Los crucifijos
Adolfo Carreto
Y
es que a veces nos empeñamos en enredar las cosas. Si hablamos de
tolerancias no podemos hablar de tolerancias a medias. Si predicamos que
respeto a todas las creencia, pues respeto a todos, y no nos quejemos
únicamente cuando se irrespeta a la nuestra. Luego hablamos de fanatismo y
esas cosas, luego nos quejamos cuando los ánimos se desbordan
Entiendo que Roma es una ciudad cristiana por antonomasia y más
concretamente católica. Sé que Roma, sin la cultura del cristianismo,
sería una ciudad vacía. Sé que el Vaticano pesa mucho porque es un estado
anclado dentro de la ciudad, y porque es la sede oficial del representante
de Cristo. Sé que cada piedra romana es un decidido cimiento de la fe que
alimenta a romanos, italianos y europeos en general. Y sé que el Papa ha
insistido para que en la Carta Magna de la Comunidad europea se haga
alusión a la cultura cristiana, pues sin ella Europa perdería parte de su
identidad. Por todo esto y por mucho más entiendo también el sentido de la
polémica suscitada en Italia sobre la obligatoriedad de instalar
crucifijos en todas las aulas escolares.
Pues bien, con todo y que yo no puedo dar un paso sin mi crucifijo al
cuello, me parece que eso de la obligatoriedad oficial, a estas alturas, y
con los vientos que soplan, es un tremendo despropósito. Más despropósito
todavía si la propuesta de la Liga Norte prospera: colocar crucifijos en
las estaciones de tren y en los aeropuertos.
Me parece que se trata de echar leña al fuego en un tiempo en el que
necesitamos más creencia tolerante, menos creencias fanáticas y más
respeto por los símbolos. Llenar a Italia de cruces es una provocación
para quienes no creen en lo que nosotros creemos y sobre todo para quienes
nos adversan, que también los hay.
Lo
peor del caso es que el asunto de los crucifijos se va desviando por el
rubro de la política, y es precisamente por este sendero por donde las
religiones se denigran, como tenemos comprobado, sobre todo en este
momento en el que Italia y el resto de Europa se hallan inmersas en los
problemas implícitos a la inmigración y a la educación. Y estos temas son
muy delicados, y muy de cultura globalizada.
Porque los extremos conducen a los extremos. El presidente de la Unión de
Comunidades Judías de Italia ya propuso lo contrario: eliminar todos los
crucifijos, cambiarlos por la doble hélice de DNA, símbolo de la
humanidad. Lo que me parece un exabrupto. Igualmente el presidente de la
Unión de Musulmanes ha amenazado con recurrir a los tribunales. ¿Se dan
cuenta?. Y es que no se puede jugar con fuego. No nos inventemos ahora la
guerra de los crucifijos, por el amor de Dios, que con las que nos dan ya
tenemos bastante.
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