- “Los ojos son como las ventanas del alma” Me parece que es muy
cierto. Si nos detenemos a reflexionar acerca de nuestra facultad de
ver descubriríamos cosas impresionantes. Para los que tenemos la
dicha de ver, me parece que así es, se nos hace “normal”
despertar y ver lo que siempre vemos: la lámpara, la pared, el reloj,
la computadora, el espejo, el poster, el retrato preferido o a lo
mejor un crucifijo. Todo visto sin mayor importancia. Salimos a la
calle vemos el tráfico, la tienda, la casa del vecino, al vendedor de
gas, los ambulantes, al niño pidiendo pa´un taco, al chavo limpiando
parabrisas... vemos y seguimos viendo. Llegamos al lugar de trabajo y
vemos nuestra herramienta, el escritorio, el auto, los libros, la
maquina de escribir, la computadora, el teléfono, el bulto de
cemento, el trapeador, la lista de pacientes... vemos y seguimos
viendo. De todo ello resulta que, en general, no vimos nada ¿cómo?.
Claro como todo se nos hace “normal”, entonces a fin de cuentas no
vimos nada. Tal parece que lo “normal” pasa desapercibido, no se
percibe y si no se percibe ni siquiera es consciente. Me parece que
nuestro ver cotidiano debería dejar de ser “normal” para darse
cuenta que nuestro entorno ofrece más que lo que creemos ya hemos
visto. Nos sucede lo que proféticamente dijo Isaías: “Oirán y no
entenderán, y, por más que miren, no verán”. Es decir vemos sin
ver. Como cristianos católicos necesitamos ver como Jesús nos
enseñó. Jesús veía y consecuentemente hacía, es decir, ver
implica actuar en relación y a favor de lo visto...
- Ver lo que es y como es. Hoy en día está muy de moda entrar en la
“vida” de otros a través, precisamente, de la vista. Basta con
mencionar el decadente programa “big brother” (su símbolo es un
ojo abierto), se participa de su contenido esencialmente con la vista
-las cámaras ocultas nos lo permiten- Vemos cada detalle de la “vida”
de los que están dentro. Además de este programa existen sus
derivaciones, sea para artistas o deportistas -que para el caso es lo
mismo- y se corre el peligro de ver algún día uno de mujeres o de
niños. Otro programa es el llamado “La academia”, al parecer con
otros objetivos inmediatos, pero a fin de cuentas enviando el mismo
mensaje que los anteriores. Estos programas además de alimentar el
morbo del telesonzovidente, se enriquecen de una manera brutal por las
llamadas telefónicas. ¿Cúal es el mensaje central de dichos
programas?: ¿descubrir el valor de las relaciones interpersonales?
¿distraerse con las acciones de los que están dentro? ¿mantener
despierto el morbo?...Yo descubro que el objetivo de dicho concepto
televisivo es lograr que el espectador pierda el sentido de intimidad,
que pierda el valor de lo que es de sí mismo y de nadie más. En un
principio tal concepto televisivo se puede tomar como una “nueva
forma de ver televisión”, pero a largo plazo se puede convertir en
una forma de entender la vida (basta con investigar un poco acerca de
ello en las escuelas, en la oficina, en los hogares etc.)
- Creo que nuevamente estamos viendo sin ver, pues el que no
tiene intimidad no tiene identidad. Aprendamos a ver como Jesucristo,
recordemos que ver implica actuar en relación y a favor de los otros.
¿Cuál es tu forma de ver?
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