La mano y la oreja

Luferni

La mano firma primero y la oreja oye después.

La mano firma primero y la oreja oye después.
Es como poner la carreta delante de los bueyes.
Acordar primero y convocar después.
Objeciones y disidencias, rechazos y modificaciones no alterarán el acuerdo ya tomado. Pros y contras no alterarán lo ya decidido.
La Conferencia de Monterrey no tiene carácter deliberativo sino reiterativo.
Primero firmas y después “viriguas”.
La intocabilidad de lo establecido impide que se aterrice lo que quedó en las nubes. O que se afine lo que quedó confuso. O que se urja lo que fue sólo promesa. Se comprueba que no faltarán piedras de estériles “buenas intenciones” para seguir empedrando el infierno de las marginaciones.
Los que se indignan frente a la insolidaridad de los poderosos saben también que sus pancartas, sus machetes, sus porras, sus marchas, sus plantones y hasta sus enfrentamientos, si se dan, serán sólo como un garbanzo bien cocido en el zapato neoliberal.
El paso de protesta a propuesta ¿se irá reforzando en el porvenir?.
Para poder realizar la Cumbre de Monterrey, se utilizaron casi 16 mil toneladas de acero para construir 500 oficinas y se instalaron mil 200 micrófonos, dos mil 500 audífonos, 20 mil metros de cable de video y 40 mil metros de cable para computadora.
Carísimo bullicio y habladuría para no acordar nada y dejar todo como quedó prestablecido por los desarrollados, que quieren financiar su próximo desarrollo, arrollando a los que se dejen... Si la mano ya firmó... puede estar sorda la oreja...

 

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