Educación para nuestros días

Auxiliadora García Bellorín

La educación católica evangeliza educando en constante diálogo, promueve el verdadero progreso: la “edificación del mundo” y el crecimiento y promoción auténticos. Además, la educación católica forma conciencia ética, como afirmación de la dignidad de cada persona humana, está al servicio de los hombres con la pedagogía del servicio, fundada en los valores cristianos.

Hoy día, muchas de las escuelas han dejado de ser centros de desarrollo humano y se han convertido en fábrica de entes altamente cualificados en un mundo competitivo, en el que cada día vivimos la lucha de tener más y mejor.
Los padres y los maestros estamos formando niños muy informados, pero carentes de valores, de ética y de moral. Porque en el mundo actual para ser competitivos, debemos pisotear al que se nos atraviesa en el camino hacia la cúspide del éxito. Esto es preocupante, la verdadera educación es la formación de la persona humana en orden a su fin último y al bien de la sociedad.
Decía San Juan Bosco: “formemos buenos cristianos y honrados ciudadanos”, ¡qué acertada idea pedagógica! Y ante esto siempre me ha preocupado el hecho de que muchas escuelas “presuman” de ser laicas, y más preocupante es que algunos padres de familia, prefieran una “escuela laica” para sus hijos, porque no les gustan ni los padres ni las religiosas, que luego les inculcan ideas incómodas como: bondad, sacrificio, donación de sí mismo, compromiso con la humanidad y muchas otras. Y para que no me distraigan al hijo con rezadera y mojigaterías. No podemos reducir la educación a la preparación que el hombre necesita para trabajar en un sistema socieconómico. “La profesionalización no puede ser ni la meta exclusiva, ni la primera de la educación, a riesgo de aceptar vivir en una sociedad tecnócrata, que es en sí misma deshumanizante”.
Hay muchas escuelas, donde se promueven los valores, porque sepa usted que los valores están de moda, han alcanzado alto raiting en la vida actual; pero no se puede ofrecer lo que no se tiene, lo que no se vive, los valores no son cuestiones de que este mes o esta semana vamos a sembrar el valor del compañerismo... no los valores no se acuñan en unos cuantos días, se viven cada día, en cada lugar... es un estilo de vida que debemos fomentar en nosotros, en nuestras familias, en las escuelas, en el trabajo...
“La función de la educación no es otra que la de formar integralmente a las personas: hombres y mujeres inteligentes, creativos, seguros de sí mismos, justos, laboriosos, participativos y solidarios, únicos capaces de transformar la sociedad, recrear la cultura y reconstruir la historia (GS 55; Pue 1025).
Creamos en la educación y apostemos por su fuerza y capacidad para regenerar al hombre y a la sociedad; convirtámosla en una grande y fascinante aventura, por la cual vale la pena sacrificar la propia existencia.
La educación, por su propia naturaleza, se orienta hacia el futuro y tiene un carácter anticipatorio de los perfiles del hombre futuro, de la futura sociedad.
La educación católica evangeliza educando en constante diálogo, promueve el verdadero progreso: la “edificación del mundo” y el crecimiento y promoción auténticos. Además, la educación católica forma conciencia ética, como afirmación de la dignidad de cada persona humana, está al servicio de los hombres con la pedagogía del servicio, fundada en los valores cristianos.
Quienes hoy podemos inscribir a nuestros hijos en una escuela católica, apreciemos la gran oportunidad que ellos y nosotros tenemos de obtener de allí una formación humana y cristiana, que genera consciencia en la sociedad.

 

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