Monseñor Antonio Cañizares Llovera: maestro de la verdad
Víctor Corcoba Herrero
Mons. Antonio Cañizares tomará posesión de la archidiócesis de Toledo,
primada de España, el próximo quince de diciembre.
Monseñor Antonio Cañizares Llovera tomará posesión de la diócesis de
Toledo el próximo quince de diciembre. La celebración eucarística tendrá
lugar en la Catedral Primada y dará comienzo a las diecisiete horas, según
informa el Arzobispado de Toledo. El nombramiento del Arzobispo de Granada
se hizo público el jueves 24 de octubre. Granada, no sólo la Granada
católica, pierde a uno de los grandes activistas de la ciudad, que no solo
ha sido capaz de transmitir la verdad que viene de Dios a los más dispares
sectores; también ha sido hábil como pastor y guía del pueblo a él
confiado. Convencido y convincente proclamador de la palabra de Dios, y
por ello mismo, educador en la fe, siervo y maestro de la Verdad revelada,
edificador de la comunidad eclesial.
PERSONA CULTIVADÍSIMA: ESPEJO DEL AMOR MISERICORDIOSO DE DIOS
El hasta ahora Arzobispo de Granada, Monseñor Cañizares Llovera, nace
en Utiel (Valencia) el 10 de octubre de 1945. Cursó los estudios
eclesiásticos en el Seminario de Valencia. Fue ordenado sacerdote el 21 de
junio de 1970. Realizó los estudios teológicos en la Pontificia
Universidad de Salamanca, donde en 1971 consiguió el Doctorado en
Teología, con especialidad en catequesis. Ha desempeñando, entre otros,
los siguientes “cargos” como servidor de la verdad y de la comunión:
Vicario Parroquial de la Parroquia de Santa María de Alcoy (1971 - 1972);
Capellán del Colegio Mayor San Jorge de Alcoy (1971 - 1972); Profesor, de
Teología de la Palabra en la Pontificia Universidad de Salamanca (1972
1992); Coadjutor de la Parroquia de San Gerardo en Madrid (1973 - 1992);
Profesor de Teología Fundamental en el Seminario Mayor de Madrid (1974 -
1992); Director y Profesor del Instituto de Ciencias Religiosas y
Catequesis San Dámaso de Madrid (1975 - 1992); Responsable de la dirección
de los Estudios del Seminario Mayor de Madrid (1982 1992); Director del
Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1985
1992); Promotor de la Asociación. Española de Catequetas. El Santo Padre
lo nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la consagración
episcopal el 25 de abril del mismo año. El 10 de diciembre de 1996 fue
promovido a la Sede Metropolitana de Granada. Desde 1997 era Arzobispo de
Granada. En 1998 fue nombrado Administrador Apostólico de la Diócesis de
Cartagena. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la
Comisión para la Doctrina de la Fe (1992-1999) y de la Comisión de
Enseñanza y Catequesis (1993 - 1996). Ha presidido la Subcomisión para las
Universidades (1996 - 1999). A partir de 1999 es Presidente de la Comisión
de Enseñanza y Catequesis. El 10 de noviembre de 1995 el Santo Padre lo ha
nombrado miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Como Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis ha
prestado un especial interés en estudiar, coordinar e impulsar los temas
de su competencia. Estos son: los contenidos de la educación en la fe con
relación a lo que a la catequesis y enseñanza escolar se refiere, la
identidad y formación de los catequistas y profesores de religión, la
responsabilidad de los padres en la formación cristiana de sus hijos, la
acción educativa de los profesores cristianos, el impulso y desarrollo de
las orientaciones y criterios fundamentales tanto sobre catequesis como
sobre enseñanza escolar, así como la elaboración y difusión de catecismos
y libros de texto, sin olvidar la pastoral educativa escolar, como acción
evangelizadora de la Iglesia, tanto en la escuela católica como en la
escuela pública.
COMUNICACIÓN DEL ARZOBISPO A LA DIÓCESIS DE GRANADA AL HACERSE PÚBLICO
SU NOMBRAMIENTO COMO ARZOBISPO DE TOLEDO
1.- Mis queridos hermanos y hermanas, sacerdotes, religiosos y
religiosas fieles cristianos, autoridades: Cumplo el deber de comunicar
con sencillez a todos, a toda la Iglesia diocesana, que el Santo Padre, el
Papa Juan Pablo II, en su gran benignidad, se ha dignado nombrarme
Arzobispo de la Archidiócesis de Toledo.
