Valores "self service"

Prisciliano Hernández Chávez

“Creo en el hombre. He visto espaldas astilladas a trallazos, almas cegadas avanzando
a brincos... Podrá faltarme el aire, el agua, el pan, sé que faltarán. El aire, que no es de nadie. El agua, que es del sediento. El pan... sé que me faltarán. La fe, jamás. Cuanto menos aire, más. Cuanto más sediento, más. Ni más ni menos. Más” . (Blas de Otero).

 
Esta nuestra bella era, oscurecida por el desencanto de las ideologías y por las promesas incumplidas, vive la más pavorosa de las confusiones de identidad humana, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy? Y de entre ambas...¿quién soy?
Las respuestas se venden en el supermercado de las sectas, en la literatura irracionalista cuasiesotérica de corte beniteano, o se ofrecen en los valores “hágalo usted mismo” o simplemente “sírvase usted mismo”-self-sevice: que cada cual se cree sus valores a gusto y capricho, después consensados permitan la convivencia de tribu en la gran selva del modo americano de vivir; si es bueno para ti y mejor en compañía, adelante, “table dance”, espectáculos sólo para mujeres, secuestradores estilo Arizmedi , clonaciones, terrorismo escolar, parejas rotas, cínismos de grafiti o moral de garabato.
Se hace “tábula rasa”, de la sabiduría del pasado y de los grandes tesoros del presente: Esopo, Cicerón, Sócrates, Platón, Aristóteles, Santo Tomás, la Sagrada Escritura, la Madre Teresa, Juan Pablo II, y una lista interminable, sin excluir por supuesto, la sabiduría donada en la entrega de nuestros padres, grandes maestros, amigos leales y pastores prudentes, que cuanto más se alejan en el tiempo, se agigantan en nuestro horizonte vital.
Nuestros gobernantes, son timoneles, “kybernetes”, en cuyas manos está el timón de nuestra polis cuya destreza no ha de ser el poder del capricho carente de brújula, sino la posesión de una sabiduría y de una “virtus” o fuerza o valor, que traduzcan en justicia, fortaleza, templanza, y sobre todo, prudencia , el ejercicio público.
La teoría de los valores no empieza ni con Max Sheler ni con la Guía Didáctica para la Educadora del programa “Crecer”; la novedad está en el uso del término que traduce “virtud”,-virtus, vis,vires- fuerza, por valor.
El cambio del término, abre nuevas perspectivas, siempre y cuando integre los contenidos de una ética objetiva fundada en la densidad ontológica de la persona, como lo estudian Buber, Levinas, Ebner o Laín Entralgo, aunada a la ética teleológica (telos-fin) que descubre en el fin absolutamente último del hombre la fundamentación de su comportamiento, de modo que se esté mas allá de los bienes parciales -como pueden ser la economía, etc.,- y que sería la columna vertebral para sustentar valores parciales en virtud de ese bien absoluto o fin absolutamente último del ser humano y por su densidad ontológica de ser que existe por sí, sería Dios, verdad, bondad, belleza, absolutos, perfecciones identificables con su esencia.
En la perspectiva cristiana, el concepto “persona” que se clarifica desde la teología trinitaria, da identidad al cristianismo; persona según santo Tomás es una “relación subsistente y eterna”. Aplicado a la persona humana sería relación subsistente creada y por tanto apertura esencial al tú divino y al tú humano, acogida responsable y respetuosa en un autodonarse para crear el nosotros desde el misterio de Dios Trinitario hasta la realización como familia doméstica o la gran familia, ciudad de los humanos.
Por eso el Amor, así con mayúscula, es el valor absoluto y l a virtud suprema de la opción cristiana. Más que teoría, parte del acontecimiento de salvación Cristo Jesús, quien revela y realiza el plan del Padre de la Misericordia cuyo alcance es el misterio más pleno de comunión, en el gozo del Espíritu, amor personal y subsistente entre el Padre y el Hijo, unidad en la diversidad, en la cual somos inmersos desde nuestro bautismo en el tiempo y después lo viviremos, si existe la coherencia, en la eternidad.
Los criterios objetivos han de fundamentar nuestras decisiones en una moral de responsabilidad, en tanto personas. Mirar la dignidad, la totalidad y la grandeza de la persona humana en cuanto tal, ya de por sí es divisa fundante y orientadora de ética social, familiar e individual.
Los hechos que acontecen entre nosotros, exigen un juicio moral, de conciencia. ¿Cómo se va a asegurar la paz?... ¿sólo con un status policial y de espionaje? ¿Cómo fundamentar la responsabilidad en el medio ambiente? ¿sólo con un partido verde? ¿Cómo fundamentar la ordenación económico social? ¿sólo por el capitalismo etnocéntrico o el economicismo marxista con rostro indio? ¿Cómo manejar las posibilidades médicas, científicas y genéticas? ¿Cómo aprovechar nuestro tiempo libre? ¿enajenados por t.v., drogas, alcohol, sexo? ¿Por la tiranía de lo parcial? ¿Por el absurdo?
A la puerta está el límite: el vértigo de la nada, después de eros, viene thánatos, la muerte.
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