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Entrevista al Padre Federico María Sanfeliú Vilar, SJ

Antonio Modernell M. - andinanoticias@hotmail.com 

El Padre Federico María Sanfeliú es presidente de la Comisión Arquidiocesana para la Misión Nacional de Quito, Ecuador.

Padre Federico cuéntenos un poquito de su historia, su origen, cómo nació la vocación sacerdotal en Usted.

-Nací en la ciudad de Valencia, España y fui bautizado en la misma pila donde lo fueron San Vicente Ferrer y San Luis Beltrán que son dos grandes santos dominicos.

Siendo universitario participé de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, por invitación de unos amigos, también universitarios.

Estos Ejercicios me marcaron tanto que hicieron cambiar radicalmente mi proyecto de vida. Tenía 22 años, y sentí que el Señor me invitaba a algo que, de momento me costó mucho, le costó mucho asumir a mis amigos y a mi familia pues soy el único hijo varón. Ellos tenían muchos sueños y proyectos con respecto a mí. Por supuesto que yo también tenía mis sueños y proyectos. A partir de entonces ingresé a la Compañía de Jesús.

Por otra parte, llevo 18 años en el Ecuador, por lo cual soy ya prácticamente ecuatoriano (risas). Soy el Director de Pastoral de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador. He sido nombrado por el Sr. Arzobispo de Quito, el Cardenal González como Presidente de la Comisión que prepara la Misión Nacional para esta Arquidiócesis. En este sentido nuestra principal tarea ha sido, y es, el motivar, el preparar tanto a los presbíteros y religiosas pero sobre todo a los laicos que son aquellos que tienen que evangelizar puerta a puerta, casa por casa.

¿Qué mensaje, qué palabra le diría a las y los jóvenes de hoy para que disciernan si tienen vocación de servir al Señor, y una vez que tengan esa seguridad qué les diría para que no duden de esa decisión, de ese camino de servicio?

-Lo más importante, creo, es darle tiempo al Señor y oportunidad para escuchar su palabra. Eso es lo más importante y lo primero. En ese sentido la Universidad tiene retiros muy variados, ejercicios espirituales, etc.

Padre Federico, usted afirmó muy enfáticamente -días atrás- que veía un cambio de ambiente con relación a la Misión Nacional, en el medio de los sacerdotes de esta arquidiócesis. Que se veía un notorio ambiente de entusiasmo y que, veía el “despertar de un gigante dormido”.

-Cuando se nos confió la tarea de preparar la Misión Nacional, todos vimos el gran desafío que era misionar a Quito, un Quito moderno, de alguna manera un Quito lleno de contrastes. ¡Y esto es una empresa muy difícil!

Necesariamente hay que contar con los párrocos y sus vicarios porque son la presencia de la Iglesia en las distintas zonas donde están. Junto a ello, hay otro aspecto, que como modalidad particular de esta misión en el Ecuador, es que los laicos tomen conciencia de su tarea propia como evangelizadores. Al comienzo vimos las dificultades y estábamos como medio asustados, como frenados, sorprendidos y diciendo de alguna forma ¿en qué nos hemos embarcado?

Después de tres meses, noto como que ese “rumor” de ángeles nos ha quitado ese temor, y que sí que es posible, y los presbíteros así lo han percibido. Lo que es importantísimo es que los laicos están muy contentos en que los hayamos identificado con esta tarea de acercar a nuestros hermanos más alejados y los invitemos a reencontrarse con el Señor. Los laicos se han dado cuenta de que ya era hora que los tomemos en cuenta.

En este sentido empleé la imagen de un laicado que era medio dormido, que ya se está desperezando, que está haciendo sus tanteos y que va descubriendo que sí va teniendo más fuerzas y más energías.

Lo que destaco aquí y que, está sorprendiendo tanto a los sacerdotes como a los laicos, es que, si se ponen a disposición del Señor van sintiendo que El actúa, como experiencia motivante, mística digamos, que es la que más fuerza tiene en estos momentos. ¡Dejemos que el Espíritu entre que lo demás se dará por añadidura!

¿Qué les diría a sacerdotes, religiosos, etc. sobre esta experiencia de Misión Nacional en la Arquidiócesis de Quito? ¿Qué consejos les daría si ellos estuviesen interesados en realizarla en otros lugares?

