Católicos en Rusia: entre el
Estado y la Iglesia ortodoxa
Pablo J. Ginés, enviado
especial de E-Cristians en Rusia
Entro en la iglesia ortodoxa de Nuestra Señora de Kazán en San
Petersburgo, me santiguo a la católica. En un lateral celebran un oficio
de difuntos. En el altar hay, además, una Misa matutina con una veintena
de fieles, varias señoras mayores y algún joven con pinta de ejecutivo.
Hay, además, muchas otras personas que compran velas, escriben peticiones
en unas notas y las pasan al diácono para que él las presente en oración.
La mayoría de la gente no está atendiendo los oficios, sino rezando
delante de los iconos.
Pregunto a mi amiga y guía Masha qué icono me recomienda para poner unas
velas por mis conocidos ateos e incluso anticlericales, especialmente los
que conozco por Internet. Me sugiere el icono de los mártires de Rusia,
víctimas de las persecuciones comunistas. Al principio dudo... ¿no serán
unos santos "demasiado locales"? Masha me responde que no, que tampoco los
mártires de Roma son locales (Santa Perpetua y Santa Felicidad, San Cosme
y San Damián, etc.). Los mártires son de todos, testigos universales de
Cristo en tiempos sangrientos, y aquí en Rusia ha corrido mucha sangre y
mucho desprecio.
Rezos en el Museo del Ateísmo
Así que pongo la vela y rezo aquí, en esta céntrica parroquia... que hace
pocos años era el Museo del Ateísmo, el único del mundo. Por aquí pasaron
cientos de miles de estudiantes soviéticos: estatuillas de dioses paganos
y figuritas sagradas exóticas se amontonaban con iconos cristianos para
demostrar la fecundidad supersticiosa del hombre creyente. Donde hoy hay
una lámpara, colgaba un enorme péndulo de Foucault, icono colosal de la fe
en la ciencia, legitimadora del poder soviético. Visitar el museo era una
actividad complementaria a la asignatura de "Ateísmo científico", que se
impartió en la educación universitaria hasta la "perestroika", las
reformas políticas impulsadas por Mijail Gorbachov.
¿Victoria de la fe en Rusia? La hermosa ironía de pedir en el ex museo a
los mártires de Cristo, víctimas de un sistema ateo y deshumanizador, que
intercedan por mis conocidos anticlericales, es sólo una gota de oración
en el desierto ruso. Sólo el 2 por ciento de los que se declaran ortodoxos
en las encuestas van a misa cada semana. La incultura religiosa del país
es total. El 9 de agosto, fiesta ortodoxa de la Transfiguración, es
tradicional que la gente coma manzanas (igual que hay zonas en España en
las que se come tortilla el primer día de Cuaresma). Sin embargo, el
principal telediario de Rusia "explicó" a millones de telespectadores en
hora punta que ese día los ortodoxos "comulgan con manzanas".
La
TV y los pantalones son pecado
La
Iglesia ortodoxa está muy débil y no catequiza a los conversos. El
Gobierno da dinero para grandes templos en sitios estratégicos, símbolos
arquitectónicos de la "nueva Rusia", pero no para atención pastoral. Una
señora que conozco bien se animó a bautizarse estas Navidades pasadas. No
le han ofrecido ninguna formación en su parroquia, pero allí le dijo el
pope que ver la televisión y llevar pantalones es pecado, aunque ella ha
notado que en invierno, cuando todas las mujeres los llevan contra el
frío, no las regañan.
Mi
amiga Nadika, una chica joven que habla polaco, inglés y francés, es un
caso rarísimo. De adolescente ingresó en un grupo de chavales de la
parroquia ortodoxa de San Cosme y San Damián, en Moscú. Esta parroquia,
impregnada del espíritu del padre Alexander Men -asesinado hace pocos
años- es de las poquísimas que tienen algún grupo con actividades y
formación bíblica para jóvenes... y no tan jóvenes. Nadika luego se hizo
católica ("es impresionante poder tocar, tener en tu mano, el Cuerpo de
Cristo, tan físico") y hoy es la única católica que reza con el único
grupo de estilo carismático ortodoxo de Moscú y quizá de Rusia. Joven, con
formación, católica y carismática... un espécimen raro que no se repetirá.
Nadika aprecia poder entrar en la iglesia católica con pantalones y con el
pelo suelto. Las misas rusas en la parroquia católica de San Luis de los
Franceses (también las hay francesas, polacas e inglesas) son devotas,
austeras, sentidas. Apenas hay abuelitas... la mayoría es "inteligentsia":
estudiantes, técnicos, profesionales, gente que se ha convertido al
catolicismo en los últimos diez años.
