Babel
Miguel Rivilla San Martín
El mundo en que vivo, como la Iglesia a la que pertenezco, tienen mucho
en común con el relato bíblico de la Torre de Babel.
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- Tengo la impresión, no sé si acertada, o no, que tanto el mundo en
que vivo, como la Iglesia a la que pertenezco, tienen mucho en común
con el relato bíblico del capítulo 11 del Génesis, conocido por la
Torre de Babel.
- Conocido es por todos el argumento del libro sagrado. De un modo
sencillo y con un lenguaje figurativo y antropomórfico, el autor
sagrado constata la rebeldía y el orgullo de la naciente humanidad.
Los hombres pretenden –prescindiendo de Dios –ponerse a su altura.
“Ea, vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en
los cielos y hagámonos famosos, por si nos desperdigamos por la faz
de la tierra”.
- Comprobando Yahvéh ,su intención rebelde, baja del cielo y
confunde su lenguaje, de modo que “no entienda cada cual el de su
prójimo”. El barullo fue colosal. Desde aquel momento los
desperdigó Dios y no pudieron realizar su quimera.
- Son muchas las semejanzas que se encuentran en nuestro mundo actual
que reflejan fielmente el relato bíblico y lo que está sucediendo en
el mismo. No quiero adentrarme en este campo y dejo a otros más
perspicaces, conspicuos y expertos politólogos, que busquen sus
semejanzas y saquen sus consecuencias.
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- Me limitaré a describir con honradez, desde mi atalaya de sencillo
cura de pueblo, lo que me parece percibir, en lo que aquí y ahora
denominaría la Babel intraeclesial.
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- 1-Antes del Concilio Vaticano II, había en la Iglesia un lenguaje
común, que había servido para la unidad de todos los católicos en
las verdades fundamentales a lo largo de los siglos. Bajo la
indiscutida e indiscutible autoridad de los Papas, cada católico
sabía a qué atenerse en materias de fe y de costumbres. Es cierto
que siempre en la Iglesia hubo disidentes, pero eran considerados como
tales, en cuanto atentasen o atacasen públicamente contra lo esencial
de la fe de siempre, basada en la Biblia, la Tradición y el
Magisterio.
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- 2-El Papa Juan XXIII, movido por el E.Santo, convocó el Concilio
Vaticano II y el Papa Pablo VI, lo prosiguió y clausuró con la
esperanza de un “aggiornamento” de la Iglesia y con la ilusión
optimista para casi todo el mundo católico y no católico .Se
añoraba una primavera para al Iglesia. Desgraciadamente, los deseos
no coincidieron con la realidad. Ya en frase del mismo Pablo VI, al
final de su pontificado, se lamentó de que “el humo de Satanás
había penetrado en la Iglesia”.
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- 3-Tras la clausura del Concilio, al poco, se vino a saber, por
testigos fidedignos, los entresijos del mismo. Algunos no católicos
–¡meros invitados¡- influyeron, con señalados teólogos
centroeuropeos, no siempre positivamente, en los Padres conciliares.
Entre los mismos, empezó y llegó a fraguarse ya la división de
progresistas y conservadores; de preconciliares, conciliares y
postconciliares.
- Sin ser un Concilio dogmático se cerró con la aceptación
mayoritaria de los Padres y el Vaticano II es tan legítimo como
cualquiera de los anteriores, pero ni opuesto ni anulador de la
enseñanza de los precedentes.
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- 4- Nada nuevo es constatar que las expectativas y frutos esperados
del Concilio -a pesar de los ímprobos trabajos, decenas de viajes,
estupendas encíclicas, e innumerables mensajes y catequesis del Papa
Juan Pablo II-, no han llegado a su madurez, ni mucho menos. Sería
totalmente injusto e inhumano cargar sobre las espaldas ya dobladas de
este singular Papa, toda la responsabilidad del postconcilio. Su
entrega, su magisterio, su autoridad y sus orientaciones, no siempre
han sido secundadas por todos –cardenales y obispos incluidos -
amén de otras resistencias intraeclesiales.
