Estados y Corporaciones

Luferni

Parece que en el planeta ha crecido tanto la influencia de las Corporaciones Internacionales que los Estados se sienten disminuidos ante ellas.

¿Quién gobierna?
Parece que en el planeta ha crecido tanto la influencia de las Corporaciones Internacionales que los Estados se sienten disminuidos ante ellas.
Su poder económico y su conducción de un mercado --que es libre mientras favorezca a los más poderosos; pero se condiciona cuando se trata de restituír a los empobrecidos- hace que muchas veces tengan la sartén por el mango, mientras los gobiernos tienen que quemarse los dedos.
Se tiene que construír una economía deshumanizada que proteja los intereses hegemónicos, aunque la deuda social crezca en los países hacia los que extienden su influencia.
El dinero fluye; pero no como cascada solidaria sino como usura exigente y restrictiva. Se presiona a los gobiernos para que, a favor de las Corporaciones, se establezcan estructuras succionadoras que degradan el bien común e incrementan las concentraciones monopólicas.
El auténtico desarrollo podría ser el verdadero nombre de la paz. Pero cuando los desarrollos son financiados por los desarrollados que quieren seguir desarrollándose, aunque arrollen a los excluidos de sus privilegios, se establece la guerra interminable de la inconformidad.
Se critican imprecisiones y vaguedades, lineamientos intocables, incumplimientos comprobados, criterios insolidarios y aplazamientos recalcitrantes.
Se temen soluciones de utilería, una escenografía de presencias avaladoras de una posición ya tomada y de consensos estáticos y prefabricados, para que el viejo lobo pueda vestirse con la piel de oveja de la novedad falsificada.
Lo de fondo es ver si la tierra va a ser una colectividad o una comunidad y si es posible un recto uso de los bienes que tienen un destino universal, para que nadie quiera algo para sí, excluyendo a otros sino todos quiera todo para todos...

 

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