en todos los casos más que en
Argentina, la iglesia ha tenido una extendida presencia en la sociedad y
ha tomado un profundo compromiso de denuncia de las injusticias sociales y
de participación en los procesos de cambio y liberación.
En Argentina, la experiencia de sacerdotes, estudiantes
universitarios, laicos y algunos pocos obispos enrolados por los años 60
en lo que se llamó "tercermuindismo" fue una encarnación de lo
que más tarde fuera expresión en Medellín y Puebla, aunque no
debidamente comprendido, acogido y acompañado por la jerarquía de la
iglesia de aquella época.
Con el paso del tiempo, y ante la verificación de los planteos, aún hoy
persiste un espíritu de reacción amonestatoria cuando superando la mera
denuncia, se vive el compromiso real de participación activa en el
proceso de liberación por parte de sacerdotes, religiosos y laicos.
Lo cierto es que la iglesia, con sus más y con sus
menos, a encarado la opción solidaria por los pobres y su liberación, si
bien, debe aún hacer conciencia ( propia y ajena) de que esa tarea no se
realiza a base de pedir generosidad a los ricos y resignación a los
pobres, sino anunciando la conversión a aquellos y la liberación a
éstos, de una manera activa.
La opción preferencial y solidaria por lo pobres debe
suponer para la iglesia en primer lugar, una opción de lugar social y
así, la visión que deberá tener de la sociedad y sus conflictos será
desde la óptica y la causa de las grandes mayorías. Los hombres de la
iglesia ( entendiéndola como Pueblo de Dios que incluye a todos los
bautizados) deberán asumir el liderazgo social, haciendo posible y
prioritaria la dimensión de cambio estructural para propiciar la
realización de la justicia necesaria para la paz social. A partir de los
pobres descubrir la dimensión liberadora del Evangelio, que nos habla de
un reino que se inicia ya en esta tierra siempre que se haga más justicia
y se construya mayor fraternidad en la sociedad. En segundo lugar la
opción preferencial y solidaria por lo pobres debe significar a la
Iglesia un esfuerzo de adaptación en el sentido de propiciar que los
pobres construyan la iglesia. Porque optar por los pobres en términos
eclesiales supone permitir que los pobres tal como son, con su propia
cultura , religiosidad y su manera de entender y enfatizar determinadas
dimensiones del misterio cristiano creen sus comunidades de base y
participen libremente.
Alejar prejuicios, vivir auténticamente el Evangelio,
desterrar privilegios, quebrar alianzas son apenas algunas trabas de las
muchas que debemos quitar para acercarnos a vivir aquella realidad.
Es necesario y éste es el tiempo.
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