¿Quién me llorará?
Javier Menéndez Ros
De nuevo nos hicimos uno con el pueblo americano
No hace muchas semanas se cumplió el primer aniversario
de los salvajes atentados del 11 de Septiembre, que, como pude comprobar
in situ, tan hondamente conmovieron los cimientos de la sociedad americana
y que, posiblemente, marcaron un antes y un después en la política
mundial. Aquellos días pudimos volver a contemplar aquellas terribles
imágenes que tan bien hemos llegado a conocer. Las televisiones y medios
de comunicación pugnaban por aportar nuevos datos, nuevas entrevistas,
nuevas ideas e investigaciones. De nuevo nos volvimos a conmover al
escuchar o leer esas últimas conversaciones entre pasajeros que sabían
cercana la hora de su muerte y sus familiares. Toda la nación americana
encrespó de negro su bandera y participó en actos de homenaje y recuerdo a
las víctimas. De alguna manera, ante la avalancha de información recibida,
el mundo entero se hizo uno con ellos y hombro con hombro lloramos y
rezamos juntos.
¿Fue necesario bombardear Afganistán?
En la mente de muchos aún nos queda el interrogante
lanzado al aire de saber si el bombardeo consiguiente en Afganistán fue la
medida y la respuesta adecuada. Y al decir "adecuada" soy consciente de la
enorme complejidad de la situación, que exige ciertamente manejar
componentes políticos con repercusiones en todo el mundo, componentes
militares, económicos, policiales, religiosos, psicológicos, y sociales.
Mucho nos intentaron convencer de que el mejor y más
sofisticado ejército del mundo era capaz de realizar "bombardeos
selectivos", que permitirían guiar bombasy misiles hasta el corazón mismo
del terrorismo de Al-Qaeda, evitando asi la pérdida de vidas americanas y
de inocentes afganos. Pero también es cierto, y la experiencia nos lo
sigue diciendo, que aun habiendo avanzado notablemente los ingenios
armamentísticos y mejorado en capacidad destructora y precisión, aún
estamos lejos de lograr esa selección de objetivos desde el aire, que nos
permita matar al terrorista y no al ciudadano de a pie, cuyo único delito
es estar cerca de la bomba que cae.
La realidad, con su dureza inmesirecorde, nos ha
mostrado que aquellos bombardeos "selectivos", prácticamente admitidos
como inevitables por una gran parte de la comunidad internacional, fueron
en muchas ocasiones pánico, terror y muerte para inocentes civiles que
nada tenían que ver con los ataques terroristas y cuyo único objetivo en
la vida era sobrevivir de la miseria en la que se arrastran.
Tengo entendido que Afganistán es uno de los países más
pobres del mundo. Colvulsionado por guerras externas e internas desde hace
años, es un pais absolutamente destrozado y arruinado. No he oído cifras
oficiales definitivas de muertos y heridos en Afganistán. Simplemente
dicen que hubo más de mil muertos civiles. Posiblemente nunca lleguemos a
saber las cifras reales, pero más allá de unos números, que a veces sólo
se utilizan para titulares de prensa, ciertamente sabemos que muchas, que
cientos de familias afganas han quedado marcadas por la muerte que les
cayó del cielo.
Rambo III
!Pero qué contradictoria es la política y qué difícil de
entender! Si mal no recuerdo fue en "Rambo III" donde nuestro hercúleo
Silvester Stallone, prototipo de héroe americano, luchó hombro con hombro
junto con los rebeldes afganos por liberar sus tierras del invasor
soviético. El espíritu justiciero y salvador americano se unía al débil,
al pobre, al oprimido. Curiosamente uno de aquellos con los que lucharon
juntos era Bin Laden. No creo que Rambo III se haya repuesto muchas veces
en las televisiones americanas desde el fatídico 11 de Septiembre. Seguro
que algunos no lo entenderían
Una boda entre el fango
Sabemos que el ser humano es capaz de sacar la cabeza
del fango aún en medio de las condiciones más penosas. Y el amor quiso que
allá por aquellas tierras afganas, en medio de la destrucción, una pareja
se uniera en matrimonio. Los invitados soñaban con unas horas para olvidar
tanta desgracia, para olvidar tanto dolor, tanta miseria como la que
tenían a su alrededor. Y entonces, unas bombas acabaron con las ilusiones
de unos y otros, ahogándolas, sepultándolas entre piedras frías, entre
tierra seca ensangrentada. Un silencio de muerte acalló la música de la
fiesta. Dicen que había terroristas cerca…
¿Quién me llorará?
En los cuerpos y en el corazón americano han quedado
grabadas las huellas del terror, como posiblemente nunca lo habían hecho
antes. Mucho hemos llorado con ellos. Pero, ¿quién se acordará de los
inocentes que murieron en Afganistán? ¿en qué fecha pararemos nuestros
relojes para elevar una oración a Dios por ellos? ¿se curarán las heridas
de las bombas, del fuego que encontró leña en la carne desnuda?
¿conoceremos alguna vez las historias humanas, terriblemente humanas de
esos afganos?Mucho me temo que no.
Plegaria
Pero desde estas líneas quiero enviar a Dios una
plegaria sincera por aquellos que, estén donde estén, tienen su corazón
emponzoñado por el odio y que solo encuentran desahogo en crear muerte a
su alrededor. Quiero pedir a Dios por todos los que han muerto en uno y
otro lado, y por todos aquellos que hubieran preferido morir a vivir sin
sus seres queridos. Quiero pedir a Dios por los que quedaron heridos en
sus cuerpos y por los que quedaron heridos en sus almas.
Quiero rezar a Dios para que, en medio de este mundo de
locos, para que en medio de políticas, gobiernos y guerras, acojamos el
mejor regalo que nos trajo con su hijo Jesús: "La Paz os dejo, mi paz os
doy". Señor, enséñanos a abrazarnos, a atarnos a esa paz, para que se
instale como el huésped deseado, como el invitado querido en el hogar de
nuestro corazón.
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