Un Nuevo Orden
Fernando F.Funes
Los misiles intercontinentales amenazan cruelmente la paz tanto como las
estructuras de injusticia que someten a millones de hombres, privándolos
de su dignidad, condenándolos a la despersonalización, y a una
preanunciada muerte.
En
estos tiempos una común preocupación une, ciertamente, a los pueblos de
nuestra América más allá de coyunturas circunstanciales, más allá de
esquemas supranacionales que fuerzan por demorar su definitiva liberación.
Una misma preocupación también nos hace trabajar, aunque todavía no
demasiado juntos, por el bien de la humanidad y el porvenirde cada pueblo,
especialmente de aquellos que se esfuerzan por ver reconocida y respetada
su dignidad.
Preocupación que nos llama a ser artífices del entendimiento entre todas
las personas y los pueblos, a favorecer la paz y la justicia. Los hombres
y mujeres latinoamericanos estamos llamados a ser hombres y mujeres de
paz, de entendimiento y hacedores de estructuras fraternas.
Las sociedades humanas nacionales e internacional, serán juzgadas en el
terreno de la paz por la contribución que hayan dado al desarrollo del
hombre y el respeto de sus derechos fundamentales.
Si
toda sociedad debe buscar y garantizar el derecho de cada individuo a una
existencia digna, este derecho no se podrá separar de otra exigencia
fundamental: el derecho a la paz. Paz que es amenazada además de con la
guerra, con el desconocimiento de la calidad de persona de todo hombre.
Paz que hoy, como en ningún otro tiempo es amenazada, signando de antemano
un futuro de dolor a millones de víctimas inocentes ajenas a los hechos
que desencadenan las acciones estas violentas. Son los más débiles los que
de mil formas se ven sometidos al hambre, al exilio, al dolor, al
sacrificio o la pérdida de hogar, de familia y de patria, cuando no a la
muerte, casi siempre cruel.
Se
deben buscar incansablemente todos los medios capaces de conducir a la
paz, y ella se logrará mediante el desarrollo y la plena liberación del
hombre. Alguien dijo que mientras exista un excluido , su misma condición
amenaza la paz.
Urge humanizar todas las relaciones considerándolas sometidas al bien
supremo de la paz, desde el respeto de la dignidad de la persona en todos
los campos de su actuación. Humanizarla es tener como fin al hombre y como
medios a aquellos que ayuden a su progresiva plenificación.
En
ese sentido vivimos un presente de violencia, que es un mal y que es
inaceptable e indigna del hombre. Hay violencia real en los rostros
desfigurados de humanidad de millones de hombres, mujeres, ancianos y
niños del mundo y de nuestra América, presos de la desesperación por su
exclusión y marginación. Violencia que tiene escasa condena, más allá de
las enunciaciones de los índices estadísticos en los foros técnicos,
académicos y publicaciones de organismos internacionales.
Por ello es menester aunar voces para realizar una denuncia profética que
conmueva el corazón de quienes tienen en sus decisiones la vida de pueblos
y hombres.
El
ideal de la paz excluye la violencia que se genera desde las estructuras
de injusticia y exclusión, y propone a todos cambiar el derrotero hacia la
construcción de estructuras fundadas en la fraternidad y la solidaridad.
No
puede haber paz ni desarrollo en una comunidad sin un compromiso serio y
decidido en la aplicación de la justicia social. Justicia que supere el
planteo meramente asistencial y dependiente.
Paradógicamente, es este un tiempo propicio para cambios fundamentales en
la visión y en la aplicación de la política económica y las relaciones.
Es necesario alentar a los nuevos líderes de América y del mundo para
replantear y fundar desde los distintos ámbitos de actuación bases para la
construcción de estructuras y relaciones que teniendo al hombre como
sujeto a plenificar se comprometan en la promoción de la justicia y en la
defensa de los derechos fundamentales de la persona.
Convertir el corazón
En
el complejo problema de la pobreza en Argentina y de toda América existen
causas no solo coyunturales, sino también estructurales relativas a la
organización socio económica y política de la sociedad . Es un factor que
se ha de tener en cuenta, pero detrás de estas causas está también la
responsabilidad de los hombres que crean estructuras y organizan la
sociedad. Una ola generalizada de rechazo a clases políticas, haciéndolas
responsables de conductas y hechos de corrupción, denuncian en nuestros
países, el agotamiento moral de un sistema de representación que exige
cambios.
El
egoísmo del corazón humano se constituye en tantos males sociales.
Pedir la conversión del corazón para que todos, en empresa solidaria
colaboren en la creación de un nuevo orden social, que sea más conforme
con las exigencia de la justicia.
Es
necesario, desde ahora, poner el empeño para crear estructuras renovadas
superando los esquemas basados en una economía orientada casi
exclusivamente en función del rendimiento máximo, con miras a un solo
beneficio, para posibilitar la solución real y efectiva de los graves
problemas que a diario va asumiendo proporciones de escándalo y cuyas
víctimas son los más débiles. |