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Generaciones amigas

Luferni

Ya se está superando la modalidad del aislamiento.

Los adultos plenos que llevan bastante juventud acumulada, la gente de experiencia, la gente mayor puede sentirse útil y alegre en una convivencia humana, llena de cálidos contactos humanos.

Así la practica el Centro Santa Ana para el Cuidado Intergeneracional, situado en Milwaukee, Wisconsin, EE.UU, gestionado por las Hermanas de San Francisco de Asís.

El centro reúne a personas de todas las edades y habilidades en una saludable vida familiar y les ofrece un amplio abanico de servicios educativos y terapéuticos, todos basados en la interacción entre personas de diferentes generaciones.

Las personas mayores comparten las instalaciones con los niños, de manera que pueden interactuar con ellos, mientras que los niños tienen una oportunidad de aprender y sentirse a gusto con personas ancianas.

Cada uno siente que puede satisfacer necesidades de los que están en otra generación. Las cualidades, las aptitudes, las capacidades de todos se ponen en juego en el intercambio de convivencia humana que todos comparten.

En el trabajo cotidiano, en las asambleas litúrgicas, en las frecuentes fiestas y celebraciones hay un gozo grande porque niños, jóvenes y ancianos aportan, según sus características, para el regocijo comunitario. La gran familia, formada por todos, se convierte en un hogar acogedor en que todos conocen a todos y se esfuerzan por hacerlos felices.

El gran descubrimiento de esta obra de iglesia es el poder terapéutico de la vida comunitaria, estimulante para las mejores actitudes entre huérfanos, envejecidos, jóvenes y niños privados de un hogar, que se encuentran en una situación de constante intercambio familiar.

Los infantilismos y los juvenilismos cerrados, las senilidades marginadas crean atmósferas enfermizas. La convivencia intergeneracional es la fórmula intrépida que está abriendo horizontes para humanizar la atención a todos los que se sienten menospreciados.

Uno recuerda los niños inválidos de Montreal que con su canto angelical y su simpatía, dentro de sus límites físicos, eran, cada semana, la mejor visita que recibían los ancianos de una institución aislada y los drogadictos que se rehabilitaban...
 

 
 

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