Ante los continuos ataques a la Iglesia Católica

Víctor Corcoba Herrero

Está de moda atacar a la Iglesia Católica. Cualquier motivo es suficiente. De una gota de agua se hace un mar de fuego. Todo va a un mismo saco. 

Está de moda atacar a la Iglesia Católica. Cualquier motivo es suficiente. De una gota de agua se hace un mar de fuego. Todo va a un mismo saco. Y aparecen los grandes titulares y las primeras páginas: Que si la Iglesia hace negocios ilícitos. Luego se demuestra que nunca ha realizado ninguna inversión en producto financiero fiscalmente opaco y se calla la noticia. Que si la Iglesia desprecia a los homosexuales. Y es todo lo contrario, los acoge en su seno como madre, lo único que hace es no admitir la práctica de la homosexualidad al considerarla un pecado, un desorden moral. En cuanto a lo último, a los obispos vascos, sí leemos todas sus páginas, y no las sacamos de contexto, veremos que hay una clara y terminante condena del terrorismo y de todas aquellas personas o grupos que colaboran con las acciones terroristas, las encubren o las defienden, actitud que ha sido una constante en su magisterio episcopal. Podríamos seguir narrando historias que son auténtica persecución a la Iglesia Católica. Lo más reciente que he oído en algún medio de comunicación, a sus tertulianos, es aconsejar que no se ponga la cruz, a favor de la Iglesia Católica, en la declaración del IRPF.
Olvidan los comentaristas la gran labor que hace la Iglesia católica en el mundo. Con la brevedad de un artículo, les voy a recordar unas pocas. La familia, de fundación matrimonial, es protegida y ayudada sin reservas, a través de diversos movimientos eclesiales que luchan por la falta de políticas familiares justas. También se solidarizan con las familias rotas, y con tantas otras que no tienen vínculo con la Iglesia católica, mediando en los conflictos familiares, poniendo a su disposición especialistas competentes, que suelen actuar como voluntarios.
En cuanto a la emigración/inmigración, esta Iglesia apuesta y vive el reto de la pluriculturalidad. La pastoral gitana intenta ofrecer a los gitanos, cuya presencia entre nosotros ronda los 500 años, la riqueza del Evangelio. La historia de la Pastoral de la Salud ha sido un camino de vida. Un camino fiel al mundo de la salud y al evangelio, un camino creativo y abierto a la colaboración de instituciones y personas para responder a las necesidades, un camino trazado entre todos y que cada uno lo ha recorrido a su ritmo.
En la misma línea, otra pastoral, la de Justicia y Libertad, encarnada "entre los más pobres de entre los pobres", capaz de prevenir las causas económicas, sociales, educativas y laborales del delito, implicada en la defensa de los derechos fundamentales de las personas que padecen la precariedad y la exclusión social, comprometida con las personas privadas de libertad, defensora de sus derechos, buscadora de alternativas a la cárcel, corresponsable del proceso de integración social y la plena normalización de vida, sin estigmas, de las personas liberadas.
Esta Iglesia también se compromete cada vez más en favor de la juventud, y tiene su presencia en la Universidad, orientándoles y ayudando a esos jóvenes débiles, para que construyan un mundo más humano, justo y compasivo.
Es cierto que la Iglesia tiene un patrimonio extenso y variado, nacido en su seno, para fines religiosos, y que hoy atrae hacia sí un gran interés cultural. Son creaciones artísticas para el servicio divino, que expresan la fe y que son un extraordinario instrumento para evangelizar a cuantos las contemplan. Tiene una finalidad litúrgica, evangelizadora y pastoral, a la vez que está abierto al estudio y a la contemplación de toda la sociedad, sin distinción alguna, haciendo jornadas de puertas abiertas.
Por todo ello, por lo que hace a diario, por lo que es, no es aceptable tanto ataque, ni contraponer la Iglesia “institucional” con la Iglesia “comunión”. No vale eso de “Cristo sí, Iglesia no”. Esta contraposición, no tiene sentido. La lógica del misterio de la encarnación -sintetizada en ese “sí” a Cristo comporta la aceptación de todo lo que en la Iglesia es humano, por el hecho de que el Hijo de Dios asumió la naturaleza humana en solidaridad con la naturaleza contaminada por el pecado en la estirpe de Adán.

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