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El libro de la vida de la fe (a 10 años)

Por Jaime Septién

Al finalizar el sínodo extraordinario de los obispos en 1985, e inspirados en lo que Pablo Vl llamó “el gran catecismo de nuestro tiempo”, es decir, el concilio Vaticano II, los padres sinodales le expresaron a Juan Pablo II su deseo de que fuese “redactado un catecismo o compendio de toda la doctrina católica tanto sobre la fe como sobre la moral” y que fuese referencia de los catecismos locales, expresando una doctrina segura. Lo que se pedía era la doctrina eterna de la Iglesia adaptada a la vida actual de los cristianos. Tarea complicadísima.

Siete años más tarde, tras una amplía, casi se diría universal, consulta, el 11 de octubre de 1992, el día exacto en el que se cumplían 30 años de la apertura del Vaticano II, el Papa daba a la cristiandad este verdadero tesoro de la fe; este texto de referencia obligatoria “para una catequesis renovada en las fuentes vivas de la fe”.

Catecismo deriva del verbo griego “kathachein”, que indica una forma de instrucción religiosa elemental y sistemática, pero también un compendio particular de la fe cristiana; un libro total preparado como instrumento de la catequesis. El antecedente inmediato al de 1992 era el Catecismo romano o Catecismo tridentino, expedido por el papa Pío V “a los párrocos” en 1566. De más de cuatro siglos fue la espera. 

Tanta espera rindió frutos:  el Catecismo de la Iglesia católica, el que gozamos, por esfuerzo de Su Santidad Juan Pablo II, con la coordinación del cardenal Ratzinger, valdría, por sí mismo, para hacer pasar a la posteridad a nuestro Papa actual como una figura de dimensiones extraordinarias en lo que se refiere al cuidado del delicado depósito del amor a Cristo.

Este catecismo cumple con creces el ser:  iniciación en la fe (para los que no la conocen); instrucción de la fe (para los bautizados) y regla de la fe (para todos los que formamos la Iglesia).  Además de ser libro de “Magisterio”, es, verdaderamente, magistral; magnífico.  Como aliento de la fe en la comunidad cristiana, pocos textos pueden cumplir mejor su tarea.  Porque este Catecismo, como “libro de la vida de la fe”, dejó atrás su intención de hablarle a los niños, para hablarle, al corazón, a los jóvenes y, sobre todo, a los adultos.

Es, pues, obligación nuestra tenerlo en casa, leerlo, consultarlo, hacerlo vida en nuestra vida:  en el Catecismo de la Iglesia católica está la enseñanza de la Sagrada Escritura, la Tradición viva de la Iglesia, el Magisterio auténtico, así como la herencia espiritual de los padres de la Iglesia, de las santas y los santos que nos permiten entender, gozar y entusiasmarnos hasta el tuétano con el Misterio cristiano:  el Misterio del que está constituida nuestra maravillosa condición humana.

 
 

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