Un indio en el cielo
Luferni
Siguen los indígenas como náufragos culturales, en las balsas de sus
asentamientos inhumanos, con las carencias seculares de los bienes básicos.
Pero pronto se proclamará que hay un indio en el cielo.
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- El indio no tiene aún la tierra.
- Los acuerdos de San Andrés siguen sin cumplir.
- No hay todavía un instrumento legal que los recoja y vacíe en una
normatividad aceptable.
- Siguen los indígenas como náufragos culturales, en las balsas de
sus asentamientos inhumanos, con las carencias seculares de los bienes
básicos.
- Pero pronto se proclamará que hay un indio en el cielo.
Se detiene la diaconía vernácula por su abundancia vocacional, en
una tierra en que sólo el que ha formado su hogar se considera
maduro, en plena adultez.
- La inculturación estructural requerirá en el sureste un tiempo
más largo para que la acción pastoral asuma peculiaridades no antes
contempladas.
- Pero la declaración definitiva de la bienaventuranza del indio
(cuya existencia fue cuestionada por estudiosos exigentes, que en todo
reclaman pruebas documentales), es un reconocimiento de virtudes
heroicas en el más pequeño y delicado.
- El Nican Mopohua, de ese otro indio --muy culto él-- que fue el
indio Valeriano, es un documento narrativo que cuenta las apariciones
y, sin pretenderlo directamente, nos hace una descripción del vidente
y mensajero. Queda una imagen de una vida limpia, humilde y generosa.
- Vendrá el sucesor de Pedro y se congregarán millones de peregrinos
de toda América y de otros continentes para la celebración
litúrgica en plena intemperie, en tierras cercanas al lugar en que
nació. Estarán presentes muchas etnias.
- Modelo e intercesor podrá ser el indio canonizado para todos; pero
especialmente para quienes, después de tantos siglos, caminan como
él “en pos del culto divino y de sus mandados” y pueden decir
ahora todavía, como él: “yo soy un hombrecillo, soy un cordel, soy
una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda, y
Tú, Niña mía, la más pequeña de mis hijas, Señora, me envías a
un lugar por donde no ando y donde no paro”.
- Los indios, que siguen esperando, recordarán lo que dijo la Señora
del cielo: “Tú eres mi embajador, muy digno de confianza.
Rigurosamente te ordeno que sólo delante del obispo despliegues tu
manta y descubras lo que llevas”. ¿Llegaremos a entender que ellos
son las piedras vivas en el templo de justicia que aun no se edifica
para lograr la paz?...
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