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Tres santos para nuestros días

Jaime Septién Crespo

Los santos ven a la creación —decía Bernanos— como lo que es: un acto de amor. Encuentran que Dios no necesita milagros para expresar su Existencia al hombre. Basta mirar la hormiga o la estrella para descubrir algo extraordinario, un hecho de remotas dimensiones, un gran acontecimiento. Basta mirarnos con detenimiento a nosotros mismos. Los santos son grandes destinos que se escapan a nuestra comprensión: brutales explosiones de libertad en un mundo aterrado ante la libertad. Esta semana tenemos tres ejemplos para habitar en ellos.

1 de octubre.- Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz: el camino de la humildad. Su ejemplo es la entrega total al amor de Cristo. Con una inteligencia mayúscula y con una voluntad de hierro, no le importaba caer, sino que en la caída no pudiera reconocer su debilidad. Contra la soberbia que en nosotros crea el poder (cualquier poder), lo que Teresa Martin quería era no gustarse a sí misma. Sólo negándose, el hombre puede ofrecer al divino Maestro un dulce asilo. Enseñanza: La humildad del corazón, única vía para buscar y para encontrar la verdad.

4 de octubre.- San Francisco de Asís: el camino del abrazo a la Creación completa. Su ejemplo es un llamado a la “conversión ecológica”. Despojado de todo, incluso del instinto a conservar la propia vida, sabía extraer el jugo de las cosas del mundo. Pero ese “jugo” no lo tomaba para sí mismo, sino como un combate frontal contra el demonio; el demonio del dinero, del placer, del poseer. Su admiración por Dios no conoce límites. Sólo los de su cuerpo terrestre. Enseñanza: La austeridad para combatir la tentación, única vía para poder dejar entrar a Dios en el alma.

6 de octubre.- Josemaría Escrivá de Balaguer: el camino de la santificación diaria. Su ejemplo es el de la totalidad de la santidad. Para quien el día de hoy sube a los altares, nadie escapa de poder hacer de su vida, de su trabajo, de su profesión, un himno a la misericordia divina; a la esperanza de que Dios existe. Y si existe, y está a nuestro lado, nunca tenemos que hacer cosas raras: todo lo que debemos hacer es hacer aquello que hacemos entregándoselo a Él. Enseñanza: La transfiguración de lo ordinario por el amor, única vía para hallar a Dios al lado de nosotros.

Finalmente, lo que los santos nos vienen a decir es que, de verdad, hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios; que esto es genial, y que el amor salva.

 
 

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