“Tú estás siempre junto a todo sacerdote”
Jaime Septién
Los párrocos –esos que han sido señalados como
hostigadores, sin distinción y sin freno—son el alma de nuestra Madre. En
ellos Cristo se hace presente.
La frase del título pertenece a la oración final del
documento que ha sacado esta semana la Congregación para el Clero, con el
nombre de “El presbítero, pastor y guía de la comunidad parroquial”.
Recomiendo a todos los señores párrocos su lectura. Y a los laicos su
meditación reflexiva. Lo digo porque esta instrucción vaticana salió a la
luz justo en el momento en que eran devueltas por la Santa Sede, para su
revisión, las normas aprobadas por el episcopado de EU en junio pasado
para afrontar los casos de sacerdotes que han abusado sexualmente de
menores.
Roma no dio su reconocimiento inmediato a estas normas
porque vio en ellas ambigüedades y contradicciones. Las reacciones que la
prensa dedicó a este episodio fueron lapidarias: “Da el Papa revés a la
Iglesia de EU”, encabezó el REFORMA. Por su parte, anticlerical pero
conocedor del terreno que pisa, EL PAÍS, español, propuso este titular:
“El Vaticano frena la 'purga' lanzada por los obispos de EU contra la
pederastia”. En las dos hay mala leche, pero la de REFORMA, además, es
ignorante.
Yo, como casi todos los lectores, me fui con la finta.
Las dos cabezas periodísticas influyeron, rápidamente, para que formulara
el comentario interno: “una vez más, la burocracia romana…”. Y con esa
idea me hubiera ido a la cama si antes no hubiera leído la instrucción
sobre el presbítero a la que hice mención líneas arriba. Caí en la cuenta
de dos cosas:
1. La Iglesia no es una burocracia pazguata y
acomodaticia, sino la misma barca de Pedro, que navega mar adentro, hacia
las aguas profundas del Amor de Cristo.
2. La Iglesia es madre de humanidad y, como tal, no
tiene por qué regirse de acuerdo con los cánones policiacos estilo “cero
tolerancia”, desacreditando el perdón.
Los párrocos –esos que han sido señalados como
hostigadores, sin distinción y sin freno—son el alma de nuestra Madre. En
ellos Cristo se hace presente.
Yo sé que hay malos párrocos. Pero los hay santos: ¡y
son la mayoría! ¿Por qué, se pregunta la Santa Sede, por unos cuantos
malos se les va a quitar a los buenos párrocos sus derechos más
fundamentales? ¿Cuántos casos no se han dado de sacerdotes acusados
injustamente, sin preservar la presunción de su inocencia? ¿No existe,
acaso, una ley universal de la Iglesia?
En fin, entiendo con claridad —y con tristeza— que la
mayoría de los católicos nos vamos a quedar con que El Vaticano (o el
Papa, según REFORMA) no quiere a los niños, víctimas de abusos sexuales
por sacerdotes pederastas. Para los que deseen saber lo que es el párroco
para Roma (y para el Papa) lean esta instrucción pastoral. Y saquen
conclusiones. Verán cómo María está al lado de ellos. |