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Los nuevos asesinos

Adolfo Carreto

No tenía filiación política ni simpatías con extremismos religiosos. Internet fue su asesoramiento, su escuela y su apoyo técnico. “No soy un asesino, pero no me empujen a hacerlo”.

Es posible que siempre haya ocurrido lo mismo, lo que pasa es que antes no nos enterábamos, o nos enterábamos cuando ya no era necesario. Ahora no. Ahora las cosas ocurren y, con pelos y señales, a golpe de clic, hala, ya está, el mundo metido en nuestra casa.

El suicida de Helsinki se nos ha colado en nuestra habitación, en nuestra oficina, en nuestro lugar reservado, en nuestra intimidad. Bin Laden continúa mitiéndose para que nadie crea que es un fantasma. Puede que lo sea, pero él está empeñado en proporcionar argumentos a Bush para que el americano haga de las suyas. La ETA no quiere desaparecer y se nos mete hasta en la sopa, muy a pesar de los esfuerzos de Garzón, Aznar, el Partido Socialista y el resto de los españoles que se precien. Se introducen en nuestra intimidad, muy la nuestro pesar, porque las barreras y las intimidades han desaparecido desde el momento en el que la tecnología global ha robado el espacio a la meditación. Así que estamos a merced de cualquiera que intente introducirse en nuestro entorno. Es el precio que debemos pagar por haber logrado llegar al siglo XXI.

El suicida de Helsinki se ha metido hasta mi intimidad con siete víctimas mortales a su espalda. Un muchacho de 19 años que ni siquiera tiene mal ver. Un estudiante que no parece torpe. Un hijo de familia estable, de clase media, que no pasaba por mayores problemas. Aplicando en ciencias químicas y aplicado en computación. Se deshizo de siete personas en un centro comercial, siete personas anónimas para él, desconocidas para él, a quienes nada tenía que reprochar. Siete posibles pasantes, posibles compradores de sopa, posibles empleados, que encontraron la muerte porque a este estudiante aplicado, de buena familia, sin indicios de perturbación mental, se le ocurrió explotar la carga química en un centro comercial para ver qué pasaba.

Dice la noticia que ni tenía filiación política ni simpatías con extremismos religiosos, así que no se trata de un terrorista de los que ahora están de moda pero sí de un terrorista de los que están poniéndose de moda. Aprendió a preparar la carga mortal valiéndose de Internet y con asesoramiento de personas especializadas en el mundo de la química. Así que Internet fue su asesoramiento, su escuela y su apoyo técnico.

Han encontrado un mensaje, copiado de un cantante de rap, que dice así: “No soy un asesino, pero no me empujen a hacerlo”. Este muchacho se ha metido en mi intimidad y no sé cómo sacarlo. ¿A quién pido auxilio?.

 
 

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