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Después de oír y leer toda clase de vanalidades y
juicios políticos diversos y contradictorios, con ocasión del
aniversario del 11 S. , por fin, hemos podido escuchar la palabra del
Papa, que casi ha pasado desapercibida para los grandes medios. En este
tema de la guerra con Irak como en tantos otros, Juan Pablo II, no solo ha
tomado una postura vanguardista, sino que ido mucho más allá de todos
los demás políticos y Jefes de Estado.
Juan Pablo II, como líder espiritual de Occidente, no
sólo se ha opuesto claramente a la larvada guerra con Irak, sino que ha
escandalizado a no pocos, apelando, con calco en el Evangelio de Jesús,
al decidido perdón de los enemigos. Ha vuelto a recordar una vez más que
"no habrá paz sin justicia, ni justicia sin perdón.".
En un mundo envuelto en el revanchismo y en medio del
antagonismo y exclusión entre culturas y civilizaciones actuales, la
palabra del Papa es como un faro luminoso en medio de las tinieblas
persistentes.
Seguro que muchos calificarán tal postura de utópica,
pero no lo es menos la diáfana y comprometida palabra de Jesús, cuando
habla sin rodeos en el Evangelio, no sólo del perdón de las ofensas,
sino de "amar a los enemigos".
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