Los ceros tolerados
Luferni
Hay tolerancias que son virtud.
Ser tolerante se entiende como no ser hermético,
inflexible, rígido. Saber comprender, saber escuchar, dar oportunidad de
ser y de expresarse. No tener la condena a flor de labio. No tener cara de
juez, con actitud dogmática, en una cárcel de ortodoxia radical.
Y hay tolerancias que son debilidad.
Cuando se tolera lo intolerable. Cuando se inhibe la
justicia y se deja pasar lo pernicioso para la comunidad. Cuando los
crímenes no se denuncian. O si de denuncian no se castigan. O si se
castigan, los trámites son morosos y la sanción es mínima. O si se
sancionan, al poco tiempo se recobra la libertad perdida.
Es una tolerancia cien frente a una responsabilidad
cero.
El cero de desarrollo y de justicia social ha generado
una criminalidad que se quiere detener ahora, en la capital, con una
tolerancia cero, importada de Nueva York.
Allá se denunció –en ejercicio de Giuliani- que hubo
abusos de la policía. Que se abusó de la violencia. Que no se distinguió
entre conducta y persona, especialmente cuando se trataba de frenar a
negros e hispanos. Las operaciones parecían tener ribetes de racismo.
Con financiamiento velado de grandes capitales se hará
este trasplante de tolerancia cero al estilo neoyorkino, con la asesoría
del criticado Giuliani.
Aquella trilladora de la que hablaba Schlarman era
magnífica; pero el grano mexicano era menor que el de USA. Con toda su
tecnología, no sirvió para las cosechas de acá.
Si se da el mal ejemplo de aceptar este tipo de
importaciones, hay el riesgo de que tengamos presencia de los premios
Nóbeles de USA, que son mayoría exclusiva, haciendo por acá tareas de
suplencia. El país empezará a dar chamba (¿pagada por quién?) a gente de
fuera, ejerciendo un macartismo que envidiaría la Malinche. Se podrían
establecer franquicias para hacer tareas políticas y económicas, en pulgas
de changarros transnacionales.
El cero de la tolerancia se vuelve intolerable cuando se
convierte en intervensionismo de mano dura, que trata al criminal como
basura, en pura represión, sin mejorar educación ni propiciar justa
distribución de bienes. Será como mantener un nivel de agua en el barril,
a base de chorros de manguera, sin tapar los agujeros del fondo.
Más que traer de Nueva York estos ceros, lo que hace
falta es acabar con todos los ceros intolerables en vivienda,
alimentación, empleo, salud, educación y evangelización. Resulta
intolerable el cero de tolerancia en comunidades cargadas de esos ceros,
que seguirán generando atropellos...
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