2.- Bien sabe Dios que he aceptado esta nueva misión en la Iglesia con
plena obediencia, fidelidad y sentido de comunión. Lo nuestro es obedecer,
ponerse en camino hacia la tierra que el Señor nos envíe por medio de su
Iglesia. Por esa misma obediencia y fe vine hace casi seis años a Granada
desde las tierras de Ávila para contribuir, a pesar de mis limitaciones y
miserias, a la edificación de la Iglesia, cuyo arquitecto y constructor
sólo puede ser Dios.
Como reza mi lema episcopal, tanto entonces como ahora, sólo pretendo
una cosa: "cumplir la voluntad del Señor", en su Nombre "echar de nuevo
las redes" donde Él me señale por medio de su Iglesia. Me pongo en las
manos de Dios, en su misericordia que no tiene límite para con todos -
también para conmigo -, y me confío a su inmensa bondad. Todo lo confío en
Él y a Él; todo lo espero de Él; como dice uno de los salmos: "acallo y
modero mis deseos como un niño en brazos de su madre". En el nombre del
Señor y por su palabra emprenderé el camino hacia la diócesis de Toledo,
con la que, a lo largo de la historia, la de Granada ha tenido tantos
vínculos.
3.- Con la gracia y el auxilio de Dios, de la Santísima Virgen María, a
la que invocamos los granadinos con el dulce y entrañable título de
Nuestra Señora de las Angustias, de los santos vinculados a Granada -San
Cecilio, San Gregorio de Elvira, San Juan de Ávila, San Juan de Dios, San
Juan de la Cruz...-, y con vuestra ayuda orante y vuestro afecto,
procuraré cumplir fielmente el ministerio que ahora se me encomienda. Que
el Señor me conceda humildad, sabiduría, luz y fortaleza para conducir
aquella Iglesia hermana como buen pastor, conforme al corazón de Dios.
4.- El día 1 de febrero de 1997, solemnidad litúrgica de san Cecilio,
nuestro patrono y guía, inicié el ejercicio del ministerio pastoral entre
vosotros y a vuestro servicio. Lo emprendí, gracias a Dios, con mucha
esperanza; y con mucha esperanza he recorrido el camino estos años, con
mucha esperanza y ánimo confiado he trabajado por el Evangelio y por
vosotros hasta el final, por la inmensa bondad que Dios ha mostrado y
muestra para conmigo. Mi experiencia en estos cinco años y nueve meses da
fe de que es verdad que Cristo camina junto a nosotros, "el mismo, ayer,
hoy, y siempre"; que Él está con nosotros como Pastor supremo y que es
quien lleva a su Iglesia a la plenitud de la verdad y de la vida.
5.- No es el momento de la despedida, pero os confieso con franqueza
mis sentimientos y mi experiencia en estos momentos.
Siento de verdad que la bondad del Señor nunca me ha dejado abandonado,
aunque yo no le haya sido fiel en toda ocasión y momento, y no le haya
correspondido, en mi torpeza y pecado, a su amor y su gracia. ¡Que Él, en
su amor infinito y en su entrañable ternura y misericordia, me perdone,
como sólo Él sabe hacerlo!. Os pido y espero que también vosotros me
perdonéis.
6.- Os confieso que me siento en paz, aunque, como es normal, con un
profundo dolor: dejaros a vosotros a los que quiero como hijos, hermanos y
amigos, me cuesta, me produce un hondo dolor, como una especie de gran
desgarrón en mi alma, que sólo se consuela por el amor y la bondad de
Dios, por su gracia, y por el gran afecto que también he recibido y recibo
de vosotros, de todos los granadinos sin excepción. Experimento ahora la
misma sensación que tuve cuando hube de abandonar mi Ávila querida: una
experiencia de libertad y "gozo" -mezclado con lágrimas- del siervo que
dice: "aquí estoy para cumplir tu voluntad". "iré donde tú me digas",
"mándame". Me encuentro tranquilo y esperanzado; con esperanza y confianza
asumo la nueva misión que me encomienda el Señor.
