El arzobispo de Cali

Miguel Rivilla San Martín

"Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se cuida de él".

 
A monseñor Isaías Duarte, arzobispo colombiano, dos sicarios le cerraron la boca, a tiros, para siempre. Hacía sólo tres semanas anunció, sin dar nombres, que tres candidatos al Congreso estaban financiados por el narcotráfico. Es sabido cómo actúa la mafia en Colombia y en todas partes.
Era de esperar. Algo debió presentir el prelado, referido a su persona, cuando el día antes de su muerte, leía en el libro de la Sabiduría: ”Se dijeron los impíos razonando equivocadamente: Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras actuaciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra actuación errada; declara que conoce a Dios..;es un reproche para nuestras ideas y sólo verlo da grima; lleva una vida distinta de los demás y su conducta es diferente; nos considera de mala ley y se aparta de nuestras sendas como si fueran impuras; declara dichoso el fin de los justos y se gloría de tener por Padre a Dios. Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se cuida de él " (Sab.2. 12-20).
Monseñor Duarte había hecho el lema de su vida-como tantos otros obispos, sacerdotes y fieles del mundo entero,- las palabras de Jesús en el evangelio:”No temáis a los que pueden matar el cuerpo y no pueden hacer nada más; temed sólo a quien puede privaros de la vida para siempre”. ¡Ojalá cunda su ejemplo por todas partes y que su sangre derramada sea semilla fecunda de valientes cristianos colombianos!.
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