La pobreza en el tercer mundo ¿El fin de una relación de injusticia ?

Fernando Funes

"La pobreza que caracteriza a nuestros países no es algo fatal ni querido por Dios, sino el fruto de unas determinadas situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas... que producen ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres...! Puebla.30

Es una realidad innegable que todas las sociedades están hoy inmersas en un gigantesco proceso universal de desarrollo que se presenta profundamente desigual. Las que fueron metrópolis de los imperios coloniales aparecen con un importante grado de desarrollo, aprovechando su situación de primerizas en el acceso a la ciencia, la técnica y a las riquezas naturales no importa donde estas estuvieran. Por otro lado, las ex colonias constituyen hoy la mayor parte de lo que se podría llamar " cinturón" de los países subdesarrollados.

Hay, sin duda, un lazo causal entre el desarrollo de una parte y el subdesarrollo de la otra. Pobreza y riqueza jamás han existido yuxtapuestas. Por su propia naturaleza histórica la una está ligada a la otra y vive de ella. Es así que actualmente las relaciones entre los países o mundo rico y los pobres, no se puede decir que sea de interdependencia, sino de autentica dependencia económica, política, ideológica y en algunos casos, incluso religiosa. Hay una constante en la actitud de los países del norte: mantener los países pobres en el subdesarrollo e intentar de mil formas convencerlos de que siempre habrá pobres y que su salvación radica en su buen entendimiento y lealtad al bloque de los países desarrollados. Basta leer los mensajes de" ayuda " que el Fondo Monetario Internacional a través de sus altos funcionarios hace presente ante pueblos y gobiernos de los países pobres toda vez que aquellos realizan sus periódicas visitas programadas monitoreando y verificando los planes ( casi siempre de ajuste ). Su " ayuda " es imprescindible para sobrevivir en la pobreza.

Los beneficios del desarrollo, ¿ a quién pertenecen ?

Un análisis objetivo demuestra de forma convincente e irrebatible que los beneficios del inmenso proceso de desarrollo es apropiado por los países que ya son ricos, o dentro de los países pobres por las clases sociales o grupos asociados a las clases dirigentes y dominantes de los países ricos. Corporaciones, megacorporaciones y holdings ligados siempre a personas o grupos en cada país pobre. Los perjuicios o desventajas, por el contrario, se cargan en la cuenta de los países pobres, cuando en realidad son tan acreedores como aquellos para el goce de los beneficios y quizá en grado preferencial, soportando el doloroso resultado los sectores de población más indefensos, más débiles, y por lo tanto desprotegidos.

Este tipo de relación asimétrica e injusta produce en los países del Tercer Mundo, entre los cuales América Latina es incluida íntegramente, un creciente proceso de empobrecimiento de las grandes mayorías de sus pueblos. La deuda externa de estos países es causa y consecuencia de este estado de cosas. Pablo VI así lo denuncia en la Populorum Progressio ya en 1967 y en la Evangeli Nunciandi ocho años más tarde.

Los obispos latinoamericanos en su Documento de Puebla realizaron la misma denuncia con palabras verdaderamente proféticas. Es que la situación fue percibida en su magnitud por los pensadores con compromiso social y quizá estemos asistiendo al comienzo del último tiempo de esta relación de injusticia e inhumanidad. Simplemente porque se ha tornado para muchos pueblos insostenible.

La pobreza no se reduce a su principal y más dramático aspecto material, sino que adopta también las formas de pobreza política, de pobreza cultural y de pobreza espiritual.

Por supuesto que la pobreza material produce la afectación mas importante en tanto el hambre, la enfermedad y las condiciones de vida lesionan cuando no truncan la vida misma, de niños por nacer, de niños, ancianos y familias.

Esta situación humilla al hombre y desde la visión de la fe, ofende gravemente a Dios. Los gritos de la pobreza, las blasfemias y los desesperados lamentos de los oprimidos a lo largo y a lo ancho de nuestra América latina, así como los de los otros países del Tercer Mundo, son patéticas oraciones que Dios escucha hoy.

El empobrecimiento genera a su vez la masificación de los seres humanos. En esta situación el pueblo deja de existir como conjunto articulado de comunidades que elaboran su propia conciencia, conservan y profundizan su identidad y trabajan en pro de un proyecto común para pasar a ser un conglomerado de individuos desgarrados y desarraigados, un ejército de mano de obra barata y manipulable conforme al proyecto de acumulación ilimitado e inhumano.

¿ Democracias funcionales al modelo ?

