Dos años después, la Oración
por la Paz en Euskadi sigue siendo necesaria
Antoni Deulofeu, párroco del
templo que acoge cada mes el encuentro, valora muy positivamente la
experiencia
Ignasi Miranda
e-cristians.net
Un
grupo de creyentes catalanes y varias entidades pusieron en marcha en
octubre del año 2000 una iniciativa a favor de la paz en Euskadi. Lo
hicieron con el instrumento que más une a los cristianos: la oración. La
banda terrorista ETA no sólo no dejaba de matar en el País Vasco sino que,
además, acababa de iniciar una terrible campaña de atentados en Cataluña.
Ahora, dos años después, la Oración por la Paz en Euskadi tiene más
sentido que nunca porque el terrorismo continúa presente y porque el clima
político no está favoreciendo precisamente el necesario diálogo entre los
que creen en la deseada paz. El próximo miércoles, 16 de octubre, la
parroquia de San Agustín de Barcelona acoge, a las 20.00 horas (19.00 GMT)
el encuentro que coincide con este segundo aniversario. La periodicidad es
mensual, concretamente todos los terceros miércoles de mes.
La
Oración por la Paz consiste en una celebración de la Eucaristía que
incluye invitaciones específicas a pedir a Dios el final de la violencia.
Durante estos dos años, han participado políticos de todas las ideologías
y creyentes procedentes de ámbitos muy diferentes. Desde la asociación E-Cristians
y desde el grupo promotor de la iniciativa, se ha intentado siempre que el
espíritu de esta oración común vaya más allá de la asistencia física y
sirva para promover entre la gente la confianza en Dios.
Desde la experiencia de la fe, se han vivido dos momentos especialmente
significativos desde octubre de 2000. El primero fue en enero de 2001,
cuando las fuerzas de seguridad desarticularon el comando de ETA que había
asesinado desde septiembre de 2000 en Cataluña. Los activistas habían
matado a dos concejales de localidades catalanas, Sant Adrià del Besòs y
Viladecavalls, así como a un guardia urbano de Barcelona y al ex ministro
Ernest Lluch, que ocupó la cartera de Sanidad durante el primer Gobierno
socialista de Felipe González (1982-1986). Los terroristas, sin embargo,
tenían otros objetivos y el encuentro de aquel mes, que estuvo presidido
por el cardenal Ricard Maria Carles, sirvió para dar gracias a Dios,
porque "protegió Barcelona de nuevos crímenes", se dijo textualmente. El
otro momento importante llegó en septiembre de 2001. Los atentados contra
Nueva York y Washington, unos hechos que marcaban las relaciones
internacionales y condicionaban la paz mundial, hicieron que los
organizadores de la Oración por la Paz en Euskadi añadieran también "en el
mundo". Y es que rezar por la paz no se limita nunca a unas fronteras
determinadas.
La
sensación de contribuir
"Rezar con confianza es lo único que podemos hacer de manera estable los
cristianos", asegura Antoni Deulofeu, párroco de la iglesia de San Agustín
y anfitrión del encuentro mensual. Como balance de estos dos años, el
sacerdote considera que "la experiencia es muy positiva porque la fe
constituye un pilar básico para mantener la esperanza a pesar de los años
que llevamos -más de 30 - sufriendo las consecuencias del terrorismo". A
menudo la sociedad civil, la misma que pide a ETA que deje de matar,
también exige diálogo a los políticos: "Cada uno tiene que trabajar de la
mejor manera que pueda, y la mayoría de la sociedad tiene la sensación que
en este tema no hay nada que hacer, pero si encomendamos el problema a
Nuestro Señor y también a la Virgen María, entonces tendremos la sensación
de que todos podemos hacer mucho".
La
Oración por la Paz en Euskadi y en el Mundo, que prevé desde el principio
la posibilidad de extenderse a otras ciudades, espera que llegue un nuevo
momento fuerte: el del final del terrorismo, el de la paz. De hecho, no se
trata de una iniciativa nueva. A pesar de las diferencias entre los
problemas de violencia presentes en muchos países, lugares como Corea -por
la paz definitiva entre el norte y el sur de la península -, Tierra Santa
-por la paz entre israelíes y palestinos -, Colombia -también por el final
de la actividad terrorista - y los mismos Estados Unidos -para que no se
repitan hechos como los del 11 de septiembre- han acogido recientemente
experiencias similares de oración, unas más preparadas y otras más
improvisadas. Todo tiene el denominador común de buscar una paz
fundamentada en la fe, la esperanza y sobre todo el amor.
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