- La línea que divide lo malo de lo bueno no pasa por los grupos
humanos.
- Pasa por el centro del corazón de cada hombre.
- Antes del juicio final nadie puede colocar a nadie ni a la derecha
ni a la izquierda.
- Es actitud maniquea hacer clasificaciones precoces. El Maniqueísmo,
que se originó en Persia en los primeros siglos suponía que había
un dios bueno y otro malo y que el bueno había creado todo lo
espiritual y el malo todo lo material. De ahí vienen todas las
dicotomías discriminatorias de aprobación y desaprobación,
aceptación y descalificación , sacralización y satanización.
- Nadie puede colocarse la aureola de bienaventurado por anticipado y
condenar al que no la tenga. En la condición de caminantes de la
vida, de todos es el tropezar, el caer, el descaminarse, el detenerse
o devolverse.
- Y los valores, y los estilos de vida y los patrones culturales no
pueden absolutizarse como si algunos fueran la cristalización del
bien y otros fueran la línea del mal, como hace poco USA decía de
Irán, Corea e Irak, zarandeando de paso a Cuba, a la que ya se veía
con cara de médico asesino, preparando armas químicas para
contaminar a Occidente.
- Es fácil olvidar los propios terrorismos económicos y políticos,
militares y policíacos a la hora de enfrentar la furia de los que se
sienten oprimidos. Y autocanonizarse para excomulgar, con índice de
fuego, la reacción que se toma como acción y al eco que se toma como
grito.
- Se presentan las batallas como guerras santas en que los buenos
están castigando a los malos, en que los valores vencen a los
impulsos criminales, en que una supercultura subyuga y domina lo
diferente. Es el espíritu de Superman y de Rambo, de Hombre Araña y
de Popeye, de Batman y de todos los personajes que encarnan el
simplista heroísmo de acabar con aquellos a quienes se pone la
etiqueta de perversos.
- Es fácil tirar la primera piedra contra la adúltera cuando nadie
ha reconocido su propia soberbia, codicia y hedonismo. “Dime de lo
que presumes y te diré lo que te falta” dicen quienes han
descubierto que, no pocas veces, el desorden que se ataca, se tiene en
la propia casa y en la propia vida.
- Y que para cambiar el mundo hay que empezar por el propio escritorio
y nadie esperar que otro le doble su propio paracaídas... ¿Por qué
la opulencia y el dominio de algunos se vuelve terror y amenaza para
los demás?... ¿De qué terror viene el terrorismo?
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