-Pienso que, no solamente el Señor está actuando sino que está urgiéndonos, en este mundo que necesita valores, que necesita objetivos, que necesita ser renovado en su humanidad. El Evangelio no es sino un humanismo en el corazón de Dios. En ese Corazón de Dios encontramos a nuestros hermanos, por lo tanto se trata de pasar a construir el Reino. Esta es la gran oportunidad, que nos dan, de pasar de un catolicismo devocional, a ser con el Señor constructores del Reino, que es una novedad tanto social como familiar. En el fondo es cumplir con los deseos del Papa y hacer a través de cada uno de nosotros un mundo más justo. Pero, donde sintamos que la justicia es el umbral mínimo para dar paso al proyecto cristiano que es la fraternidad. Generalmente nos quedamos en el primer paso y decimos “queremos un mundo justo”, pero el cristianismo dice algo más “queremos un mundo de hermanos, de fraternidad”. De manera que la justicia es la puerta de entrada de la fraternidad, con espacios de amor.

¿Después de este período de la Misión Nacional cual es la idea de la Iglesia de proyectar a futuro este gran impulso evangelizador?

-En este momento la previsión es la Misión Nacional, pero con la Misión nos pondremos en contacto con las gentes concretas que están a nuestro alrededor y de ahí recabaremos datos, los cuales tendremos que releerlos y darle respuesta a estos temas concretos. Creo que con eso va a darse algo nuevo que no estaba previsto. Es que las parroquias de la arquidiócesis van a tener que reformular sus prédicas pastorales, las van a tener que renovar.

La gente que vuelva a la Iglesia después de la Misión, no va a querer reencontrarse con una Iglesia arcaica. Deberemos enfocarnos a una Iglesia más participativa, más comunitaria. Esa renovación considero que es un fruto inesperado, de los proyectos pastorales de la Arquidiócesis de Quito. Hablo de Quito pues es donde estamos trabajando, aunque creo que en los otros sitios el efecto será el mismo.

Una de las grandes novedades ha sido la inserción de los laicos en esta Misión Nacional ¿Qué nos puede comentar sobre esto, Padre Federico?

-Creo que insensiblemente el laicado ha ido cobrando conciencia de que es la fuerza de la Iglesia, que son Iglesia. Los hemos tenido de lado mucho tiempo. Las parroquias ya cuentan con laicos -ellas y ellos- que han sido formados, bien preparados. Hay también muchos movimientos de Iglesia que han percibido que no sólo se renuevan ellos sino que también lo hacen con los ambientes que frecuentan. Por ejemplo, la Iglesia se ha renovado mucho en la atención a los más desatendidos en el aspecto salud. Gran parte de las parroquias del sur tienen centros de atención con un completo equipamiento. Lo mismo pasa con la ayuda solidaria a través de cooperativas, etc.

Se constata una vitalidad -que es soterrada- pero real que está queriendo expresarse de alguna manera y que está aprovechando la Iglesia en este momento. Se trata de orientar este movimiento como fuerza para que renueve la Iglesia.

Por otro lado constato en la juventud -en mi caso me rodea la juventud universitaria- que son gentes que quieren una solución al instante, una “civilización Nescafé”, hay un temor a tener proyectos a largo plazo. Por esto mismo no tienen un formación religiosa, ni teológica, ni una experiencia por decir “mística”.

De manera que para llegar a esos jóvenes necesitamos agentes misioneros con formación, con preparación que puedan transmitirle los mensajes del Evangelio.

Y esa preparación y formación irá naciendo también del contacto con nuestros hermanos pues muchas veces -lo puedo atestiguar- los desafíos que nos presenta la vida nos obligan a “remar” si queremos seguir adelante.

¿Aquellas personas que quieran colaborar, que quieran ponerse al servicio de la Misión Nacional, a dónde deben dirigirse?

-A las parroquias porque es ahí donde va a ser el lugar de base, desde donde se va a partir a todas las casas, conjuntos habitacionales, etc. Y, esta geografía tan poco planificada de Quito -a excepción del centro histórico que es ajedrezado- medio laberíntica, que debemos llegar y para eso necesitamos la colaboración de todos aquellos que estén dispuestos.

En la parroquia encontrará al equipo central, que a su vez preparará a los misioneros.

Por último nos comenta:

-Veo que hay un gran interés en el Ecuador por esta Misión Nacional y que esta experiencia podrá ser un punto de referencia para los países bolivarianos y con esto quedaremos contentos de haber sido útiles a nuestros hermanos, en especial los andinos.

 
 

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