Siempre es mejor amar que tener razón
Prisciliano Hernández Chávez
El verdadero desafío a los seguidores de Osama Bin
Laden que existen en las diversas razas, ideologías y partidos, seguirá
siendo el reto de Jesús: «Amaos como Yo os he amado», que los rumores de
guerra o las bombas... pues es mejor amar que tener razón. Sólo así se
construye la Civilización del Amor, la civilización del futuro. Si no,
simplemente no seremos.
No se trata de una propuesta irracionalista, antitética
e indigna del ser humano, en la condición de la persona en cuanto tal, tan
en boga por cierta filosofía existencial de quien se ha encerrado a cal y
canto en el escepticismo emocional. Por el contrario, esta libre opción
hunde sus raíces en el más puro cristianismo: «Amaos como Yo os he amado»,
programa, camino y verdad de Jesús. Es la suprema motivación del Dios
Comunión Tripersonal, del Dios que es Amor: «siempre es mejor amar que
tener razón».
La vida se desgasta a veces en discusiones inútiles. El
hogar no es hogar cuando no se oferta el banquete de la mutua caricia,
sino campo minado de batalla.
¿Qué esperar del mundo donde se atrincheran las
naciones, las etnias y los partidos a fuer de tener razón cada cual en
orden a imponer sus motivos, ayunos de amor, cargados de odios, de
ideologías facciosas esclavizantes o de historias resentidas?
El amor oblativo y generoso es el secreto de los santos;
son canonizados en virtud de haber vivido la caridad eminente, la cual es
la forma de todas las virtudes, lo que determina que cualquier virtud sea
tal, precisamente por ella.
Martín Luther King nos ofrece unas palabras que cimbran
el alma: «Podéis hacer lo que queráis, pero nosotros seguiremos
amándoos... Lanzad bombas contra nuestras casas, amenazad a nuestros hijos
y, por difícil que sea, os amaremos también. Enviad, en las tinieblas de
la medianoche, a vuestros sicarios a nuestras casas, golpeadnos y aun
estando moribundos os amaremos. Enviad a vuestros propagandistas por todo
el país para decir que no estamos culturalmente, ni de ningún otro modo,
preparados para integrarnos en la sociedad, y os seguiremos amando. Pero
llegará un día en que conquistaremos la libertad, y no sólo para nosotros:
os venceremos a vosotros y conquistaremos vuestro corazón, y vuestra
conciencia, y de este modo nuestra victoria será doble».
Por eso ni Solórzano, ni Blancarte, ni Carranco, ni
López Dóriga, por muy ilustrados y razonables que sean, pueden hacernos
mejores; a lo más abonan la parcialidad de la esquina reduccionista,
mediocre y, por ende, miope. La totalidad exige abrazar al mundo, tener
además de la razón razonante, el rajamim de Dios, las entrañas de una
madre que van al núcleo de la persona; ahí donde se dinamiza la estructura
originaria de la persona en la autocomunicación; ahí donde «la
comunicación con el tú es comunión contigo en el ser», como nos dice el P.
Laín Entralgo, en el ámbito de la solidaridad ontológico-humana, en la
mismidad de la persona interpersona.
Si se oyen los tambores de guerra y los políticos la
aprueban con silogismos en bárbara, celarent, darii o ferio , bien valdría
la pena recordarles que la seguridad y el futuro del mundo no se
construyen con el odio, el resentimiento o la indiferencia, la razón
enciclopédica o la gnosis, con el ex alcalde de Nueva York o el garrote
vil o de Bill o de Bin. Edificar la Ciudad de los Humanos requiere un poco
más que lógica aristotélica o de simple casus belli. El verdadero desafío
a los seguidores de Osama Bin Laden que existen en las diversas razas,
ideologías y partidos, seguirá siendo el reto de Jesús: «Amaos como Yo os
he amado», que los rumores de guerra o las bombas... pues es mejor amar
que tener razón. Sólo así se construye la Civilización del Amor, la
civilización del futuro. Si no, simplemente no seremos.
|