Pigmalión y Galatea

Roberto Fernández Iglesias - Periódico HOY, Quito, Ecuador

Para que los sueños se hagan vida, hay que labrarlos cada día en el marfil frío de la realidad, en vez de sentarnos pasivamente a esperar que la relación conyugal cambie.

Ovidio cuenta en Las Metamorfosis el mito de Pigmalión, el que no se casaba porque no encontraba una mujer sin defectos. Como era escultor, empezó a esculpir en marfil a la mujer de sus sueños. De día y de noche trabajaba en su obra y esculpió así a una mujer ideal. Conmovido por su imagen, la besó y, la estatua cobró vida y le correspondió. Aquella estatua, antes fría, ahora era cálida y sensible, humana y femenina. Se llamaba Galatea. Pigmalión se casó con ella y fueron felices de verdad y para siempre.
El mundo en el que vivimos nos representa con frecuencia las heridas de matrimonios frustrados por la desesperanza y el desencuentro, pero el problema es antiguo. Es muy dura la frustración al comprobar que el esposo o esposa ya no responde al perfil del ideal. Se descubren tarde a veces los defectos de la otra persona y se nos hace cuesta arriba la cotidianidad. Otras veces son cambios de circunstancias, de trabajo, etc. Empieza entonces el desencanto, la rutina, el aburrimiento y la crítica destructiva.
Este clima produce extrañamente como un Pigmalión negativo. Alguien que transforma a su cónyuge en lo peor, con base en el olvido, de cansancio, de desilusión. Se crea una atmósfera afectiva irrespirable hecha de negatividad, y se produce la catástrofe total. Así las cosas, se empieza a mirar alrededor. Y no es difícil encontrar alguien que a primera vista nos parece mejor por algún tiempo hasta que empezamos nuevamente a ver lo negativo y la historia quizá se repite, o por cansancio, nos resignamos ya para siempre, sintiendo con impotencia que cambiamos dólares por céntimos en el difícil mercado de los sentimientos.
Lo que nos enseña el mito de Pigmalión es que nuestras expectativas se pueden realizar cuando nosotros nos aplicamos a trabajarlas con esperanza de futuro. Para que los sueños se hagan vida, hay que labrarlos cada día en el marfil frío de la realidad, en vez de sentarnos pasivamente a esperar que la relación conyugal cambie, podemos transmitirle positivamente el mensaje con nuestra calidez, nuestro afecto, nuestro empeño por mejorar manifestado a través de los hechos.
No es un lenguaje con palabras. Es el idioma de los gestos, de la sonrisa, de la mirada. Nuestras expectativas anticipan el éxito o el fracaso. Y si nos aplicamos a sembrar amor en el jardín cercado de la intimidad, descubriremos que brota su planta frondosa, reverdecida, bien arraigada.
“Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón” (Ct. 8, 6), canta el Cantar de los Cantares desde el Antiguo Testamento hasta nuestros días. Puede ser una buena tarea compartida en estas vacaciones para tantos(as) esposos(as) que buscan el efecto del Pigamalión positivo.

 

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