Durante el comunismo, Rusia tenía sólo dos sacerdotes: uno en la parroquia
de Lourdes en San Petersburgo; otro, un ancianito sordo para celebrar Misa
y confesar aquí, en San Luis, justo detrás de la central de la KGB. Hoy
hay unos 250 sacerdotes en toda Rusia, para unos 600.000 católicos que
siguen, más o menos, los sacramentos, del Golfo de Finlandia al Mar de
Japón. La Conferencia Episcopal del país cabe en un coche, y ahora van más
anchos porque el Gobierno ha expulsado sin ninguna explicación al obispo
Jerzy Mazur de Irkutsk, en Siberia Oriental, así que quedan sólo tres
obispos.
Hartos de expulsiones
En
San Luis tuve ocasión de entrevistar a finales de agosto al portavoz de la
archidiócesis de Moscú, el padre Igor Kovalevsky. Aún no se había
expulsado al padre Maszkiewicz, párroco de Rostov del Don, ni al padre
Wisniewski, expulsado a Japón desde el aeropuerto oriental de Jabarovsk.
El portavoz moscovita presentaba la situación con un lenguaje moderado.
"Rusia es un país laico según su Constitución y todos los rusos son
iguales ante la ley. Lo que pasa es que en Rusia no mandan las leyes, sino
las personas, y depende mucho de quién interpreta la ley", nos explicaba
Kovalevsky.
"Hay una discusión sobre la Ley de Religión de 1997 que da privilegios al
Islam, al budismo, al judaísmo y, por supuesto, a la ortodoxia. Pero
permite las minorías, que es lo que somos los católicos", decía
conciliador el portavoz de la archidiócesis. "Lo que pasa es que a veces
los funcionarios locales de provincias interpretan mal la ley, por ejemplo
contra comunidades protestantes, debido a influencias ortodoxas locales,
no oficiales".
El
discurso oficial de la Iglesia católica cambió de tono un par de semanas
después, cuando el arzobispo de Moscú, Tadeusz Kondrusievich, harto por
las dos nuevas expulsiones y la falta de explicaciones del gobierno ruso,
hizo circular por todo el mundo un comunicado donde hablaba en tonos
durísimos de "amplia campaña anticatólica", "creación del mito de
católico-enemigo", "expulsión sistemática de sacerdotes extranjeros",
"gestos brutales e insultantes".
"La cruda realidad nos hace retornar de hecho a los tiempos del régimen
anterior, cuando los católicos rusos se encontraban sin pastores y sin una
atención pastoral normal", denunciaba con claridad el dedo apuntando al
gobierno ruso. El obispo de Novosibirsk, Joseph Werth, incluso ha
declarado que existe en manos de la policía rusa una lista negra de "una
docena" de sacerdotes católicos extranjeros en Rusia para ir expulsando
próximamente.
¿Qué pasa realmente en Rusia? ¿Por qué el Gobierno expulsa sacerdotes e
ignora las quejas?
Dos colosos, y los católicos en medio
El
mejor análisis que he encontrado es el de Antonio Santi, misionero
italiano del Instituto Apostólico de San Pedro y San Pablo, con 25 años de
trabajo en Rusia (los 15 primeros en clandestinidad) y fundador de Cáritas
Rusia. Me recibe en la sede de Cáritas, me pregunta cuánto llevo en Rusia
y lo que sé del país, y a continuación expone su composición de lugar.
Según Santi, en Rusia se repite hoy el conflicto que hubo en tiempos de
Pedro I el Grande entre el Estado y la Iglesia ortodoxa, un conflicto de
titanes en el que los pequeños (judíos, católicos, budistas, protestantes)
no pintan nada y pueden usarse como letra de cambio según necesiten los
grandes. En aquel momento, el zar Pedro se impuso y dominó la Iglesia.
Hoy, tras 10 años de libertad sin comunismo, la Iglesia ortodoxa cree que
puede intentar aspirar a los tiempos gloriosos del siglo XVI, previos a
Pedro, donde, por cierto, el enemigo eran los católicos polacos. "Cuando
el Papa habla de ecumenismo y diálogo, los ortodoxos no entienden nada,
porque el Papa está en el siglo XXI y los ortodoxos, en el XVI, viendo
invasiones polacas", dice Santi.
Vladimir Putin, actual presidente ruso, tiene el mismo esquema: él es la
reencarnación de Pedro. Tiene un país inmenso que gobernar con varias
religiones y lenguas. El Estado se ofrece como un mediador independiente
de todas ellas... con poder para que todas ellas dependan del Estado.
Según Santi, esto sucederá cuando Putin se anime a crear un Ministerio de
Asuntos Religiosos.
Durante el comunismo, había tres poderes: la KGB, el partido y el
ejército. Hoy el ejército es débil, el partido ha sido sustituido por la
Iglesia ortodoxa, que debe aportar una espiritualidad común sustituta del
comunismo, y queda el Estado, con funcionarios ex kagebistas, como Putin
mismo, que deben regirse por una moral de servicio al Estado calcada de la
antigua KGB.