El ideal capitalista de producción-consumo, individualismo, competitividad en todo y materialismo práctico, destruye los valores del alma popular dando origen a una subcultura de la pobreza carente de identidad y de energía creadora. Esta situación da lugar a un modelo altamente autoritario.

¿Cómo gobernar a una masa desestructurada ? Únicamente con el puño bien cerrado puede sujetarse la arena entre los dedos e impedir que se vaya de las manos. En otras palabras: solo mediante formas de gobierno autoritarias y dictatoriales se puede mantener un mínimo de cohesión y ahogar los gritos amenazadores que provienen de la pobreza y los sectores marginados y excluidos.

Y es así como el empobrecimiento y la masificación han dado origen en épocas no tan lejanas de la historia de nuestros paises ( y latente en muchos aún) al Estado de Seguridad Nacional o a la Teoría de la Seguridad Nacional o como se la quiera llamar, pero que posee fundamentalmente , en todos los casos, dos funciones: la de garantizar firmemente los intereses del capital expoliador y la de mantener bajo el más férreo control la posible movilización de los oprimidos que desean y piden cambios sociales ) hay ejemplos en nuestra América ) Y aún en las llamadas democracias americanas, sin romper la cáscara democrática se observan actitudes similares como política usual.

En el Tercer Mundo es perfectamente constatable cuán falsa es la creencia de que el desarrollo va acompañado de la democracia. Lo que se verifica es un indiscutible crecimiento elitista, junto con la eliminación precisamente de la democracia. Llega incluso a crearse el convencimiento de que para garantizar el desarrollo es preciso suprimir la democracia. La seguridad nacional del capital y de los intereses gobernantes, prevalecen sobre los intereses colectivos. Hoy en Argentina se vive indisimuladamente un proceso que orienta a la opinión pública a suprimir instituciones, saltar por sobre el orden y desembocar en el caos amorfo de la " anti democracia" más allá de las críticas justificadas que puedan ser acreedores el gobierno y sus instituciones.

La Iglesia y la realidad

La iglesia es solidaria de la liberación de los pobres. En el Tercer Mundo, y más precisamente en América Latina, en algunos países más que en otros y en todos los casos más que en Argentina, la iglesia ha tenido una extendida presencia en la sociedad y ha tomado un profundo compromiso de denuncia de las injusticias sociales y de participación en los procesos de cambio y liberación.

En Argentina, la experiencia de sacerdotes, estudiantes universitarios, laicos y algunos pocos obispos enrolados por los años 60 en lo que se llamó "tercermuindismo" fue una encarnación de lo que más tarde fuera expresión en Medellín y Puebla, aunque no debidamente comprendido, acogido y acompañado por la jerarquía de la iglesia de aquella época.
Con el paso del tiempo, y ante la verificación de los planteos, aún hoy persiste un espíritu de reacción amonestatoria cuando superando la mera denuncia, se vive el compromiso real de participación activa en el proceso de liberación por parte de sacerdotes, religiosos y laicos.

Lo cierto es que la iglesia, con sus más y con sus menos, a encarado la opción solidaria por los pobres y su liberación, si bien, debe aún hacer conciencia ( propia y ajena) de que esa tarea no se realiza a base de pedir generosidad a los ricos y resignación a los pobres, sino anunciando la conversión a aquellos y la liberación a éstos, de una manera activa.

La opción preferencial y solidaria por lo pobres debe suponer para la iglesia en primer lugar, una opción de lugar social y así, la visión que deberá tener de la sociedad y sus conflictos será desde la óptica y la causa de las grandes mayorías. Los hombres de la iglesia ( entendiéndola como Pueblo de Dios que incluye a todos los bautizados) deberán asumir el liderazgo social, haciendo posible y prioritaria la dimensión de cambio estructural para propiciar la realización de la justicia necesaria para la paz social. A partir de los pobres descubrir la dimensión liberadora del Evangelio, que nos habla de un reino que se inicia ya en esta tierra siempre que se haga más justicia y se construya mayor fraternidad en la sociedad. En segundo lugar la opción preferencial y solidaria por lo pobres debe significar a la Iglesia un esfuerzo de adaptación en el sentido de propiciar que los pobres construyan la iglesia. Porque optar por los pobres en términos eclesiales supone permitir que los pobres tal como son, con su propia cultura , religiosidad y su manera de entender y enfatizar determinadas dimensiones del misterio cristiano creen sus comunidades de base y participen libremente.

Alejar prejuicios, vivir auténticamente el Evangelio, desterrar privilegios, quebrar alianzas son apenas algunas trabas de las muchas que debemos quitar para acercarnos a vivir aquella realidad.
Es necesario y éste es el tiempo.


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