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Del Apocalipsis al espacio ético

Fernando F. Funes

A pesar de que el camino se presenta poco iluminado y se adivina sinuoso, una esperanza cierta subyace en la esencia de la humanidad, que más allá de las contingencias, reconoce en su historia un sentido.

"...Oyeme bien, si no me traes al culpable, al autor terrenal,vivo y atado a una tabla, confeso de su delito te colgaré, y con la soga al cuello entrarás en la morada de los muertos... " palabras de Creonte, luego de matar a Polinice, en la adaptación que hace Brecht de Antígona, en 1949.

" ...la guerra ya no puede detenerse, y va de mal en peor. el pillaje lleva al pillaje, el rigor incita al rigor, el exceso exige el exceso, y finalmente...no queda nada... " palabras que pone Brecht en boca de Creonte, ante la realidad de una guerra, de un Hitler y de conductas humanas, que se ajustan a nuestro hoy, y que denotan qué poco a cambiado en el corazón del hombre, a pesar de las duras experiencias

¿Podemos afirmar que asistimos al fracaso de la civilización?

A la luz de la realidad todos los argumentos tiemblan. La angustia del hombre post moderno, es superior a la existencial que convivió con el hombre europeo, fundamentalmente, desde el fin de la 2da. Guerra hasta la desintegración del bloque del Este. Pareciera que la actual radica más hondo. en el saber del fracaso como civilización, por el agotamiento de los valores. Sin ellos el hombre se ha quedado vacío. Y no es casual que como última esperanza ( esperanza cierta sin duda ) manotee en el escaparate apelando a la religiosidad.

A partir de los sucesos de los atentados de Washington y las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York en setiembre de 2001, el presidente Bush no ha cesado de invocar a dios. Y las distintas comunidades han unido sus ruegos a dios.

También debe leerse a la par del fracaso de la civilización en orden de un entendimiento, y de la preeminencia de una vida compartida en armonía y equidad, al fenóneno religioso como un fracaso. Veamos mas concreto: los representantes de los distintos dioses en juego - hay quien habla de cerca de treinta grandes religiones- no han logrado infundir en sus creyentes y seguidores el espíritu que anima a cada una. Por el contrario, la violencia religiosa, la intolerancia llevada a la agresión, ha sido en la historia del hombre, junto con las ansias de poder de propiedad, una de las más salvajes y destructivas de la humanidad. Qué , si no , de las cruentas guerras alentadas por el servicio a los dioses; qué , de las Cruzadas, qué, de la Inquisición, y qué de las monstruosas acciones terroristas a lo largo de toda europa hasta medio oriente sustentadas por conflictos religiosos. Esto sin categorizar las intervenciones económicas de grupos supuestamente fieles a normas religiosas que han operado y operan con un salvajismo econmico y financiero extremo en detrimento de personas y pueblos.

Pobre mensaje el de los dioses, si nos atenemos a los resultados de la interpretación. De donde debo deducir que los representantes no han sido fieles al dictado de sus respectivos dioses.

Lo cierto es que la humanidad deambula , en tránsito por el siglo recién comenzado, bajo una espada que, como la de Damocles, amenaza caer no ya para cortar cabezas, sino para hacer desaparecer la humanidad toda.

Lejos ha quedado la bibliografía que nos hablaba de las guerras químicas o

bacteriológicas como supuestos hechos del futuro. Ya casi no se concibe otra guerra que no fuera así. Quedó definitivamente atrás, a partir de los atentados del 11 de setiembre, el terrorismo doméstico ( obviamente no menos destructor). Hoy, el terrorismo tecnológico-científico, el bioterrrorismo han irrumpido en la realidad cotidiana de las ciudades, preocupando a estadistas, políticos y sanitaristas.

La espada se yergue sobre la cabeza de millones de seres que habitan el planeta, especialmente, de Africa, America Latina y el sudeste asiático, sin que sea este detalle excluyente. Y cae, infinidad de veces, apagando la triste vida de hombres, niños y ancianos. Mortal espada que cae muchas veces bendecida por los distintos dioses. O acaso la agonia de los pueblos del tercer mundo, no anticipa la muerte ? ¿ O acaso la soledad de millones de hombres y mujeres encerrados en los modernos ghetos ciudadanos, sobreviviendo escasamente, expulsados y excluídos de la vida económica y social, no suena como clamor de moribundos ?

¿ O acaso la búsqueda del éxito, como único fin de la existencia que la cultura diaria propone desde la más temprana edad, no se convierte en antesala de las mas crueles enfermedades mentales. ¿ Y la droga, y el sensualismo y el suicidio ...?