Antonio Santi recuerda que en el año 2000 la Iglesia ortodoxa sacó, por
vez primera en su historia, un documento general sobre doctrina social.
Hace pocos meses Putin hizo circular su propio documento sobre estos
temas, sobre la moralidad del funcionario, por ejemplo. Los planteamientos
de ambas doctrinas son muy distintas.
"Cultura ortodoxa", sustituto nacional del comunismo
Si
el Partido Comunista ocupó el lugar de la Iglesia copiándolo todo de ella,
ahora la Iglesia -en el plan de Putin- debe cumplir el mismo papel:
aportar ideología. Y esa ideología no es el Evangelio, ni Jesucristo, ni
la cristiandad. Se llama "cultura ortodoxa", y explica por qué a nadie le
importa que sólo un 2 por ciento de los ortodoxos vaya a Misa. En este
contexto, si desde la jerarquía ortodoxa se pide a Putin -o a una
administración- que dificulte el trabajo católico en tal o cual diócesis,
se hará mientras convenga a las relaciones del Estado con la Iglesia
ortodoxa. A cambio, la Iglesia ortodoxa abre procesos de canonización
sugeridos desde el Kremlin, construye templos en ciertas ciudades y no en
otras, etc.
Luka Gomulski, el joven ruso sucesor de Antonio Santi al frente de Cáritas
Rusia Occidental, puntualiza que el Estado ruso no se parece a una
democracia occidental del bienestar en absoluto. "El Estado no es social,
no le importa nada lo que pasa con los necesitados", dice Gomulski. "Tiene
dinero, o no construiría esas nueve residencias presidenciales. Cada
diputado de la Duma vive como un príncipe y tiene su inmobiliaria. Las
administraciones locales, las que tienen entre manos los problemas de
marginación, familias rotas y alcoholismo, pueden colaborar con Cáritas
localmente porque ellos a lo mejor tienen locales para dejarnos, pero no
tienen a nadie que se ocupe de dar servicio a los necesitados".
A
nivel de análisis político, Luka Gomulski piensa que "en Rusia no hay
política ni concepto de ciudadanía; si se acercan las elecciones se busca
un enemigo exterior. La última vez fueron los chechenos, mañana pueden ser
los católicos, porque los católicos aparecen siempre como extranjeros: la
televisión nunca enseñará a los jóvenes rusos que fueron a Toronto con el
Papa, por ejemplo".
"La Iglesia católica no se nota, es diminuta. El Estado nunca nos dará
nada. Nuestro arzobispo católico Tadeusz intentó hablar dos días con un
funcionario y sólo un mes después le atendieron. En cambio, la Iglesia
ortodoxa es estatal de facto, no oficialmente, y simboliza a millones de
electores. El Estado colabora con ella en grandes cosas, como el Templo
del Salvador o el Hospital Ortodoxo de Moscú, con beneficios fiscales
puntuales a quien apoye estas obras... y no otras. Y con todo, la Iglesia
ortodoxa, con tantas iglesias tan bonitas en Moscú, en el resto de Rusia
se encuentra en una situación muy pobre, sin gente ni dinero".
La
acción cristiana, respuesta cristiana
Gomulski y su maestro Santi no son teóricos. Están al pie del cañón en
Cáritas, han recorrido las calles y conocen los problemas de la gente, las
familias rotas ("en mi clase, de 40 alumnos sólo tres familias no estaban
divididas", recuerda Gomulski), el alcohol y el desinterés del "homo post-sovieticus".
¿Qué hacer? "Nuestro papel como católicos en Rusia es trabajar en
beneficencia y profecía", dice Santi. Algunos ortodoxos aprenden a actuar
sobre la sociedad. En el Templo del Salvador hay mucha propaganda contra
el aborto (usando datos de EEUU). Eso es nuevo en la Iglesia ortodoxa.
Muchos jóvenes ortodoxos, discípulos del Padre Alexander Men o del Padre
Alexander Kotchekov, viven comprometidos colaborando con las
organizaciones católicas de Cáritas. El ejemplo de acción social católico
empieza a calar entre los rusos más concienciados.
Hay signos interesantes. El padre Kovalevsky nos habla del Partido Ruso
Euroasiático, un partido político que opina que Rusia es un punto
privilegiado de encuentro entre el cristianismo oriental y el del mundo
asiático: en él militan diputados musulmanes y ortodoxos e invitan a sus
actos a representantes de otras confesiones. ¿Qué espacio puede hacerse la
diminuta Iglesia católica en este complejo tapiz? Como siempre, la
respuesta debe darse con actos concretos de solidaridad y apoyo a nuestros
hermanos.
Apoye a los católicos rusos conociendo un programa concreto de Caritas
Rusia que le presentamos en E-Cristians: proyecto para los niños
minusválidos de Moscú (http://www.e-cristians.net/listados/subcontenido.asp?ide=3139&lan=esp&cat=actividades)
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