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País de misión

Adolfo Carreto

El misionero exótico, barba incluida, ha desaparecido, es verdad, pero el campo de misión ha crecido. Ya no es necesario salir del propio entorno para misionar.

El campo de misión, o mejor, de misionar, también hoy día ha experimentado transformaciones, cuantitativas y cualitativas. Los misioneros antiguos han dado el relevo a los misioneros de ahora. Y aunque se diga que los misioneros y las misiones han disminuido, no sé si será correcto; pienso que lo que ha variado es la forma de misionar, igual que han cambiado los escenarios donde los misioneros tradicionales se aposentaban.

Nadie puede dudar de que el actual pontífice inauguró una forma de hacer misión acomodada a los nuevos tiempos. El mismo se ha acoplado a todos los escenarios, a todas las lenguas y se ha esforzado en todas las edades, aunque su debilidad ha sido la juventud. Está convencido Carol Wojtyla de que la juventud es el relevo y quienes más abiertos están para lidiar con los nuevos tiempos y con los nuevos métodos.

Un año más se ha celebrado el Domingo Mundial de las Misiones, y en este día, además de recaudar fondos para sostener el ímpetu de los misioneros modernos, se ha recordado el nuevo concepto de misión. Allá por los años sesenta, cuando se dijo que Francia era un país de misión, muchos se llevaron las manos a la cabeza. ¿Cómo era posible que una nación como la católica Francia pudiera entrar en el rango misionero de los tradicionales países orientales (China, Japón, Indonesia, etc.), de los tradicionales países misioneros como los latinoamericanos, o los africanos?. Europa no era tierra de misión. Pero nos hemos dado cuenta de que sí, de que el continente de donde procedían los misioneros había descuidado el abono espiritual en la propia tierra.

El misionero exótico, barba incluida, ha desaparecido, es verdad, pero el campo de misión ha crecido. Ya no es necesario salir del propio entorno para misionar. Posiblemente los protestantes lo han entendido mejor que los católicos: día a día, semana a semana deambulan por las calles de ciudades y pueblos llamando de puerta en puerta. Y lo hacen con tesón, sin importarles los rechazos, sin importarles que el interlocutor aduzca otra creencia. Ellos insisten. Si no es este domingo la conversión, será el próximo.

El director de las Obras Misionales Pontificias, monseñor Francisco Pérez, obispo de Osma-Soria, ha dicho que “hacen falta cristianos en la Iglesia que tomen el relevo misionero”. Y ha dicho también que estos cristianos han de ser auténticos, viviendo conforme al deseo de Cristo. Es correcto. Pienso, no obstante, que también es necesario enseñar a misionar para los nuevos tiempos y las nuevas circunstancias. Los medios de comunicación social, por ejemplo, son excelentes instrumentos para llegar a cualquier tierra de misión. Y hoy día en los medios de comunicación, Internet incluida, son muchos los que se esfuerzan por misionar. Pero misionar por estos medios también cuesta dinero. Y hay que ayudar.
 

 
 

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