El turismo, como factor de
amistad y comprensión
Víctor Corcoba Herrero
El
día veintisiete de septiembre, la Iglesia Católica, celebró la Jornada
mundial del Turismo, bajo el sustancioso y revelador tema del "Ecoturismo,
clave del desarrollo sostenible"; cuestión que nos brinda la grata
oportunidad de hacer algunas reflexiones sobre el fenómeno de la movilidad
y el mundo de las relaciones humanas, que cada día son más heterogéneas y,
a la vez, pueden ser más fructíferas si todos colaboramos con todos, o lo
que es lo mismo, si todos ayudamos a entendernos, desde la comprensión a
las diferencias. Por consiguiente, entiendo, que está bien eso de
acrecentar el tiempo libre (no estaría demás, dado el inmenso trabajo que
hoy realizan las máquinas, aumentar las licencias y vacaciones, o reducir
la jornada laboral; una forma, además, de repartir las faenas, y por ende,
de disminuir el paro), y que las empresas tuviesen entre sus
retribuciones, bonos para hacer turismo. Sería una manera de contribuir, a
que sus obreros, se relacionasen con otros mundos, otras culturas, y se
cultivasen, colmando así las carencias de humanidad que tanto nos inundan
hoy en día.
Sin duda, la experiencia del viaje, es una oportunidad peculiar de
conocimiento y sabiduría, puesto que pone a la persona en contacto con
otros pueblos y ciudades, costumbres y horizontes, distintos a los que
vemos a diario. Ya se dice: "El hombre que ha corrido mundo sabe muchas
cosas”. Pero no sólo se ensancha el intelecto, también se sosiega el
alma, que buena falta nos hace, para que el trajín diario, de acá para
allá, no nos canse, ni nos atrofie la vista de no saber mirar. Eso de
perder el tiempo, que al final lo gana el cuerpo, y de olvidarse del
reloj, es una saludable terapia se mire como se mire. Por ello, lo de
potenciar el turismo rural o marítimo, debe crecer. Cada día son más los
turistas que todos los años recorren pueblos y ciudades, hay muchos que
viajan con la finalidad explícita de descubrir la naturaleza, explorándola
hasta en sus rincones más ocultos; otros, sin embargo, prefieren
adentrarse en las históricas ciudades o abrazarse al mar y contarle sus
penas. Lo valioso es promover un turismo inteligente que tienda a valorar
todas estas bellezas, que tal vez con las prisas no vemos, acercándose a
ellas con respeto, gozando pero sin alterar su equilibrio, porque no se
puede negar, que la humanidad vive hoy una emergencia ecológica que hemos
de atajar; y la mejor manera de concienciarse, es conociendo las cosas,
para así valorar más lo que tenemos y lo que somos.
Así pues, es necesario avivar formas de turismo respetuosas con el
hábitat, moderadas en el uso de los recursos naturales y, también,
solidarias con las culturas de los sitios. Son formas inteligentes, o
modales éticos, que hemos de fortalecer para mejorar las formas de vida,
disminuyendo el diluvio de contaminaciones que soportamos a diario, y que
hacemos muy poco, unos y otros, para que cada día sean menores. Da la
sensación de que esto de mejorar el aire y aminorar los ruidos, o de
controlar los residuos, no va con nosotros. Y nada más lejos de la
realidad. A todos, antes o después, acaba pasándonos factura. Aquí todo se
paga, mal que nos pese; y el medio ambiente, es la casa de todos.
En
consecuencia, lo del ecoturismo, que celebra la Iglesia Católica como
medida de esperanza, es un acertado lema que ha de contribuir a adquirir
una nueva sensibilidad. Frente a la explotación imprudente del hábitat,
originada por la insensibilidad del hombre, la sociedad del nuevo siglo
debe encontrar, con relativa urgencia, soluciones para cambiar estilos de
vida actual. El turismo puede ser un instrumento eficaz para formar esta
conciencia, comparando entornos y formas de proteger esos espacios
habitables. Una actitud menos agresiva, con respecto al ambiente natural,
ayudará tanto a descubrir como a estimar, lo que poseemos. Nos interesa,
desde luego, no ser pasotas. También el turismo, aparte de mostrarnos ese
ambiente natural, por el que podemos caminar; nos ofrece ese otro ambiente
humano, que vemos por las calles, tantas veces agredido por la
explotación, la pobreza, el hambre o la falta de educación y salud. Ya se
sabe: Si quieres conocer un pueblo o ciudad, transita por sus vías, plazas
o parques.
En
suma, es verdad, que el turismo contribuye al entendimiento y al respeto;
pues, aunque es una actividad generalmente asociada al descanso, a la
diversión, al deporte y al acceso a la cultura y a la naturaleza, debe
concebirse y practicarse como un medio privilegiado de desarrollo
individual y colectivo. Si se lleva a cabo con la apertura de espíritu
necesaria, es un factor insustituible de autoeducación, tolerancia mutua y
aprendizaje de las legítimas diferencias entre pueblos y culturas. Lo
universal siempre es plural. ¿Entienden ahora lo de pedir más horas de
ocio, o sea más licencias y vacaciones?. En el fondo, menos producción si
se quiere, pero más calidad de personas humanas.
Turismo sano para una vida más saludable. Lo previsible es que el turismo
internacional aumente considerablemente en los próximos años; por ello, la
aplicación real del Código Ético Mundial, es algo vital para ayudar a
minimizar los efectos negativos de las avalanchas de personas en el medio
ambiente y en el patrimonio cultural. En efecto, el turismo, es una
fuerza viva al servicio de la paz y un factor de amistad y comprensión
entre los pueblos, que hemos de mimar y proteger.
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