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Inseguridad infantil

Luferni

“Sus niños no están seguros en ningún lugar, en ningún momento”.

“Sus niños no están seguros en ningún lugar, en ningún momento”.

Es el mensaje que se atribuye al asesino de Washington.

Se dice que pide diez millones de dólares para huír y no seguir matando.

Dispara desde el anonimato sobre cualquiera.

Y esa frase es verdadera en cualquier parte del mundo. La inseguridad infantil empieza desde el vientre de su madre, con el terrorismo de un probable aborto. Continúa después, ya nacido, cuando es amenazado por la violencia familiar y el abuso sexual. Lo atacan después los inhalantes y las drogas pesadas. Es agredido por una televisión de caricaturas violentas (que lo hacen hacer dibujos interpretados como terroristas).

El asesino busca intimidar a una comunidad y retar a los responsables del orden público. La frase que emitió está dirigida a provocar la intranquilidad de los padres de familia y de los maestros. El disparo solapado y sorpresivo puede venir de cualquier parte.

Pero la inseguridad infantil no empieza con esa amenaza. Se da todos los días en un mundo demasiado adulto que hostiga a los niños y los daña.

La frase tiene validez no sólo como advertencia despiadada de un imbécil que intenta vender cara su impunidad y su abstención de crímenes. La expresión señala una situación de peligro innegable para los más pequeños, en un mundo de gigantismos presuntuosos, de valores despreciados, de influencias deshumanizantes.

Resulta vergonzoso y doloroso el número creciente de niños con sida en las calles de las grandes ciudades y, en México, a raíz de los bloqueos fronterizos, la contaminación progresiva, desde edades más tempranas, por consumo de estupefacientes.

El asesino piensa en sus balas y en su rifle de cazador, con mira telescópica, que dispara quizá por algún orificio de camioneta estacionada en sitio público. Pero su frase, que podría ser sólo una amenaza, se convierte en un señalamiento objetivo de una situación permanente. Si un día deja de matar, la frase seguirá siendo verdadera por otros asedios que no terminarán dando millones o metiendo en la cárcel a un desalmado.

Las comunidades humanas pueden convertirse en francotiradoras permanentes contra los más pequeños y los más débiles que, ciertamente, no están seguros en ningún lugar y en ningún momento...

 
 

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