La reciente despenalización parcial de la eutanasia y del suicidio
asistido en Holanda reabre debate sobre cuándo, cómo y quién decide la
muerte de un ser humano.
Morir para dejar de sufrir. Provocar la muerte, para no ver sufrir.
Pedir ayuda para dejar de vivir. Son los derechos que claman los
defensores de la eutanasia y del suicidio asistido. Complacidos, el
pasado 1 de abril aplaudieron la entrada en vigor de una nueva
normativa en Holanda que detalla en qué casos no se penalizará a
quien provoque la muerte de otra persona.
Según enlistaron los legisladores holandeses, los pacientes
terminales afectados por «sufrimientos insoportables» podrán ser
ayudados, si lo quieren, a morir por sus médicos, que deberán
atenerse a medidas concretas.
Holanda, que se caracteriza por ser una sociedad de “pionera” en
legislaciones de esta materia, se convierte así en el primer país
del mundo en el que la eutanasia (aunque parcial) alcanza status
legal. Los legisladores, eso sí, especificaron que quien practique la
eutanasia deberá estar convencido de que el paciente «ha hecho una
elección voluntaria y bien meditada».
El médico, por su parte, obligado por esta nueva normativa, debe
consultar con otro médico independiente antes de aceptar la petición
de un enfermo para que le ayude a morir. Esta segunda opinión “podrá
dar su consenso por escrito sólo tras haber verificado las
condiciones del paciente”.
La ley reconoce la validez de una declaración escrita en la que se
expresa la intención de recurrir a la eutanasia, incluso en el caso
en el que el paciente no sea ya capaz de decidir.
Precavidos, los legisladores holandeses, limitaron la edad para
solicitar la eutanasia: hay que haber cumplido 16 años. De los 12 a
los 16 años, será necesaria la aprobación de los padres.
El respeto de todas las “condiciones” exigidas por los
parlamentarios, será verificado por “Comisiones de Vigilancia”
integradas por tres especialistas en materia legal, médica y ética.
Una de las reacciones en contra vino Nederlandse
Patienten-vereniging (NPV), la asociación holandesa de enfermos. En
un comunicado oficial, asegura que la nueva ley atenta contra el
artículo 2, párrafo 1, de la Convención europea sobre la tutela de
los derechos de la persona y de las libertades fundamentales, según
el cual, «el derecho a la vida de cada individuo está protegido por
la ley».
Para la NPV, el hecho de que un niño de 16 años, sin el consenso
de sus padres, pueda decidir poner fin a su vida constituye una
«ulterior erosión de la autoridad de los padres, precisamente en
circunstancias en las que los padres y el hijo deberían apoyarse
mutuamente».
Opina un experto
El profesor Bernard Crul, de la Universidad Católica de Nimega,
Holanda, explicó recientemente su postura ante este cambio legal en
su país.
--La referencia, en la ley holandesa, a «sufrimientos
insoportables» es la justificación fundamental en la que se basan
todos los que apoyan la eutanasia...
-- Es verdad. Algunos médicos, sin embargo, cuando han llegado a
conocer las posibilidades que se ofrecen hoy día para el tratamiento
del paciente, dicen: «Si hubiera tenido conocimiento de esta
posibilidad, no habría aplicado la eutanasia a aquel determinado
paciente hace algunos años».
Otra cosa importante es el comportamiento de las personas que están
en torno al enfermo. Cuando es tranquilo y de consuelo, el sufrimiento
es menor. En mi opinión, muchas peticiones de eutanasia son
insinuadas al enfermo por el ambiente que le rodea. Cuando el paciente
siente que su presencia como enfermo no es grata, porque es demasiado
gravosa, que los amigos y la familia no logran soportar la fatiga que
se deriva de su sufrimiento, siente un gran impulso hacia la
eutanasia.
--¿En qué punto está la investigación sobre los cuidados
paliativos?
-- En un punto muy avanzado. Pero hay que encontrar siempre el
equilibrio entre el nivel de sufrimiento que el paciente es capaz de
soportar y el alivio que se puede ofrecer con los cuidados paliativos.
Yo tengo pacientes que me dicen: «Doctor, cuando no pueda dejar ya la
cama, pediré la eutanasia». Luego, cuando llegan a este punto,
cuando ya no pueden abandonar la cama, ya no piden la eutanasia porque
han aprendido a aceptar la nueva situación, y en esto les sostiene
mucho la postura del personal médico y de sus seres queridos.
--Con esta ley, un chico de 16 años puede elegir libremente
recurrir a la eutanasia. ¿No se corre el riesgo de opciones
apresuradas?
--Sí, ciertamente. Yo soy completamente contrario a una solución
como ésta. La depresión edurante la adolescencia es un diagnóstico
muy frecuente .
--Como médico, ¿qué implicaciones éticas tiene para usted la
eutanasia?
-- Yo no me cansaré nunca de decir que actualmente hay otras
posibilidades. Estoy convencido de que no sólo los médicos deben
proporcionar la solución. La comunidad, la sociedad, deben sostener a
los enfermos y hacer que la gente pueda morir con dignidad y
tranquilidad. No es justo limitar esto a un problema únicamente
médico: hay todo un campo muy amplio, que implica a toda la sociedad.
Fuente: ZENIT.org
Exit, la agrupación pro eutanasia
Los impulsores de una ley que regularice la práctica de la
eutanasia en el mundo, se concentran específicamente en Escocia,
Holanda (Países Bajos), Alemania, Australia, Japón, Canadá y
Estados Unidos.
De hecho, existen organizaciones formales que desde ¡1935!
promueven cambios en las legislaciones para que no se castigue o “confunda”
con homicida a quien practique la eutanasia. “Exit” (salida) es el
nombre que les identifica y que, descarnadamente, describe su postura
frente a la vida: si no tienes ganas de vivirla, ¡a la basura!
Con una gran respaldo económico, ofrecen orientación a todos los
que deseen optar por la llamada “muerte dulce”. El apoyo incluye
desde hasta información sobre cómo escribir una carta de “despedida”
a la familia, deslindándola de responsabilidades, hasta un resumen de
qué es lo que opina cada religión sobre el tema. Los principales
dardos apuntan hacia la Iglesia católica, los seguidores del Islam,
mormones y evangélicos, que se oponen a la eutanasia. El énfasis de
la argumentación a favor es “cada quien es libre para decidir”, y
de la libertad individual, se catapulta a “cada familia y cada
sociedad es libre de decidir” sobre cuándo una persona es útil o
debe morir.
Activos y prolíficos, los pro-Exit difunden por Internet, libros y
videos con manuales de cómo suicidarse. O, de cómo colaborar con un
“suicidio asistido”. Es decir, cuando un enfermo está tan débil,
que no puede ingerir por sí mismo la sustancia letal que le quitará
la vida.
El año pasado, incluso, la agencia de noticias Zenit informó sobre
la negativa de la Unión Europea al intento de patentar un “cóctel
de la eutanasia” (receta de sustancias que garantizan una muerte
rápida y sin vuelta atrás), cuya fórmula pertenece a la Michigan
State University, de EE.UU.
La estrategia a seguir, por las diversas agrupaciones pro eutanasia,
es condicionar, en un primer momento, a los medios de comunicación.
Luego, sigue en la lista, el Colegio de médicos y, por último, al
poder político. Su “llave maestra” para abrir nuevos espacios es
la de abogar por la «calidad de la vida», presentando