La cultura del individualismo, con su lógica utilitarista encierra en sí misma la negación a toda posibilidad de realización del hombre.

Umberto Ecco en sus diálogos con Carlo María Martini, cardenal de la iglesia católica, dice , haciendo referencia al Apocalipsis , que " ...puede ser leído como una promesa aunque también como el anuncio de un final. No ya pués las siete trompetas, y el pedrisco, y el mar que se convierte en sangre, y la caida de las estrellas y las langostas que surgen con el humo del pozo del abismo, y los ejércitos de Gog y Magog, y la Bestia que surge del mar, sino el multiplicarse de los depósitos nucleares incontrolados e incontrolables, y las lluvias ácidas y los bosques del Amazonas que desaparecem y el agujero de ozono y las migraciones de hordas de desheredados que acuden a llamar, a veces con violencia, a las puertas del bienestar, y el hambre de continentes enteros y nuevas e incurables pestilencias y la desnutrición interesada del suelo, y los climas que se modifican y los glaciares que se deshielan y la ingeniería genética que construirá nuestros replicantes, y según el ecologismo místico, el necesario suicidio de la humanidad entera que tendrá que perecer para salvar a la especie que casi ha destruído la madre Gea a la que ha desnaturalizado y sofocado."-

Con Ecco podríamos decir que celebramos el crepúsculo de las ideologías y de la solidaridad en el torbellino de un consumismo irresponsable. Y en esa línea, cada uno juega con el fantasma del Apocalipsis.

Y me pregunto ¿será mas fuerte la carga utópica y la reserva de esperanza que plantea el Apocalipsis, que la desolada resignación respecto del presente?

¿Surge casualmente la violencia que pareciera haberse enseñoreado en el mundo?

¿No tendrá que ver de una manera directamente proporcional con la pérdida o el abandono de los valores ? ¿ Será ésta un indicio de aquella resignación respecto del presente? Estoy seguro como que la lucha por la sobrevivencia en el actual mundo liberal capitalista potencia hasta el paroxismo la enfermedad de una sociedad, que se muestra vacía, angustiada, desesperanzada , decadente.

Un filósofo francés, jesuíta , de paso por Buenos Aires, describió una figura que me pareció ampliamente comprensiva de toda nuestra angustiosa realidad. Dijo, la sociedad argentina está detenida frente a una pared que no se anima a trepar y que por ello mismo, la inmoviliza y le hace perder la esperanza por superarla.

La lucha prometida de Dios contra Dios

Es curioso, los monstruos que la sociedad necesita eliminar para poder seguir

adelante, han sido y son permanentemente fabricados por ella. Casi diría que son funcionales a ella. Así, la pena de muerte, cada vez más reclamada por las sociedades, dará justo castigo a los monstruos individuales, ciudadanos, y en la vida de las colectividades y los pueblos, el castigo será con dirigidas acciones bélicas lascerantes, imponentes e imposibles de resistir y tolerar. Aún resuenan los discursos que desde EEUU sus lideres políticos y militares no se cansan de repetir, después del atentado a las torres gemelas.

En una nueva interpretación religiosa de la realidad, el bien es impuesto por la fuerza. Dada la cultura social es dable esperar ajustes violentos cada vez más volentos y temerarios, en aras , oh paradoja, de un mejor vivir.

El bien de una parte, reclama acciones contra el bien de la otra parte, que a su vez también las reclama. No será, me pregunto, ¿ que el bien en estos planteos está ausente ? La lucha prometida es de Dios contra Dios.

La historia de la humanidad, desde su comienzo, transcurre en tiempos de guerra cruel y paz endeble. El primer asesino de la historia, que simbolicamente aniquiló a la humanidad, fue un envidioso. A manos de Caines modernos, diariamente se mata a millones de hombres y mujeres, hermanos todos, con armas que van desde computadores al servicio de Bolsas , Mercados de Valores y bancas usureras, hasta ojivas nucleares , proyectiles intercontinentales y aviones no tripulados. Todas armas letales de probada efectividad que podrían responder de la misma manera que Caín a la pregunta de ¿dónde está tu hermano?

¿Hay retorno ?

En la medida que el hombre deponga su egoísmo, asuma auténticamente los valores religiosos y los lleve a la práctica, haciendo carne la necesidad de valorar lo sustentable, se convierta a la humanidad , creo que habrá retorno a la racionalidad.

A pesar de que el camino se presenta poco iluminado y se adivina sinuoso, una esperanza cierta subyace en la esencia de la humanidad, que más allá de las contingencias, reconoce en su historia un sentido. Es el lugar ético en el que se decide el sentido metahistórico de la aventura humana.

 

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