Ante el día de San José, vocación y misión de los padres cristianos
Jesús de las Heras Muela
Ser padre es entender, con la ciencia del corazón y de la vida, de
afanes y de esfuerzos, de genorosidades y de labores, de sudores y de
anhelos.
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- La festivida de San José, el esposo de la Virgen y el padre legal
de Jesucristo, es también el día del padre. Ser padre bien merece
una vida, bien merece la vida. Ser padre bien merece un día y mil
días de homenajes. Ser padre es entender, con la ciencia del corazón
y de la vida, de afanes y de esfuerzos, de genorosidades y de labores,
de sudores y de anhelos.
- Cuando Jesucristo, el Hijo, el hermano, quiso revelarnos quién y
cómo es Dios, lo llamó !Abbá! (Papá) y desde entonces ningún otro
nombre, ninguna otra realidad define mejor a Dios que la de su
condición de padre. En el mismo evangelio, Jesús vuleve a mostrarnos
la identidad del padre con la pregunta: "¿Qué padre si un hijo
le pide pan le da una piedra?" Quedaba definida y descrita de
este modo la entraña -el alma- del ser padre.
- Y es que de él, del padre, de nuestros respectivos hemos recibido
lo mejor de lo que somos y de lo que tenemos. El, nuestro padre,
allanó tantos de nuestros caminos antes de que nosotros tuviéramos
que recorrerlos. El hizo de nuestra vida su vida, que quedó para
siempre clavada y pendiente en nuestro bienestar y en nuestro
progreso. Nuestras alegrías fueron las suyas; y nuestros dolores y
llantos, los suyos. Nosotros vivimos de él y su vida fue y es
nosotros.
- ¡Felicidades, padres! De todo corazón. La fiesta del día 19 de
marzo os cobija bajo el patronazgo de San José, el esposo de María
la madre de Jesús y su padre adoptivo. San José, como vosotros
padres, supo bien de trabajos, de silencios, de penumbras, de
discresiones y de ofrendas. Vivió para cumplir su misión: ser esposo
de María, ser el custodio del redentor, el padre legal de Jesús. Y
fue probado como hombre justo. Su existencia humana apenas supo de
relumbrones, de éxitos o de fracasos sonoros, de encendidos
defensores o virulentos detractores. Fue humilde, sencilla, oculta y,
sobre todo, providencial, como las cosas auténticamente de Dios.
- Vosotros, padres, también sabéis dejar toda la luz para vuestros
hijos. Sabéis retiraros entre candilejas con la satisfacción íntima
del deber y la misión cumplidos. Vosotros, padres, todavía vivos o
ya difuntos, sois lo mejor de nuestra raza. Vosotros, padres, os
parecéis más a Dios.
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