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- 5-El bien inapreciable de la unidad ha estado y está aún en
entredicho. Fuerzas centrípetas y centrífugas se han mostrado con la
mayor violencia, para llevar el agua su molino de las disposiciones
conciliares. Si el desbordamiento no ha llegado a mayores y en gran
manera se han podido encauzar, hay que reconocer que esto se debe en
gran manera al buen tino, firmeza y tesón de S.S. Juan Pablo II.
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- 6-Tanto en el campo de la pastoral, la liturgia, la fe, la moral, la
disciplina, el ecumenismo, la vida religiosa etc.,el barullo y
desconcierto ha sido y en parte sigue siendo, considerable. Es de
justicia resaltar el magisterio clarificador, oportuno y certero del
Papa, junto con sus viajes por el mundo entero para reconducir la
situación de tensión dentro de la Iglesia. No siempre -también hay
que reseñarlo- ha encontrado el debido apoyo pleno por parte del
episcopado, con tendencias contrapuestas e influencias teológicas
distintas. El fenómeno de la teología de la liberación ha sido
sintomático.
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- 7-El católico de a pie se ha visto zarandeado por toda clase de
ensayos en lo pastoral, novedades en la liturgia, extrañas teorías
en lo doctrinal y un relajamiento generalizado en el campo moral,
frutos del imparable secularismo y materialismo social y ambiental. De
una fe tradicional ,con poca o casi nulo calado, ha tenido que pasar a
una fe personal, comprometida y atacada por las influencia de las
sectas. Apenas la religiosidad tradicional, junto con los sacramentos
sociales, ha mantenido la fe en la gran masa católica. Se ha dicho y
con razón, que el pueblo español era un pueblo sacramentado, pero no
evangelizado.
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- 8-Crisis de fe galopante. Al abandono de la práctica religiosa en
grandes sectores de la sociedad española, como la juventud, el mundo
obrero y universitario, ha sucedido una carencia e inversión de
valores en la sociedad civil. Los católicos no se han distinguido por
su testimonio contracorriente, ni por su ejemplaridad en proclamar,
defender y vivir esos mismos valores de reconocida raíz cristiana. La
familia-baluarte de otra época-ha sufrido, así como la enseñanza en
los colegios, los embates del materialismo y del “todo vale”
democrático.
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- 9-Sin referencias ni ideas claras en lo religioso. Como llevados por
una ventolera, los dogmas de la Iglesia han sido cuestionados, cuando
no negados o reinterpretados por algunos teólogos, enseñantes o
profesores de la misma Iglesia. Bastaría una sencilla enumeración de
los mismos, para detectar el relativismo en que se ha caído. La
influencia protestante ha sido grande e innegable.
- -Casi todos los sacramentos han sido atacados, especialmente la
eucaristía( presencia espiritual) ; la reconciliación (disminución
o abandono), el orden sacerdotal ( celibato opcional y sacerdocio
femenino) y el matrimonio canónico (matrimonio civil y parejas de
hecho)
- -Los dogmas se han oscurecido, desdibujado o preteridos: Pecado
original, encarnación, redención, Infierno, purgatorio,
resurrección corporal., divinidad de Jesús, prerrogativas marianas
(inmaculada, virginidad perpetua, ascensión etc)
- -La moral católica (especialmente la sexual ) ha sido atacada
fuertemente. Se ha querido suplir por una ética consensuada y por los
derechos humanos. La crisis de valores cristianos ha sido reemplazada
por el todo vale o el más descarado relativismo.
- -La crisis de oración se ha hecho notar en los individuos,en los
institutos y en la carencia de vocaciones sacerdotales y religiosas.
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- 10-Nadie tiene la clave ni la solución a esta BABEL POSTCONCILIAR
- Es evidente que, a Dios gracias, no todo es NEGATIVO, ni muchísimo
menos. Sería interminable enumerar TODO LO BUENO que se ha dado y
existe en la Iglesia por efecto del Concilio. Confío que alguien lo
haga con mejor visión que la mía ,detallando LOS FRUTOS
POSCONCILIARES.
- Creo que todos lo necesitamos, al menos para saborear la presencia
del Resucitado en medio de nosotros y no darnos al pesimismo o
desesperanza .Dios quiera que alboree pronto un nuevo PENTECOSTÉS Y
UNA NUEVA PRIMAVERA PARA LA IGLESIA DE JESUCRISTO.
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