Los poderes

Adolfo Carreto

Iglesia y Sociedad Civil, dos Poderes que se encuentran y se distancian a conveniencia.

 
Está gustándome este asunto, escándalo,
preocupación, manipulación o lo que sea, de la carta
pastoral de los prelados vascos. Posee todos los
ingredientes del morbo. Con todo lo confuso que está
desarrollándose el caso, algo está quedando bien clarito:
que los poderes, los grandes poderes, luchan todos por su
impunidad, luchan todos por el supuesto derecho que creen
poseer de intocables, luchan todos por ese punto de honor
a la antigua usanza, cuando el honor había que
restablecerlo con el desafío, con la espada y padrinos
como testigos, o con el duelo a pistola antigua, cuando ya
se inventaron las pistolas.
Dará mucho de que hablar este altercado
gobierno/iglesia porque es un altercado gobierno/iglesia,
poder espiritual contra poder político, poder político
contra poder espiritual; dará mucho de que hablar este
asunto y con bastante más juicio que el de las
declaraciones de parte y parte de ahora, las cuales sirven
únicamente para titulares periodísticos y para seguir
avivando la polémica.
Y me gusta esta polémica, por Dios que sí, me
encanta este tira y afloja para ver si nos vamos aclarando
de una vez. Por parte del gobierno y por parte de la
Iglesia. El gobierno aplaude a la Iglesia en su momento
conveniente porque la iglesia es sabia y santa; lo hace
siempre que algunas de sus decisiones o legislaciones son
del beneplácito. Pero el gobierno desconfía de la iglesia,
y pasa a ser perversa, cuando ya no aplaude su proceder.
Entonces, la iglesia pasa a mear fuera de tiesto, que es
como se dice, para entendernos. Y no únicamente con
respecto a este caso de la pastoral de los prelados vascos
sino a otros muchos de simple convivencia social.
Ocurre exactamente lo mismo a la inversa: la iglesia
o sus representantes parecen flores a las cuales no se les
puede tocar el pétalo porque pierden al aroma y la
frescura. Y como ya eso del asunto de fe obispal no
funciona, o solamente funciona en la jurisdicción
respectiva, pues cada quien que se atenga a las
consecuencias de sus dichos y de sus hechos. La feligresía
que aguante.
Me parece que estamos viviendo la desvergüenza de
parte y parte. Un lenguaje ambiguo de cada lado, una serie
de descalificaciones interesadas, inoportunas, unos poses
que no son ejemplares ni para la feligresía política ni
para la religiosa.
Pues ya todos estamos claros: la iglesia es inmoral
y perversa según el gobierno y el gobierno es inmoral y
perverso según la iglesia. Eso teníamos que oirlo alguna
vez oficialmente y estos días nos lo están machacando para
que no se nos olvide. Hasta se quiere meter en el pleito
al Vaticano pero el Vaticano, muy diplomáticamente, dice
sí y no, hombre, está mal pero tampoco es para tanto, ha
sido solamente ?inoportuna? esa pastoral. Vamos, un
desliz, cosa de poca monta.
Mucho para discutir con seso, tanto política como
religiosamente, y eso me gusta, tiene morbo, para que
vayamos enterándonos los de a pie quiénes nos dirigen y
aconsejan.

 

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