7.- Inseparablemente quiero expresaros a todos con una sola palabra, la
más bella sin duda del lenguaje humano, todo lo que siente mi corazón
hacia vosotros: "¡Gracias! Gracias una y mil veces, gracias siempre. Por
gracia divina, mi vida ha estado y estará unida a las vuestras, y esto me
llena de alegría. Todo lo vuestro he deseado sentirlo como mío,
precisamente porque es vuestro. Y de verdad que, aunque torpe y
frágilmente, me he sentido uno más de vosotros: granadino con los
granadinos. He gozado. Me habéis hecho gozar. Y junto con los gozos no han
faltado sufrimientos, que vosotros me habéis hecho más ligeros, porque el
mundo es complejo y difícil; porque también cuando se ama, se sufre; y
porque lo de ser Obispo no es fácil, ni es enseña de triunfalismo o
comodidad, sino de la Cruz de Cristo.
8.- Que Dios os pague a todos cuanto, mucho, habéis hecho conmigo: a
los sacerdotes y diáconos, a los religiosos y religiosas, de vida
contemplativa o activa, al resto de personas consagradas, a los fieles
cristianos laicos, a los que trabajan en las distintas acciones de la
Iglesia, a los seminaristas, a todas las autoridades civiles, judiciales,
militares, universitarias, a todas las fuerzas sociales y políticas, a
todos, sin excepción, singularmente a los pobres y a los últimos, a los
enfermos y a los que sufren, que sois los que lleváis la Iglesia y la
humanidad y a los que seguramente no he atendido bastante.
9. - Permitidme que os diga que no me ha movido otra cosa, al estar con
vosotros como hermano y para vosotros como Obispo, que intentar vivir y
proclamar que Dios es Dios, que sólo El es el único necesario, que El es
la fuente de la que mana la única agua que puede saciar el corazón
insatisfecho del hombre, que en El está la raíz de la libertad y el
fundamento de la esperanza para todo hombre. Como os decía, en la primera
homilía que os dirigí en el comienzo de mi ministerio en Granada, no he
querido saber otra cosa, ni entregaros otra cosa -al igual que Pablo o que
Pedro- que a Cristo, y a éste crucificado; mi única riqueza y mi única
palabra con la que vine a vosotros era Jesucristo, a quien no podía
silenciar, y a quien deseaba que vivieseis en vuestras vidas, en la
entraña misma de nuestra querida Granada.
Por eso ahora, de nuevo en esta comunicación, os repito lo que tantas
veces me habéis escuchado con palabras del Papa: "¡No tengáis miedo!
¡Abrid las puertas a Cristo, abrid las puertas de par en par al Redentor!,
para que El entre en vuestras vidas, le conozcáis, le améis y le sigáis; y
así deis testimonio de que El es el único salvador y la verdadera
esperanza para los hombres. Venid todos a El. Venid a El particularmente
vosotros, los jóvenes, que andáis ansiosos de libertad, hambreando
felicidad y dicha y encontrareis la fuente inagotable que apague vuestra
sed". Permaneced fieles a Jesucristo, presente en su Iglesia. Permaneced
fieles a la Iglesia para permanecer en Cristo; amadla. La amo
entrañablemente con todo cuanto soy.
10.- Rezad por mí y por la Iglesia hermana de Toledo. Rezad por nuestra
diócesis de Granada. Rezad para que Dios envíe pronto un nuevo pastor
conforme a su corazón que conduzca a esta Iglesia por los caminos de la
verdad, de la santidad y de la comunión, impulsando decididamente la nueva
evangelización con las orientaciones y directrices trazadas en el Plan
Pastoral Diocesano. Que la Virgen María os proteja a todos y os acompañe
en vuestros caminos. Un abrazo y mi bendición para todos. (Granada, 24 de
octubre, fiesta de San Antonio Mª Claret).
NOS QUEDA POR SIEMPRE SU PALABRA
- Las gentes de Granada, los fieles cristianos, los sacerdotes, las
personas consagradas, los jóvenes y los adultos, me han escuchado en
múltiples ocasiones que como Obispo me preocupan muchas cosas, pero de
todas ella me preocupa de manera principal que los hombres crean, que los
jóvenes crean, que en las familias se realice el designio de Dios. No da
lo mismo creer que no creer. Quien cree tiene Vida Eterna. (De la carta
del Sr. Arzobispo, Cañizares Llovera, en la presentación del Plan
Diocesano de Pastoral 2002-2005, palabras que han de hacernos meditar y
nos han de servir de guía).
- Si los cristianos en Granada somos dóciles a la acción del Espíritu,
la celebración del Gran Jubileo deberá manifestar una “nueva primavera” de
vida cristiana entre nosotros, en nuestra Iglesia diocesana (El gran
Jubileo en la Carta Pastoral del Sr. Arzobispo sobre el Año Jubilar).
- Se necesita hoy que todos los fieles y comunidades cristianas asuman
de manera decidida y cordial, cada vez con mayor hondura, el Catecismo de
la Iglesia Católica y el Directorio General de la catequesis, para una
catequesis renovada y vigorosa que es, en expresión del Papa, la mejor
inversión de la Iglesia para el futuro. (Ante los diez años del catecismo
universal de la Iglesia).
- La Iglesia diocesana ha de estar cada día más implicada y empeñada en
la atención, cercanía y acogida de los emigrantes que llegan a nuestras
tierras (Ante la Jornada de las Migraciones).
- El Evangelio que debemos vivir y anunciar es, ante todo, la decidida
intervención salvadora de Dios en la persona y obra de Jesucristo: en su
encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección. Nos urge dar testimonio
de esperanza, mirar al futuro, ayudar a abrirse al futuro y señalar
caminos que conduzcan a Él; nuestra fe habrá de ser una fe esperanzada y
amorosa en la noche de nuestro tiempo; una fe vivida en la esperanza que
irradia ya la luz que llega a iluminar la humanidad a oscuras por el
olvido de Dios (Reflexiones ante un nuevo curso escolar).
- Las obras de arte, en concreto, que en la Curia convertida en Museo
se expongan no deberán ser despojadas de su aura, es decir, no deberán
pasar a ser puro y simple objeto del goce por sus cualidades estéticas
formales, de erudición de los entendidos, de la curiosidad distraída de
visitantes, sino que habrán de mostrar como un manadero, a través de su
belleza, la gracia y la fuerza de que están penetradas. Fin principal de
este Museo será precisamente, por ello, evangelizar: ser confesión y
testimonio de fe viva y perenne, prueba de fuerza creadora y humanizadora
de la fe, engarce con la tradición, catequesis. (La antigua Curia se
destina a Museo).
- Sólo podré ser entre vosotros obispo testigo de esperanza si soy un
cristiano de caridad sincera, de amor verdadero. Es un amor que brota de
Dios...Deseo de todo corazón que podáis encontrar en mí, en estos años
difíciles para nuestra misión: cercanía, aliento, ayuda, y ánimo para
vivir y sentir con la Iglesia y llevar a cabo vuestra misión pastoral
tomando parte en los duros trabajos del Evangelio. (Con motivo de cinco
años de hermano).
REFLEXIÓN ÚLTIMA
El “oficio de gobernar” de Monseñor Cañizares Llovera, no se ha
reducido a una tarea de carácter solamente administrativo; ha reproducido
activamente a través de los distintos encuentros, con el mundo cofrade,
con el mundo universitario, con los jóvenes, también con los últimos y
demás movimientos eclesiales, la imagen del Buen Pastor, que va delante de
sus ovejas conduciéndolas por caminos seguros, llevándolas a las fuentes
de agua viva, cuidando de todas con amor de Padre. En ocasiones, este
colaborador, que le ha seguido en multitud de actos de todo tipo, no le ha
podido seguir en su continuo movimiento.
Nuestro Arzobispo, que deja en Granada una huella imborrable por su
gran actividad, ha sido valiente cuando tenía que serlo, y a la vez,
espejo misericordioso de Dios, no solamente en la comunidad eclesial, sino
también en el ámbito de la sociedad civil. Cada obispo es en su Iglesia
particular -como dice la Lumen Gentium- “principio y fundamento visible de
unidad”. Este servicio humilde y perseverante a la comunión es, sin duda
alguna, el más exigente y delicado, pero también el más precioso e
indispensable, que Monseñor Cañizares ha tenido siempre en cuenta. Desde
este medio de comunicación, le deseamos lo mejor de lo mejor; y en
especial, este servidor suyo, que siempre le recordará por su comprensión
hacia “las arboledas culturales”, que hemos ido publicando en el Semanario
Diocesano Fiesta, hasta enraizarnos en el cultivo del culto a la cultura,
o lo que es lo mismo, a la fe del Creador, desde el arte.